domingo, 21 de mayo de 2017

[Domingo de Poesía] Dicen que no hablan las plantas

domingo, 21 de mayo de 2017
Cuatro cursos viviendo en Madrid ya me han hecho amoldarme a su calendario escolar y, aunque lo del Carnaval no lo perdono, ya es tradición vivir el 17 de mayo como cualquier otro día; con la sola espinita de no poder trabajar con mis alumnos las Letras Galegas.
El Día das Letras Galegas surgió en 1963 como una forma de homenajear la literatura en nuestra lengua y a aquellos escritores que la han engrandecido. Cada año, desde entonces, se elige un autor y se llevan a cabo actividades para dar a conocer su obra. Aunque el de este año era Carlos Casares, éste es un Domingo de Poesía; 17 de mayo fue, precisamente, la fecha en que se publicó por vez primera Cantares gallegos y por eso hoy vengo a compartir los versos de Rosalía de Castro.


ROSALÍA DE CASTRO


Nacida en Santiago de Compostela en 1837, fue hija de María Teresa de la Cruz Castro y Abadía y José Martínez Viojo; su madre era una hidalga soltera y sin bienes y su padre, un sacerdote. En su acta de bautizo figuró como huérfana y quien se hizo cargo de sus cuidados fue María Francisca Martínez, sirvienta de su madre.
Hacia 1850 y tras haber vivido en el rural durante toda su infancia, Rosalía se fue a vivir con su progenitora a Santiago y comenzó a formarse y a asistir a actos culturales. 
En 1856, se fue a vivir a Madrid con unos parientes y, en 1858, se casó con el también escritor Manuel Murguía. Fue en esta etapa cuando Rosalía comenzó a publicar de forma activa, destacando entre sus poemarios Cantares gallegos (1863), Follas novas (1880) y En las orillas del Sar (1884); y, en cuanto a la producción en prosa, La hija del mar (1859), Flavio (1861), Ruinas (1866) y El caballero de las botas azules (1867).
Las letras de Rosalía están profundamente marcadas por su realidad personal y familiar: su salud frágil, su condición de mujer en un mundo cambiante y las muertes tempranas de dos de sus hijos, entre otras cosas, dejan huellas muy importantes en una poesía donde destacan la soledad, la huida del dolor y la saudade.
En Galicia, la publicación de Cantares gallegos marca el comienzo del Rexurdimento: el período de renacimiento de la lengua gallega como vehículo cultural después de los llamados séculos escuros, en los que siguió vivo tan sólo en su dimensión oral y fuera de los ámbitos cultos.
Rosalía murió en 1885 en Padrón (A Coruña) a causa de un cáncer de útero.



DICEN QUE NO HABLAN LAS PLANTAS

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y exclaman:
—Ahí va la loca soñando
Con la eterna primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura de los campos y las almas,
Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?


¡Felices versos!

jueves, 11 de mayo de 2017

Las películas y las emociones: tag de cine

jueves, 11 de mayo de 2017
Ya me conocéis: toda excusa me resulta insuficiente para hablar de aquello que me apasiona. Y una de esas cosas que tanto me gustan es el cine, y acumulo favoritos de los que me han arrancado un trozo de corazón. 
He encontrado este tag en el blog Entre la lectura y el cine, y obviamente me he auto-nominado. Se corresponde con mi forma personal de aproximarme al cine y me apetece mucho compartir títulos.

¡Vamos!


1. Película que me enamore


Podría irme por derroteros muy diversos, pero me voy a centrar en el género del romance para limitarme un poco. Hay muchas películas que me fascinan porque soy una enamorada de las historias de amor bien llevadas, pero quizá una de las que más me hayan tocado nunca sea Luces de la ciudad, de Charles Chaplin. La ternura infinita que me transmite esta película, su sensibilidad, no tienen parangón. Hace un año fui al teatro a ver una obra que mezclaba escenas célebres de Charlie y, cuando representaron la escena de inicio de Luces de la ciudad, casi me da algo. 

Menciones de honor: Sólo los amantes sobreviven, Ha nacido una estrella, ArianeLa La Land, Big fish, Quiéreme si te atreves, Midnight in Paris, La desaparición de Eleanor Rigby, Ghajini...


2. Película que me dé sueño


No me gusta hablar de cosas que no me llegaron o no mantuvieron mi atención; suelo borrarlas de mi cabeza. Sin embargo, me acuerdo de la noche que intenté ver Cartas desde Iwo-Jima en casa de una amiga y nos quedamos fritas las dos. Soy una gran amante de las cintas de Eastwood y además salía Ninomiya Kazunari de Arashi; pero el cine bélico no es lo mío salvo raras excepciones. 


3. Película que me haga llorar


La pregunta es cuál no. En fin, la película con la que más he llorado, lloro y lloraré es El cuervo porque es la película de mi vida y me abrasa y me consume y me hace ser quien soy. También por la propia historia de su producción, con el accidente que llevó a la muerte a Brandon Lee de por medio y las consecuencias que dicha muerte tuvo para su familia, prometida y para la mano ejecutora, Michael Massee, que se quedó tocado por el resto de su vida. 

Menciones de honor: Siete almas, Eduardo Manostijeras, Dolls, Gran Torino, La princesa Mononoke, Expiación...


4. Película que amo-odio


Me ha costado un poco pensar en un título que poner aquí, y al final tengo dos. Ni las amo, ni las odio; pero creo que podrían haber sido grandes películas y perdieron la oportunidad. 
La primera es The lovely bones; la he visto mil veces porque siempre la pillo en la tele, pero da vergüenza de lo mala que es. Protagonizada por Saoirse Ronan y dirigida por Peter Jackson, narra el asesinato de una niña y cómo la vida continúa sin ella y sin la pena correspondiente para el autor del crimen, mientras su espíritu es testigo de todo. La veo siempre hasta el final porque empatizo con la historia, pero no hay por dónde cogerla y es una pena.
La segunda es La cumbre escarlata, de Guillermo del Toro. El trío protagonista (Mia Wasikowska, Jessica Chastain y Tom Hiddleston) me vuelve loca, la estética es el súmum de todo cuanto me gusta y los temas de la cinta nos hacen evocar el cine clásico de terror. Sin embargo, el guión es tan superficial, previsible y cutre que el conjunto se queda en un envoltorio vacío. Un envoltorio que contemplaría mil veces porque es bellísimo, pero que no tiene alma.


5. Película que me deje sin respiración


También hay unas cuantas, pero me voy a quedar con Dolls de Takeshi Kitano, que me parece una obra maestra. Transcurre sin apenas palabras y es una experiencia única de imagen, de color, de banda sonora, de interpretaciones mudas y de simbolismo. Un viaje a través de nuestro propio emocionario que, a la vez, nos va adentrando en la idiosincrasia de Japón y en algunas de sus costumbres más arraigadas.


6. Película que me haya frustrado


Podría volver a las que amo-odio, pero voy a decir otra por la que puede que me gane algunos enemigos: Orgullo y prejuicio de 2005, dirigida por Joe Wright y protagonizada por Keira Knightley. Es una película que me gusta y que disfruto porque me gustan la forma de dirigir de Wright, su ambientación, una fotografía muy acertada y Keira; sin embargo, siempre me encuentro con un grave problema, y es que no me convence en absoluto Matthew Macfadyen como el señor Darcy. Y, sin Darcy, no hay Orgullo y prejuicio. Se me queda coja y salgo corriendo a buscar a Colin Firth.


7. Película que me haya sorprendido


Siempre me alegro cuando no voy esperando nada y me encuentro un mazazo al corazón. Me ha ocurrido muchas veces, pero una de las últimas y que me tiene absolutamente prendada es Larga es la noche, protagonizada por James Mason y dirigida por Carol Reed. Seguimos a un hombre en busca y captura por asesinato a través de una larga noche de invierno en Belfast, y nos vamos dejando envolver por el retrato lleno de matices de la sociedad norirlandesa de comienzos del siglo XX. Es una cinta llena de sensibilidad, con dosis bien medidas de drama, comedia y amor.


8. Película que me dé miedo ver por si me decepciona

Iba aterrorizada a los últimos remakes de La bella y la bestia y El libro de la selva; y ambas me parecieron bastante buenas. Pero he de reconocer que la película de Gambito, que se sigue posponiendo, me pone los nervios de punta porque sé que algo harán mal y me dolerá en el alma; además, Channing Tatum es un señor que no me gusta, y un Gambito que no me guste no tiene razón de ser. No sé. A ver. Puede ser mi fin.


9. Película que espere con ansia


La verdad es que, a día de hoy, tengo más ganas de ver películas antiguas que nuevas. No hay ningún estreno próximo que me vuelva loca, así que estoy deseando devorar más cine de Carol Reed y de James Mason.


10. Película que me dé mucho miedo


Me da miedo todo, y evito el cine de sustos precisamente por eso. Me encanta el terror gótico, más clásico y elegante, pero las películas que causan sobresaltos o miedo tensional (incluso las que son más de risa) me impiden caminar tranquila por mi casa durante semanas, así que intento no verlas. 
Aclarado esto, lo pasé fatal con Saw y no he vuelto a ver ninguna de la saga, pese a que me fascinó.


11. Película con la que me ría mucho


Me río mucho, y lloro también mucho, con 3 idiots. Tiene lo mejor del cine de la India: un drama muy duro envuelto por la visión amable con la que se transmite, por una sensación de esperanza y de que la posibilidad de mejorar está ahí y sólo hay que agarrarla. Es una crítica al sistema educativo de la India, pero que se puede extrapolar perfectamente, tanto a España como a otros ámbitos de la vida. Además, nos presenta a uno de los personajes más interesantes que ha dado Bollywood: el despreocupado Rancho, que ama aprender pero desprecia la institución formal que le pone plazos y sistematiza procesos mucho más espontáneos. Imprescindible.


12. Película que me haya impresionado


Cuando mi hermana me puso El libro de la vida, no hace mucho más de un año, no sabía que me iba a gustar tanto que se la haría ver a todos los alumnos que pasaran por mis manos y me la conocería al dedillo. Dentro de poco se va a estrenar Coco y ojalá que sea buena, pero se distancie, porque El libro de la vida es en sí misma una obra de arte en la que los colores nos abrazan y la música les da sentido a nuestras existencias. Tiene muchos tópicos de la cultura mexicana, pero los trata con un cariño y un respeto maravillosos. Pocas cosas en el cine me han fascinado como el Mundo de los Muertos de esta cinta, y siempre tengo pendiente mi cosplay de Catrina.


Y hasta aquí por hoy. Me he dejado fuera muchísimos títulos de cintas que me gustan, pero al menos he podido compartir un trocito de mí.

¡Que paséis un buen fin de semana! Feliz Eurovisión, San Isidro, y todo lo que se os cruce en el camino.

sábado, 6 de mayo de 2017

Viajar para respirar

sábado, 6 de mayo de 2017


En realidad, ya nos conocemos. Ya tenemos claro quiénes somos desde un inicio. Luego parecemos sorprendernos y afrontar cada paso con novedad, pero lo cierto es que siempre hemos tenido claro hacia donde iríamos. Los deseos del alma son más poderosos que los del cuerpo y nos hablan a gritos desde el mismo comienzo. A veces los escuchamos con atención, otras elegimos ignorarlos; pero están ahí y los conocemos. Puede haber variaciones y la experiencia nos modela el carácter, pero no podemos cambiar lo que en el fondo somos. 
Ya nos conocemos, os digo. Los soñadores lo sabemos desde el día uno: que siempre estaremos anhelando. Que siempre habrá un gran plan, o una idea descabellada, o una meta más lejos. Nos conocemos. 
Sabemos que nunca tendremos suficiente porque siempre habrá algo más. Que desearemos abrir puertas, cerrar libros terminados y enamorarnos una y otra vez. Que quedarse quieto no es una opción, ¡ni siquiera cuando es lo que nuestro cuerpo más desea! Ya lo he dicho: los deseos del alma son más poderosos que los del cuerpo. Y deseamos, deseamos, deseamos; y nos mueve un motor que no se apaga nunca porque, de hacerlo, implicaría nuestra muerte (física o simbólica).

No estoy muerta. Estoy más viva que nunca, y la vida me lleva a desear explorar como loca, a querer escuchar nuevas lenguas y a ansiar dormir bajo techos diferentes. A cada paso, me conozco mejor y hago las paces conmigo misma; aprendo a ablandarme y derribar los muros, a comprender que no puede haber una lucha justa sin empatía hacia el otro bando. 
Lo tenía claro cuando, con veintidós años y encerrada todo el día para estudiar, soñaba con volar, con alejarme de todo, con poder describir horizontes inexplorados. Lo tenía claro a los diez, cuando coleccionaba libros de Leo-Leo y Reportero Doc, cuando iba clasificando en un archivador fichas de diversos países y ciudades. Lo tenía claro a los trece, cuando comencé con mis amigos a redactar un diccionario de nuestro propio idioma (bendito Rubemá), y cuando me pasaba las clases escribiendo relatos que me llevaban a otro sitio y a otra vida. 
Nací soñadora, nací viajera. Nací ávida del mundo pese a mi grado de introversión; valiente en el sentido de que colmar esos anhelos del alma implica obligarme a afrontar situaciones que me cuestan. Soy un ave. Amo el cielo y la vista del mundo desde arriba; es la única forma de encontrarlo ajeno a tu presencia, natural y sin maquillaje. Amo el agua como no lo había hecho hasta ahora: navegar, sentir la caricia del viento y no ser más que sensaciones. Amo la tierra y la Tierra, y nada podría hacerme despreciar este planeta que es belleza y ternura y situaciones absurdas. El negro no existe, ni siquiera es un color; y el gris es en parte blanco.

Viajar es fatal para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de miras; y mucha de nuestra gente lo necesita desesperadamente por estas razones. No se pueden adquirir puntos de vista amplios, completos y compasivos sobre los hombres y las cosas si uno se queda toda la vida vegetando en un pequeño rincón de la Tierra, Mark Twain

Nunca he sido más yo que cuando he escapado de lo cómodo y me he enfrentado a esta timidez enfermiza que intenta paralizarme. Amo la soledad y sus desafíos. Amo el mundo, amo el aprendizaje en cualquiera de sus etapas y he aprendido a abrazar incluso los períodos de transición. No, no tenemos por qué tenerlo claro; no tenemos por qué saber lo que buscamos. La vida es cambio, evolución y sí: transición. Transición hacia versiones más puras de nosotros mismos. 

Dejamos parte de nosotros en cada lugar que visitamos. Nos quedamos allí, aunque nos hayamos ido. Y hay partes de nosotros que sólo podemos recuperar cuando volvemos allí, Pascal Mercier.

Viajar es adictivo. Cuando sales, escuchas, tocas, observas; simplemente, no puedes dejar de hacerlo. Encuentras la verdad en el camino y en ningún otro lugar. Descubres que está bien dudar, que está bien tropezar, que está bien poner límites y priorizarte a ti. Que los juicios ajenos no te pertenecen, que tus propios juicios son ignorantes y que no hay verdades absolutas. Que el respeto está por encima y que la cabeza nunca debe actuar sin el corazón de su mano. Que somos almas. 

Por viajar vale la pena cualquier precio o sacrificio, Elizabeth Gilbert.

Salir es entrar, es volver, es cambiar de perspectiva y adoptar un nuevo punto de vista sobre lo que estábamos seguros de conocer. Salir es ser nosotros. Encontrarnos con nosotros. Convertirnos en nosotros.

Si viajas lo suficientemente lejos, te encontrarás a ti mismo, David Mitchell.


Estoy hecha de remiendos y huequecitos que han dejado aquellos trozos de mí que se han quedado en otros horizontes. Estoy hecha de deseos insaciables, de planes atropellados y de la determinación de sabotear cualquiera de ellos y dejarme ir. Estoy hecha de huellas extrañas que me han tatuado los adoquines que he pisado y las palabras que he intercambiado. 

Cuando me iba a Londres, hace un mes, había una familia esperando el mismo avión: unas cinco personas, entre niños y adultos. Recuerdo algo que escuché, palabras pronunciadas por la mayor del grupo, una señora posiblemente viuda y muy bien arreglada: "Si algo vas a aprender de tu abuela -le decía al niño, de nueve o diez años-, que sea a despertarte continuamente sin saber en qué lugar estás hoy". 

2017, todavía espero más de ti; sin embargo, el maravilloso regalo que ha sido Praga es innegable; ya no soy yo sin el trozo de alma que he dejado allí, y ya no hay quien haga desaparecer las huellas que me he traído marcadas. Amo su verde, su piedra, su Moldava manso y las hogueras a pie de calle; su fonética gimnástica, sus cicatrices de tranvía y cada una de las lanzas que rascan su cielo. Amo Malá Strana y ese pequeño rincón lleno de colores donde no hay sitio para nada que no sea arte.

Viaja. Planea viajes. No hay nada más. (Tennessee Williams)
~House of the silent~ © 2014