viernes, 24 de marzo de 2017

Rosemary's Baby

viernes, 24 de marzo de 2017
Aun sin tener ni idea de a quién correspondía, el nombre de Ira Levin siempre ha existido en mi base de datos mental. En mi casa, desde que puedo recordar, siempre ha estado en un estante uno de sus libros, Un beso antes de morir, en una edición que siempre me llamó mucho la atención: fondo blanco con tan sólo unos labios rojos marcados sobre él, junto a las letras del título. 
La primera vez que empecé Un beso antes de morir, tenía trece o catorce años. Lo tomé de la repisa como quien se enfrenta al pago de una deuda vieja: ya era hora de dar la oportunidad una lectura que siempre me había reclamado. Lo creáis o no y pese a haberlo comenzado en varias ocasiones y haber estado muy enganchada, nunca he llegado a terminarlo. Sigue a medias, casi quince años más tarde, y ni siquiera hay razón alguna más allá de mi volatilidad lectora.

Leer a Ira Levin, hacerlo de verdad, hasta el final y con la entrega que merece esa narrativa aparentemente sencilla pero muy provocadora, era imprescindible a estas alturas de mi vida. No podía esperar más. Con la intención de adentrarme por fin en sus letras me compré hace un mes Rosemary's baby (traducido en español como La semilla del diablo), su obra más popular gracias, en gran medida, a la adaptación cinematográfica de Polanski.
Rosemary's baby, para quien todavía no la conozca, es una novela thriller, o incluso de terror, en la que se cuenta la historia de un matrimonio joven que se muda al neoyorquino complejo de apartamentos Bramford, donde sus vidas comienzan a verse salpicadas de sucesos extraños e inexplicables que les van cambiando y alejando.


Aunque la novela, en pleno siglo XXI y con numerosos antecedentes (literarios y cinematográficos) en el mundo del susto y la intriga, no llega a causarnos ese clásico terror de sobresalto, es profundamente aterradora. No, no se trata del elemento sobrenatural. No, no se trata de las muertes. Lo magnífico de esta novela es que Levin nos describe a una especie humana corrupta, sin límites, sin escrúpulos, profundamente podrida y capaz de traicionar, de someter, de violar, con tal de conseguir unos fines a veces egoístas, a veces marcados por la idolatría y el fanatismo. Los personajes que rodean a Rosemary muestran ante ella máscaras que cubren completamente su rostro y la convierten en una marioneta que no es dueña de su cuerpo ni de sus acciones; en un mero medio para lograr sus fines particulares. 
Es sencillo posicionarse en el lugar de Rosemary, muchacha provinciana que busca una vida nueva en Nueva York, y comprender el proceso que la hace llegar a estar completamente anulada, sin voluntad, sin capacidad analítica de todo cuanto le sucede: de la noche a la mañana, todo su entorno niega lo que le gritan sus sentidos, y acaba convenciéndola de que la realidad que ella percibe no es sino una ilusión sin fundamento. 
Si los personajes de Roman y Minnie, así como del doctor, resultan enrevesados y repugnantes, sin duda lo más crudo de la novela se lo lleva Guy, el esposo en un principio ejemplar y que poco a poco va dejando ver su piel verdadera: la de alguien que se preocupa únicamente por sí mismo, que no siente el más mínimo respeto o amor por su mujer y que no duda a la hora de manipularla y usarla a fin de ascender en su carrera.

Rosemary's baby me ha recordado a Un beso antes de morir (a lo que he leído de Un beso antes de morir) por varios puntos comunes: en primer lugar, el de los personajes egoístas y casi ególatras a los que no les mueve nada más que sus propias ambiciones, y que están retratados con tanta maestría que resultan realistas y vomitivos; por otra parte, la aversión a la vida de ciudad, fría, artificial y marcada por relaciones falsas e impuestas; sobre todo, la cuestión de la maternidad, que Levin trata desde puntos de vista controvertidos y muy osados, chocantes con la visión extendida de maternidad como paso principal de cara a la felicidad que se impone hoy en día. Los hombres de Ira Levin no quieren ser padres y las mujeres, aunque puedan llegar a desear con todas sus fuerzas la maternidad (como en el caso de Rosemary), sufren abismos para llevarla a cabo y se plantean cuestiones tan difíciles como el aborto o el filicidio.
No hay personajes blancos en las novelas de Levin. Rosemary, completamente victimizada y anulada como persona, es también egoísta y manipuladora, como se nos deja ver cuando engaña a su esposo con respecto a sus días fértiles o cuando olvida por completo la enfermedad de su amigo Hutch. Sin embargo, sí que hay personajes negros, sin atisbo de luz, teñidos por la maldad más irrevocable. La tensión de la novela está afectada en gran medida por la presencia de estos seres que nos resultan monstruosos pero que no dejamos de aceptar como humanos; sin embargo, la intriga también nos lleva a plantearnos si no serán todo imaginaciones de la protagonista, si es posible tal complot contra ella o lo que sucede es que está poseída por ese miedo y preocupación implícitos en la maternidad.

El paulatino desarrollo de las diversas implicaciones y matices de una relación tóxica es magistral: desde la dependencia de Rosemary, pasando por su necesidad unilateral de tener un hijo, hasta el abusivo trato que le da Guy de una forma encubierta y natural, culminando con la escena clave de la novela, que me impidió dormir la noche que la leí por lo escalofriante pero realista y cruda que me resultó.

Si tuviera que señalar un aspecto negativo del libro (más allá de lo previsible de gran parte de la trama, que sí, pero tampoco resulta relevante), sería quizá el hecho de que, al final, se imponga la cuestión sobrenatural por encima de la humana, cuando toda la novela se había basado en ese terror a las personas y lo que son capaces de hacer. En mi opinión, la escena final le quita un poco de lustre al gran trabajo anterior del autor, aunque me haya gustado mucho la ambigüedad de su cierre (que empasta con todo lo que nos había ido contando hasta entonces).

Levin consigue en esta novela aterrarnos, engancharnos, horrorizarnos y asquearnos hasta la náusea; todo sin salirse de las cuestiones más cotidianas y posibles. Sabe cómo contar una historia sin que sobre una sola palabra, haciendo que todo importe y aporte.

Un beso antes de morir sigue en la estantería, en la casa de mis padres. No creo que pase de este año para que lo finalice. Si me fascina una cuarta parte de lo que lo ha hecho Rosemary's baby, ya tiene todo el trabajo hecho. Levin es un autor imprescindible.

martes, 21 de marzo de 2017

Mi relación con la poesía

martes, 21 de marzo de 2017
Me pregunto con regularidad desde cuándo amo la poesía. La pasión tiene esa peculiaridad: una vez que se ha dado, que se ha permitido abrir los brazos, cuesta comprender que tuviera un origen o que hubiera existido un tiempo sin ella.

Los versos han estado en mi vida desde niña. Por fortuna, los currículos educativos todavía no han hecho a un lado la literatura y ésta se nos sigue inculcando, con mayor o menor acierto. De mis años de Primaria recuerdo fragmentos lúdicos y estrofas que aprendíamos en gran grupo. Gloria Fuertes, Rafael Alberti, Gianni Rodari.
El verdadero interés llegó, como para muchos, con Bécquer, durante los primeros cursos de la E.S.O. La poesía estaba ahí, siempre había estado ahí, pero, hasta que el Romanticismo se abrió paso, no consiguió ocupar un lugar importante. Y, entonces, la tarea obligatoria de memorizar una de las rimas del sevillano en el plazo de una semana; y un montón de risas en el recreo mientras repetíamos la que habíamos elegido. No puedo olvidar a mi amigo Rubén, que había puesto melodía a la número XI y la entonaba creyéndose el sujeto de la misma: Yo soy ardiente, yo soy morena, yo soy el símbolo de la pasión...
Mi rima era la IV. Recuerdo que ya la conocía de antes y ya me había acompañado un tiempo, por lo que, cuando se me dio la opción de elegirla, no tuve ninguna duda. Yo aún no amaba la poesía (no conscientemente, al menos), y sin embargo ya suspiraba por una pieza dedicada a la adoración a la misma. 

Mi contacto con la poesía durante estos años se limitó a los autores que nos enseñaban en clase. Yo escribía (siempre había escrito), pero me centraba por completo en la prosa y, cada vez menos, en el teatro (de niña me gustaba el formato y me imaginaba que estaba escribiendo guiones de series o películas; llegué a escribir el guión de una obra que representamos en clase). 
Después me hice mayor y entré en el instituto. Aunque recuerdo aquellos años con mucho cariño, hubo momentos difíciles; soy una introvertida, y pasar de un entorno conocido en el que había vivido día a día durante doce años, a un lugar mucho más grande, con hasta seis o siete aulas de más de treinta alumnos sólo en 1º de Bachiller, fue traumático. Conocí a gente increíble con la que compartiría muchas horas e inquietudes, y a otra que aun a día de hoy tengo un poquito atravesada. La primera conversación con Laura (o la primera que recuerdo) fue durante una hora libre; decidimos ir a dar una vuelta por el barrio de San Francisco hasta la casa de otra compañera, Irma. Yo iba con mi amiga Mai y Laura se había unido a la excursión; todas nosotras cursábamos Latín y Griego en un aula chiquitita, pues éramos un grupo reducido.
Es una de esas cosas que suceden. Estás en un grupo y acabas conectando con la persona a la que no conocías de nada. No sé muy bien qué nos unió a Laura y a mí; recuerdo mencionar a KISS y, sobre todo y por alguna razón que se me escapa (TAN fan nunca he sido), a Black Sabbath. Recuerdo empezar a hablar de escritura y darme cuenta de que había encontrado a una persona que amaba lo mismo que yo, y recuerdo quedarme fascinada cuando me dijo que lo suyo era la poesía.

Durante esos dos años de Bachiller, pasé horas y horas escribiendo con Laura. Nos animamos mutuamente. Compartimos ideas y fragmentos que no le habíamos enseñado a nadie. Nos críticabamos, aunque no éramos duras. 
Fue una etapa de crecimiento, como todas aquellas en las que te encuentras en un entorno que comprende lo que haces y cree en tus posibilidades. Yo ya escribía antes y fueron mis amigas de siempre, Mai y Raquel, las que me hicieron dedicar la mayor parte de mi tiempo a componer verdaderas novelas que aún releo de vez en cuando; pero encontrarme con una persona como Laura, movida por la misma inquietud creadora que yo, fue sin duda relevante.

No tengo ni idea de en qué momento comencé a leer poesía (quitando La Divina Comedia, que cayó a una edad muy temprana). Mucho menos, de cuándo me inicié en su escritura. Terminado el Bachillerato, Laura y yo teníamos en mente un proyecto que no hemos realizado nunca: una obra basada en los signos del horóscopo, con un poema y un relato para cada uno de ellos; adivinad quién era la del verso y quién la de la prosa.

En fin, que unos años más tarde yo ya no recordaba un pasado sin poesía. No recordaba un pasado sin Baudelaire, sin Keats, sin Bécquer, sin los sonetos de Shakespeare. Ahora soy capaz de hacer memoria, pero no encuentro la línea, no alcanzo a marcar en el mapa del tiempo el momento en que se me encendió la luz y supe por fin que lo mío sí que era la poesía. 
En algún instante entre el final del instituto y el comienzo de la Universidad, todo cobró sentido; no hay recuerdo de aquel primer año en Vigo que se desvincule por completo de los versos.

Hay mucho que debo alcanzar para llegar a sentirme la poeta que sé que soy. Tengo que pulir absolutamente todos los rasgos estilísticos de cuanto escribo. Pero la libertad que siento  gracias a la poesía es algo que no cambiaría por nada del mundo.

Feliz Día de la Poesía, aunque llegue por los pelos. 


No digáis que, agotado su tesoro, 
de asuntos falta, enmudeció la lira; 
podrá no haber poetas; pero siempre 
habrá poesía. 

Mientras las ondas de la luz al beso 
palpiten encendidas, 
mientras el sol las desgarradas nubes 
de fuego y oro vista, 
mientras el aire en su regazo lleve 
perfumes y armonías, 
mientras haya en el mundo primavera, 
¡habrá poesía! 

Mientras la ciencia a descubrir no alcance 
las fuentes de la vida, 
y en el mar o en el cielo haya un abismo 
que al cálculo resista, 
mientras la humanidad siempre avanzando 
no sepa a dó camina, 
mientras haya un misterio para el hombre, 
¡habrá poesía! 

Mientras se sienta que se ríe el alma, 
sin que los labios rían; 
mientras se llore, sin que el llanto acuda 
a nublar la pupila; 
mientras el corazón y la cabeza 
batallando prosigan, 
mientras haya esperanzas y recuerdos, 
¡habrá poesía! 

Mientras haya unos ojos que reflejen 
los ojos que los miran, 
mientras responda el labio suspirando 
al labio que suspira, 
mientras sentirse puedan en un beso 
dos almas confundidas, 
mientras exista una mujer hermosa, 
¡habrá poesía!

lunes, 6 de marzo de 2017

#XDay: nada es imposible

lunes, 6 de marzo de 2017

No lo digo yo, lo dice este señor de la imagen, al que soñaba con ver en persona algún día.
Y es que parece una frase cliché, algo dicho para que pensemos que podemos albergar el mundo en la palma de nuestra mano, pero si yo he visto en concierto a X Japan, todo puede hacerse

Dejad que os cuente una historia. Cuando mis mejores amigas y yo empezamos a adentrarnos en el mundo de la música japonesa, hacia los catorce años, era muy difícil encontrar información, descargar la música o ver imágenes de los grupos. Youtube nació en 2005, así que todo lo que teníamos por aquel entonces eran los buscadores (Google no fue el primero), programas como Kazaa o Emule (aquél, en su día, sólo permitía descargar archivos de uno en uno) y nuestra imaginación; imaginación que usamos para encontrar todo dato, entrevista, imagen, aparición televisiva y canción posible de los grupos y artistas que más queríamos, especialmente L'Arc~en~Ciel, Gackt, Dir en Grey y los artistas de la PSCompany; imaginación que nos llevó a crear nuestras propias "páginas web", que no eran sino las comunidades de usuarios de Msn que fueron el paso previo a los foros (mi propio foro de música japonesa, Mushi, sigue existiendo aunque ya todos nos hayamos ido). Os prometo que llegamos a almacenar una base de datos envidiable acumulada en montañas de CD-ROMs que todavía guardamos. La mayor parte del material que tenemos ya no se encuentra en la red. Mi adolescencia transcurrió en medio de fanfics donde aparecían los miembros de esos grupos, horas y horas dedicadas a traducir las letras de sus canciones y entrevistas (¡hasta traduje el libro de Gackt!) y muchas otras compartiendo, grabándonos CDs unas a otras y viendo en bucle nuestros programas de variedades favoritos.
Recuerdo a la perfección la primera vez que vi a mi cantante favorito, Hyde de L'Arc~en~Ciel, en vídeo y en movimiento; hasta entonces, le conocía por la voz y algunas fotos. Aquella noche, una actuación que llevaba meses intentando descargarse en mi equipo apareció decorada con el ansiado 100%, y aspecto y voz empastaron (también salía Aya Ueto, nunca olvidaré ese vídeo).


Siempre llego a la conclusión de que nos iniciamos en el mundo del Jrock en el mejor momento: sí, nos tocó afrontar muchas esperas e ir descubriéndolo todo a cuentagotas, pero ¿habríamos sido igual de creativas de haber tenido, como hoy, millones de fansubs, street teams y plataformas de visualización y descarga de archivos? 
Y, al igual que el inicio fue como una escalada, después también vivimos la expansión, el nacimiento de muchas más páginas y foros, la aparición de plataformas nuevas para compartir archivos, la mejora inmensa de la velocidad de las conexiones a Internet. Youtube, que fue un punto y aparte. 

Siempre ha habido gente interesada en la música japonesa, pero nosotras vivimos el momento en que esa gente empezaba a conectar, desde puntas opuestas del mundo, y también cómo esos intereses se iban contagiando y de pronto había muchos españoles deseando indagar y aportar. Vivimos la noticia de los primeros conciertos japoneses en Occidente (Francia y Alemania eran las opciones más cercanas, aunque pocos se iban dejando caer), y el instante en que todos los grupos ampliaban sus giras a nuestro continente, y algunos incluso llegaban a España. Ver a D'espairsRay, en 2007, fue absolutamente increíble viniendo de donde veníamos con aquellos medios tan limitados
Que en 2008 mis padres me dieran dinero para ver a L'Arc~en~Ciel en París, ni os cuento lo que supuso.

Dentro de todo esto, aparece X Japan. Imposible no caer en ellos prácticamente al principio, ya que son el mayor grupo de rock/metal de la historia de Japón y uno de los mayores del mundo, aunque en Occidente se les conozca poquito. A X Japan llegamos como se llega a algo mítico, espectacular y creador de escuela, pero que ya no existe. Llegamos con el lastre de una separación trágica y sonada (de la que queda como vestigio el Last Live, que devoramos miles de veces), con el del fallecimiento de su miembro más carismático (te amaremos siempre, Hide) y con el de una relación rota entre sus componentes, que además habían sido amigos. Nos encontramos con la mejor música que habíamos escuchado, acompañada de una tristeza infinita y la seguridad (porque estábamos completamente seguras) de que nunca volveríamos a verles juntos y de que todo lo que nos quedaba era apoyar a sus miembros en lo que decidieran hacer (mayormente, a Yoshiki, el líder; pues era el único que seguía haciendo música de forma activa y de cara a la palestra).
Redactando esta entrada, he vuelto a mi foro (que enlazaba antes) y ha sido entrañable encontrar la entrada donde comento que se rumorea una reunión de X Japan; ahí estamos nosotras, las tontas de siempre, las que por fin les hemos visto, expresando nuestra incredulidad y haciendo cábalas sobre el posible nuevo guitarrista (Mine es maravillosa y enseguida apunta que debe ser Sugizo, como así ha sido). Hace diez años de esa conversación y hace diez años que X Japan volvieron. Creedme cuando os digo que el tiempo pasa mucho más deprisa a partir de los 19-20, por lo que estos diez años desde que decidieron darse una segunda oportunidad a mí me han sabido a mucho menos que los pocos en los que los asumimos como un mero recuerdo


Si llegar a ver algún día a L'Arc~en~Ciel o a Dir en Grey era un imposible por cómo nos enfrentamos nosotras al descubrimiento de esa música, X Japan era un mero mito. El mismo día del concierto, frente a ellos, nos mirábamos y nos daba la risa por lo absurdo de la situación, especialmente acabando de ser testigos del documental que nos proyectaron antes narrando su historia y desvelando varias cosas de las que no teníamos ni idea y que nos han hecho comprender bastante bien por qué todo se desarrolló en su día como lo hizo. El #XDay, su concierto de este pasado sábado en Wembley, había estado programado para 2016 y lo habían tenido que cancelar por motivos de salud de Pata; sin embargo y dado su historial de cancelaciones, el propio día en la cola bromeábamos con que no aparecerían, y ya allí, durante el descanso previo al segundo bis, decíamos a modo de mofa: "¡Cancelación, cancelación!". Ése es el grado de incredulidad, improbabilidad e imposibilidad.

Abrazar a Yoshiki era mi sueño a los dieciocho-diecinueve años, en la época de MySpace, cuando leía cada una de sus entradas lamentándose y dramatizando (que es lo suyo). A Sugizo le he leído con la misma asiduidad. 
Quiero a los componentes de X Japan con locura absoluta porque forman parte de mí. Por su música, por esa voz espectacular de Toshi que no ha cambiado nada con el paso de los años y se adueña de cuantos la escuchan, por la emocionalidad de cuanto hacen y por todo lo que me han aportado a nivel personal. Una vez, hace mucho tiempo, Yoshiki dijo que X nació para ayudar a la gente a superar los malos momentos. Conmigo han estado en malos, en buenos y en inolvidables. Hide siempre será una parte indispensable del grupo, Taiji siempre será una parte indispensable del grupo, ¡pero qué felicidad, tener ahí a Sugizo y a Heath

El concierto que viví este sábado es indescriptible. Nunca había escuchado una música tan limpia en vivo, nunca había percibido cada instrumento con tanta claridad, con tanta precisión y perfección. Fue muy impactante, y enseguida me encontré a mí misma chorreando baba por culpa del bajo, que me tuvo histérica toda la noche de lo maravilloso que era. ¡Si sólo fuera el bajo, claro! Las guitarras, ¡la batería!, el violín, el piano. La voz de Toshi; la voz de Toshi te convierte en alguien pequeñito, ridículo a su lado
Su simpatía, pues son encantadores y pura emoción. Las "Tardes con Yoshiki", que se sentaba a contarnos cosas y a meterse con su amigo Toshi. La frase incomprensible de Pata, que para mí será siempre "tokidoki, London". Los homenajes a Bowie y Queen que me siento absolutamente privilegiada de haber presenciado. Los solos, todos memorables, pero especialmente el de Yoshiki a la batería, muriendo, dándolo todo en ella. Las luces, fogonazos, manos formando sendas X y gente cosplayeada o sujetando en alto peluches de Hide.

La setlist: Rusty Nail, Endless Rain, Say Anything, X, Kurenai, Jade, un trocito del Art of Life y, para hacer más daño, Without You.

¿Ha sido el mejor concierto en el que he estado? Ya no puedo poner esa etiqueta porque la subjetividad influye mucho en todo. Ahora, musicalmente, sin ninguna duda: lo ha sido. Y, si por una cuestión de sentimientos no es exactamente el primero, sin duda por lo mismo no sale de los puestos más altos. Porque lloré, me reí, me enamoré y quise subir ahí y abrazarlos a todos. 

La palabra siempre es gracias. Por el concierto y por la enseñanza, Yoshiki: porque si, después de todo, vosotros podéis estar ahí y nosotras podemos presenciarlo, entonces no hay nada imposible.

Me gustaría cerrar con las palabras acertadísimas de mi Gene Simmons en el documental:

"Si X Japan hubiera sido una banda americana, posiblemente sería la mayor de la historia".


¡Larga vida! We are X!
~House of the silent~ © 2014