En 2008 me prometí que volvería a verlos, y me encantaría que fuera en España. ES LA HORA DE VOTAR.
sábado, 2 de junio de 2012
L'Arc~en~Ciel - WORLD TOUR
Publicado por Kaoru Himura-Takarai en 05:02 0 comentarios
Etiquetas: Conciertos, Música
miércoles, 23 de mayo de 2012
Canciones en el corazón de Sherwood
Lo malo de los críticos, o de una proporción importante de los mismos - comentaba en mi entrada anterior citando a Arthur Schopenhauer -, es que se creen que son ellos los que determinan si algo es bueno o es malo. Si me fiara de los críticos tendría que renunciar a la mayor parte de las cosas que me gustan. Una de las primeras sería probablemente esta serie, una de mis favoritas, una de las que más sonrisas y lágrimas me han sacado nunca. La culpa no es sólo de la serie en sí, por supuesto, sino que mi amor incondicional por el personaje de Robin Hood viene de atrás, de muy atrás, de mis cinco años y mi primer contacto con los cuentos, de esa sensación de pertenencia mutua que desarrollé inmediatamente hacia ellos, de esa libertad que saboreo siempre que me pongo a escribir, siempre que aquella niña se ponía a escribir.
Como Alicia, como la Bella, como el patito feo, Robin Hood entró de cabeza en el ránking de mis personajes favoritos, y es imposible sacarlo de ahí. He visto muchísimas versiones diferentes de su historia, he leído esa primera referencia en Piers Plowman y la bonita novela de Howard Pyle. La serie de la BBC, emitida por laSexta hace unos años, no es espectacular a nivel técnico ni narrativo (aunque hay diálogos extraordinarios), no tiene ningún tipo de pretensión histórica ni está especialmente bien ambientada. Sin embargo, Jonas Armstrong tiene algo de Robin Hood, de mi Robin Hood imaginario, que nunca han tenido Michael Praed ni Sean Connery. Es una serie sumamente entretenida, pero además tiene algo que me lleva directamente a los alegres cantos de la narración de Pyle, o incluso a la ironía de la versión de Disney. Quizá sea el refugio en el alma misma de Sherwood, o la cantidad de momentos desenfadados que me hacen reír con añoranza, o el grito de: "¡Nosotros somos Robin Hood!", que eleva esta versión, en cierto modo tan moderna, al nivel de la leyenda en la que se inspira.
Hace unos días encontré los capítulos completos en Youtube y decidí ponerme a verlos de nuevo, por tercera o cuarta vez. Es increíble cuando te reencuentras con algo y te sientes en casa. La valiente Marian (probablemente la mejor versión que se haya hecho del personaje), el excéntrico y magistralmente interpretado sheriff, Djaq, Will Scarlet, Much, Alan... Los quiero tanto a todos que son como viejos amigos. Especialmente Much y su charlatanería.
Robin Hood en su concepción medieval reúne todas las características necesarias para convertirse en el héroe romántico. Y yo, que soy una persona fundamentalmente romántica, no puedo escapar de sus garras. Uno de mis grandes sueños es y ha sido siempre llegar a visitar algún día el maravilloso bosque de Sherwood, acariciar la corteza del Major Oak y recordar tiempos pasados, imaginados, cantados y, sobre todo, amados.
Hay un poema de John Keats (indudablemente uno de mis favoritos en general) que nunca soy capaz de leer sin ponerme a llorar. Un homenaje perfecto a una leyenda perfecta. Un sueño que duerme en las raíces mismas de Inglaterra.
NO! those days are gone away, And their hours are old and gray, And their minutes buried all Under the down-trodden pall Of the leaves of many years: Many times have winter’s shears, Frozen North, and chilling East, Sounded tempests to the feast Of the forest’s whispering fleeces, Since men knew nor rent nor leases. No, the bugle sounds no more, And the twanging bow no more; Silent is the ivory shrill Past the heath and up the hill; There is no mid-forest laugh, Where lone Echo gives the half To some wight, amaz’d to hear Jesting, deep in forest drear. On the fairest time of June You may go, with sun or moon, Or the seven stars to light you, Or the polar ray to right you; But you never may behold Little John, or Robin bold; Never one, of all the clan, Thrumming on an empty can Some old hunting ditty, while He doth his green way beguile To fair hostess Merriment, Down beside the pasture Trent; For he left the merry tale Messenger for spicy ale. Gone, the merry morris din; Gone, the song of Gamelyn; Gone, the tough-belted outlaw Idling in the “grenè shawe;” All are gone away and past! And if Robin should be cast Sudden from his turfed grave, And if Marian should have Once again her forest days, She would weep, and he would craze: He would swear, for all his oaks, Fall’n beneath the dockyard strokes, Have rotted on the briny seas; She would weep that her wild bees Sang not to her—strange! that honey Can’t be got without hard money! So it is: yet let us sing, Honour to the old bow-string! Honour to the bugle-horn! Honour to the woods unshorn! Honour to the Lincoln green! Honour to the archer keen! Honour to tight Little John, And the horse he rode upon! Honour to bold Robin Hood, Sleeping in the underwood! Honour to Maid Marian, And to all the Sherwood-clan! Though their days have hurried by, Let us two a burden try.
Publicado por Kaoru Himura-Takarai en 12:01 2 comentarios
Etiquetas: Libros, Reflexiones varias, Series
domingo, 13 de mayo de 2012
La balada de Dwight Fry
Qué susto se lleva una cuando la red al completo empieza a lanzar estocadas por todos los frentes posibles a la nueva -y esperadísima por mi parte- película de Tim Burton. No soy invulnerable a las críticas, y por ello se sentó conmigo en la butaca una pizquita de miedo, pese a todo: pese al magnífico reparto, pese a la confianza que tengo en Tim, pese a la conciencia de que además podría ver a mi querido Alice Cooper aunque fuera por un instante... ¡Tonta de mí! Las críticas sólo son críticas. Decía Schopenhauer (y de nuevo falto a mi fidelidad para con él al citarle, pero nuestra relación es un continuo círculo vicioso) que lo que desprestigia a los críticos es que la mayor parte de ellos consideran que depende de sí mismos establecer lo que es bueno o malo. Por supuesto que no es así y, aunque me dispongo a opinar yo misma sobre el filme que he degustado anoche, os animo a que no os toméis mis palabras, ni las de nadie, muy a pecho, pues lo que para uno es bueno a otro lo mata, y lo que uno comprende el otro jamás conseguirá descifrarlo.
Tengo que comenzar aclarando dos cosas, aunque probablemente muchos ya las tendréis claras: la primera, que las únicas películas de Tim Burton que no amo locamente son Batman, Mars Attacks! y El planeta de los simios; la segunda, que, pese a mi evidente falta de objetividad ante cualquier trabajo de este GENIO, no comprendo las bajas notas que se le están dando en las redes sociales de cine a Dark shadows.
Cuando salíamos del cine, un amigo -mi aconcienciado- me comentó que este filme es como el Glory to the filmmaker! de Takeshi Kitano: un homenaje a sí mismo, un estudio y una lección de cómo hacer películas, en este caso, de Tim Burton. Y es que hay tanto de Tim en esta cinta que por momentos puede resultar grotesca o extraña incluso para los que le conocemos a fondo. Sin embargo, esa falta de tapujos sólo la hace más disfrutable.
Se trata probablemente de la película más gamberra de Burton en mucho tiempo. Divertida (¿quién dice que es un tostón? ¿habéis visto lo mismo que yo?), sexy, dinámica, tierna, oscura y brillante a partes iguales... Dark Shadows no es Eduardo Manostijeras, no es Sleepy Hollow, pero definitivamente es una película de Tim Burton y su inconfundible marca de identidad se deja ver incluso en los más mínimos detalles. Y es que Tim pocas veces trabaja con historias originales, pero siempre convierte en original cualquier historia.
Visualmente es una absoluta maravilla. El reparto es vertiginoso: los siempre infalibles Johnny Depp y Helena Bonham Carter, una guapísima Michelle Pfeiffer, la comedida pero preciosa Bella Heathcote y una Eva Green más sensual que nunca; sin olvidar la breve aparición de Christopher Lee y su guiño a Drácula. Las interpretaciones son sensacionales, especialmente la de la gran Green (que ya me había enamorado como Morgana en Camelot). La banda sonora, ¿qué decir de la banda sonora? No sólo Danny Elfman hace un trabajo impecable, sino que la cantidad de temazos de los 70 que suenan están seleccionados por oídos con verdadero gusto.
Como puntos negativos señalaré el escaso desarrollo de algunos personajes, que por otra parte están bien caracterizados y definidos, pero que en una cinta de dos horas no pueden hacer mucho más. Tampoco creo que el doblaje en español le haga un gran favor a la fluidez de los diálogos, que en algunos momentos, como comentaba antes, suenan hasta forzados, probablemente más por culpa de la traducción que a causa de malos guiones.
No es la obra cumbre de Burton, pero sí una cinta entretenida, divertida, con una calidad fotográfica impresionante y unas interpretaciones más que memorables. Es un Tim sin miedo, sin red de seguridad, con toda la carne en el asador.
Y, señores, aunque fuera terroríficamente mala, sólo por haberme permitido cantar en el cine a todo pulmón canciones como I'm sick of you (Iggy Pop), Paranoid (Black Sabbath) o No more, mr. Nice Guy (Alice Cooper), se merece el mayor de los aplausos.
Publicado por Kaoru Himura-Takarai en 05:20 3 comentarios
Etiquetas: Cine
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