martes, 30 de abril de 2019

Favoritos de marzo y abril


Últimamente, siento que voy por la vida enfrentándome a una serie de catastróficas desdichas. Nada serio, nada irreparable; pero zancadillas, a fin de cuentas. 

Procuro anteponer el agradecimiento, ya que todo suele acabar en anécdota y sin demasiado que lamentar; pero también he de reconocer que tengo ganas de vacaciones, de desconexión y de reposo mental.
Todo se andará.

Por lo pronto, marzo y abril también han sido un regalo y me han aportado muchas cosas importantes. De algunas de ellas voy a hablar ahora.


Libros y cómics


-Consejos para jóvenes artistas, escritores y enamorados, de Miguel Fernández-Pacheco. Lo encontré por casualidad cuando fui a Madrid el verano pasado, en la librería del Museo Thyssen. Se trata de un volumen de lectura muy rápida, una colección de consejos que lanza un escritor y profesor de universidad desde la experiencia de la edad. En clave de humor y socarronería, también hace reflexionar sobre el mundo editorial, los certámenes y el mercado literario. Guarda mucha verdad.

-Girl upon Heaven's pier, de Eeva-Liisa Manner. Esta breve novela de una de las poetas más reconocidas de Finlandia es un charco de tristeza. La protagonista de la historia, Leena, es una huérfana que intenta darle sentido a un entorno cuadriculado y hostil por medio de la imaginación y las ensoñaciones. Manner nos hace pensar en el impacto que la religión, el bagaje familiar y los sistemas educativos más tradicionales tienen en la mente infantil. Si bien la prosa se mantiene sencilla y el tono es ligero, me dejó una sensación de tristeza difícil de superar.

-Hiperculturalidad, de Byung-Chul Han. El coreano se ha convertido en mi filósofo actual preferido, y cada vez tengo más ganas de seguir leyendo sus reflexiones. Es bastante frecuente que la globalización se retrate con connotaciones negativas, sin embargo Han decide darle la vuelta a esta percepción y analizar todas las ventajas que se obtienen de este proceso desde la comprensión de que el mismo es natural y ha sucedido siempre, independientemente del ritmo. Quizá se me hiciera un poco pesada la manera en que se enzarza en batallas de ideas con otros pensadores, pero en general lo disfruté mucho.

-El león de marzo, tomos 11 y 12. Este manga sigue siendo precioso. Chica Umino tiene la capacidad de explorar a sus personajes de forma exhaustiva, de hacernos conectar con todos ellos. Rei ha evolucionado muchísimo desde los primeros tomos y las hermanas Kawamoto siguen siendo una delicia. ¿Es normal que shippee con toda el alma a dos personajes que ni siquiera han interactuado?

-Rogue & Gambit: Ring of Fire. ¿Cómo puede ser que no conociera la existencia de este cómic, si casi lo único que sigo de Marvel es la historia particular de Gambito? Me lo he gozado como una enana. Gambito y Pícara son una de mis parejas predilectas de todo lo que se ha creado en el mundo, y hacía años que tenía el corazón roto con ellos. Ring of Fire es un poquito de justicia para con los personajes y sus fans; es una comedia romántica sencilla, pero que aprovecha para explorar un poquito de lo que los separa y todo lo que siempre los unirá. Me emocioné muchísimo, me lo voy a leer continuamente y espero que me entierren con este tomito.

No me gustó tanto: Jules Verne e a vida secreta das mulleres planta, de Ledicia Costas. Pese a haber disfrutado mucho otros trabajos de ella, quizá en este caso la expectativa se comió la obra. Verne y Vigo es un tema que me apasiona, y esta novela profundiza poco y se embrolla demasiado.


Cine


No he visto peli mala estos meses, así que ea:

-Alita: ángel de combate (2019). Cuando comencé a interesarme por el manganime, allá por los últimos 90, Gunm estaba en la sopa. Cada vez que me compraba una revista o entraba en una tienda de cómics, allí estaban las dichosas figuritas de Alita.  Siempre he llevado muy mal la saturación, por lo que decidí de forma consciente que no quería saber nada ni de Gunm, ni de Ghost in the shell, ni de Akira; por cansinos. 
Total, que esta versión americana es lo primero que realmente he visto de Alita, y el resultado es que ahora quiero más. La película se enreda demasiado y pierde ritmo, además de no ser demasiado clara en las tramas principales y sacrificar cosas que a mí me parecían más interesantes. Pero la realidad es que me enamoré profundamente del personaje, de la ambientación, del CGI y de todo lo que da la sensación de que ha quedado pendiente.

-Mula (2018). Pactaría con el Diablo para que Clint Eastwood viviera siempre. Hay pocos cineastas que tengan la valentía de coger la cámara y hablar con honestidad. Mula no es la mejor cinta de Clint, pero está en la línea habitual de condensar en una historia sencilla muchísimas capas de profundidad que se van revelando incluso cuando ya hemos salido del cine. Trata muchísimos temas actuales desde la incorrección política y pone sensatez a muchas de las cosas que nos están dinamitando como sociedad.

-Dumbo (2019). Nunca he vuelto a ver la cinta de Disney porque la recuerdo con gran tristeza, y Burton es fiel a este tono deprimente y que hace al espectador sentirse culpable. Para mí, la película ganaría si el elefantito tuviera más facetas que la de animal tristísimo; pero creo que la segunda parte, con una enorme Eva Green, hace que la película se redima de ese problema y salga ganando. Es una historia entrañable, con personajes planos pero que caen bien, una ambientación burtoniana exquisita y momentos memorables. Lo de las moralejas no me va tanto.

-La sociedad literaria y el pastel de piel de patata (2018). A veces, menos es mucho más. Esta película es tan sencilla como deliciosa, una historia entrañable que cautiva por sus personajes y las relaciones tan honestas y desinteresadas que se establecen entre ellos. Los paisajes de Guernsey son la guinda de esta especie de 34, Charing Cross Road con encuentro efectivo. Los actores hacen un buen trabajo, pero mi corazón se emociona especialmente con Katherine Parkinson, siempre excelsa.

-No llores, vuela (2014). El premio a la mayor llorera de esta lista se lo lleva esta cinta, dirigida por Claudia Llosa y protagonizada por dos de mis favoritos: Jennifer Connelly y Cillian Murphy. Se trata de la historia de una separación, la de una madre y su hijo que en la pérdida también se pierden a sí mismos en su condición de parientes. Las interpretaciones inmensas y la fotografía de esos parajes casi monocromáticos funcionan como motores de una narración desnuda como la vida. Se habla honestamente y sin adornos de muerte, maternidad, culpa y redención. Es maravillosa y volveré a verla.

-Cold War (2018). Hay películas que son la misma definición de cine. Cold War, dirigida por Pawel Pawlikowski, aprovecha todos los elementos del audiovisual para trasladarnos a una cinta de corte clásico, pero con mucho de innovadora. Se narra, a través de los años, la historia de una pareja que se ama y se separa y se encuentra y no se encuentra. Los dos protagonistas son un reflejo de cada momento de la Guerra Fría, y las situaciones que viven en cada sitio donde se localiza la acción me llevan a interpretar un choque generacional, el batacazo que muchos nos hemos llevado al llegar a tiempos más modernos y libres. Varsovia o París, canciones folklóricas para el pueblo o números de jazz y rock'n'roll. Tremendamente fría y potente.


Viajes, experiencias


La vida da para muchas cosas. En estos dos meses, me he movido bastante y he descubierto algunos de los sitios que espero sean recurrentes en mi vida (y, sin duda, lo serán en mis versos). 

A primeros de marzo, estuve en mi provincia para celebrar el amado Entroido y volví a Verín después de muchos años a dejarme azotar por los cigarróns. Me lo pasé como una enana, estuve con amigos, usé disfraces improvisados y ridículos y comí de lujísimo en un restaurante de carretera. 
Desde Verín visitamos Chaves y, como todo Portugal, me lo llevo ya de por vida en el corazón. Además de ser un pueblo entrañable y de haberlo recorrido en buena compañía, recomiendo encarecidamente tomar algo en Sala de Estar, uno de esos locales especiales y auténticos.

También en marzo, conocí A Ponte do Porco y Valdoviño, con unas formaciones rocosas que me tuvieron embobada toda una mañana. Estuve en Sada, en Arteixo y en Oleiros, y finalmente una mañana de sábado me desperté y reservé una habitación de hotel en Camariñas.


No lo había planeado, pero lo tenía atravesado entre ceja y ceja. Así que me dediqué un fin de semana inolvidable en algunas zonas de la Costa da Morte; como ya conocía Malpica y estoy viendo Mareas Vivas, decidí comenzar por Laxe y lo demás fue dejarse llevar. Pasé tiempo en Corme, en Vimianzo, en Muxía con su Virxe da Barca y sus rocas inauditas, y por supuesto en la bellísima Camariñas con uno de los lugares que no voy a poder olvidar nunca: el cabo Vilán, en el fin del mundo, con ese faro encaramado a una roca impensable y las olas casi abofeteándote sin tocarte. Hay sitios donde dejamos mucho de nosotros.

En abril me enamoré de Ares, con su arquitectura modernista, y de la aldea de Padre Casares: Redes, especial y espectacular. 


También en abril, pasé 24 horas en Barcelona, las justas para enamorarme más de la ciudad condal y para cumplir un sueño. Además de pisar por vez primera el área de Poblenou (su cementerio es una visita obligada) y de mojar los pies en el Mediterráneo, estuve en un teatro a pocos metros de una de las personas que más admiro, escuchando humor del que no teme a nada. Dylan Moran es uno de mis iconos máximos y no puedo explicar lo fuerte que fue tenerlo delante y llorar de la risa desde el segundo 1 hasta que se marchó. ¿Cómo se hace eso? ¿Cómo se tiene ese coco brillante sin nadie que lleve el volante? Esa noche fue una brutalidad.

Por último, en la recta final de Semana Santa estuve brevemente en Londres visitando a mi hermana. Hacía dos años que no pisaba esa ciudad que es parte ineludible de mi historia, y parecía que habían pasado dos siglos. Siempre me hace feliz volver a pasearla, descubrir cosas nuevas de ella y dejarme llevar por su ritmo vivo, pero nunca apurado. Regresé a Abbey Road, subí por vez primera al London Eye, comí con mi amiga Mine y saqué la primera foto a Eros que he tomado en nueve años. Volví, siempre vuelvo, a mi Bloomsbury del alma y al hotel donde viví un mes y medio especial, me sentí en casa ante la estación de Russell Square y lamenté que el Big Ben se me escondiera entre los andamios. 
También pasamos un día en Canterbury y ya tengo ciudad que añadir a mi próxima entrada de sitios que amo de UK; es una de las villas más lindas que he visitado, y hay algo en su gente y en su tranquilidad que me recordaron a los sitios en los que más cómoda me siento, como Helsinki o Vigo.
En Londres saludé a mi querido John Keats, o más bien a su estatua ubicada en el hospital universitario donde estudió Medicina; y en Canterbury me volví a obsesionar con Christopher Marlowe y todo lo que se desconoce de él.

A veces, no soy consciente de todo lo que he hecho. De pronto me encuentro de vuelta en casa, en Betanzos, y me cuesta asimilar que hace unos días estuviera en St. James' Park consumiendo un huevo de Pascua. Estas entradas me ayudan a recordarme a mí misma todas las cosas increíbles que le exprimo a cada día.


Música

En un intento desesperado por no dar más la chapa, sólo diré que la gente no deja de sacar música que me flipa y yo no sé cómo hacerme crecer más orejas. Así que se escucha lo que se puede. 

Además del disco íntegro de Hozier una y mil veces, he escuchado bastante:

-Jenny of Oldstones de Florence + The Machine


-Con Altura de (La) Rosalía


-One de Kerli


-Freeze de Cellar Darling


-Maldición de Lola Índigo


-Set in Stone de Hyde


-A ti te ocurre algo de Leiva



¿Alguna recomendación para estos meses pre-oposiciones que se avecinan? Suele ser cuando más receptiva estoy a ver/hacer de todo. ;D

¡Feliz día!

domingo, 7 de abril de 2019

Enamorada del páramo: Wasteland, Baby! de Hozier

Hacía tiempo que no me sentaba a reseñar un disco, aunque ni siquiera sé si esto resultará en una reseña. Supongo que lo iremos viendo según salga.

Mi historia de amor con Andrew Hozier Byrne comienza en 2016, cuando por fin busco en Google el tema Take me to Church. Llevaba meses escuchándolo en tiendas, cafeterías y autobuses; y lo cierto es que me llamaba la atención, pero tuvo que pasar un tiempo hasta que la curiosidad se impuso.
El descubrimiento fue una sorpresa. Primero, porque no me esperaba que el poseedor de una voz tan grave y llena de matices fuera tan joven; segundo, porque no me había parado a entenderla y me fascinó su letra. Me enamoré perdidamente de Hozier, de su poesía y de una barbaridad de disco debut que me agarró el corazón y me lo estrujó. Me encontré a mí misma en sus canciones, y también me redefiní; es lo bonito de aquello que nos llega, que a veces no sólo es un espejo de nosotros mismos, sino que también nos da pautas nuevas para entendernos.

Es imposible ser objetiva con lo que nos marca, y yo no he venido aquí a serlo. He venido a dejar constancia de la gran sorpresa que me llevé hace unas cuantas semanas cuando pude por fin escuchar el nuevo disco en su totalidad.
Cuando un trabajo te ha apasionado tanto como en mi caso lo hizo el álbum Hozier, es natural aguardar lo que sigue con cierto miedo. Y es que llevaba tres años ansiosa por escuchar su nuevo material, pero a la vez temerosa de que no me gustara tanto o, peor, de que no me llenara. De que no me pusiera los pelos de punta.

A finales del año pasado, comenzó la puesta en libertad de las canciones de aperitivo. Primero fue el single Nina Cried Power, junto a la leyenda Mavis Staples, con otro par de canciones tan maravillosas como la que le daba título; tengo que reconocer que, salvo el tema principal, ninguno se distanciaba lo suficiente del sonido del disco debut como para sorprenderme. Es más, Shrike tiene una melodía que recuerda irremediablemente a viejos temas como Like Real People Do. Y me enamoré profundamente de todas estas canciones, pero asumí que era muy posible que el nuevo disco sonara exactamente como el anterior. Y no habría tenido ningún problema con ello mientras las letras fueran tan buenas como la de la propia Shrike (LOCURA), pero el caso es que me esperaban novedades.


Ya Almost (Sweet Music) y Movement empezaban a dar pistas de nuevos ritmos, nuevas temáticas (la del homenaje, siguiendo la estela de Nina Cried Power) y un nivel vocal impresionante; pero el verdadero shock llegó con Dinner & Diatribes, una canción cargada de humor irónico, donde la progresión de cuerdas y la percusión crean una atmósfera completamente distinta a aquello que Hozier había mostrado hasta la fecha, y con una forma juguetona de empastar la voz en la canción, como quien es perfecto dueño de su trabajo y ha venido a disfrutarlo y a elevarlo.

Dinner & Diatribes es una de mis grandes obsesiones actuales y tal vez mi canción favorita del nuevo disco. Escapa de los enfoques más oscuros de Hozier y, desde su mejor poesía, vuelve al sexo como motor de muchas acciones y frustraciones humanas. Es como una carcajada de las que esconden un poco de mala leche, pero deciden disfrutarla en lugar de sufrirla.


(El videoclip me FLIPA).

Y luego vino el disco. Y me encontró deseando nuevas sorpresas, como Dinner & Diatribes; pero también poco preparada para ellas. Iba de camino a Ourense, como muchos otros viernes, y estaba escuchando mi lista Drive de Spotify (una selección totalmente cambiante, ya que van entrando y saliendo temas a diario según me engancho o me canso de ellos) tan tranquila. Y no recuerdo exactamente en qué punto del trayecto dije: "¡EH! ¡UN MOMENTO! ¡QUE HOY SALÍA EL DISCO DE HOZIER!". Así que paré el coche y me puse el álbum como banda sonora de la hora y media que restaba para llegar a la casa de mis padres.

Y, si estuviera a favor de expresarme en el blog por medio de emoticonos, los siguientes párrafos los compondría de forma íntegra el que tiene cara de sorpresa, con la boca bien abierta y los ojos como platos. Esa fue precisamente la sensación que tuve, de absoluto asombro: de encontrar decenas de sonidos, temas y formas de cantar distintos en cada pista del disco. De, sin estar tan lejos del primer disco, haber llegado a un territorio muy distinto. Y maravilloso.

Mis canciones favoritas son todas y las voy a explicar en el orden que me venga en gana. (De los singles ya no digo nada, los he mencionado arriba por encima y queda claro que los amo).

Would That I fue una de las primeras en clavárseme en la cabeza y el corazón. La melodía es amable y muy similar a otras del primer trabajo, pero la fuerza de la voz de Andrew al pasar de las estrofas al estribillo me perfora. Es una canción bonita sobre pasar página y encontrar el amor en otro sitio, en otra persona. Sobre cómo el ser humano está siempre cambiando y moviéndose y consumiendo etapas. La sensibilidad con la que se despide de alguien a quien ha amado y el optimismo en la seguridad de un futuro son las claves de este tema.


No Plan rompe en mitad del álbum con una instrumentación más pesada y con ese uso de las palmas que inunda todo el disco. La voz casi susurrante de los primeros versos va tomando cuerpo, pero sin llegar a perder nunca el tono aterciopelado. No Plan es lo que indica su título: un carpe diem, un recordatorio de que el hoy es lo único real y los planes sólo son deseos

For starts,
what a waste to say the heart could feel apart
or feel complete, baby.
Why would you make out of words a cage for your own bird?

As It Was es la historia del deterioro de una relación de pareja, el deseo de volver atrás para recuperar lo que se ha perdido. Habla de aquellas cosas que nos alteran, nos hacen cambiar y dejar de reconocernos, de cómo el amor no siempre es el elemento clave para que algo se mantenga, de cómo el entendimiento mutuo es esencial. La frase final cierra un tema muy triste con una sonrisa, y es lo que me llevo yo cada vez que la escucho. Sin duda, mi parte favorita es el pre-estribillo, cuando Hozier alza la voz para expresar aquello que desea con todas sus fuerzas y sabe que posiblemente no pueda conseguir. Me recuerda un poco a las baladas de moda de los últimos años por parte de gente como Sam Smith o John Legend.

Además de dar título al álbum, Wasteland, Baby! lo cierra a la perfección. Habla también de finales, de la fortuna de que existan. De que sólo los finales pueden provocar nuevos comienzos. De que el amor también lo es cuando se está demoronando y nos está destrozando. La canción está susurrada y acompañada de guitarra y algún tipo de laminófono, y cierra con sencillez y esperanza un trabajo realizado desde lo pequeño, desde la perfección sin grandes alardes. Es una de esas canciones que calientan el corazón.

Wasteland, baby,
I'm in love,
I'm in love with you.
And I love too
that love soon might end
and be known in its aching,
shown in the shaking.

To Noise Making (Sing) es quizá el punto más animado del disco, una oda a todo aquello que hacemos porque queremos, porque nos sale de dentro, sin importar cómo ni por qué. Es alegría por el hecho de simplemente vivir y tomar todo aquello que nos toca y transformarlo en cosas más úitles, como la música. Es una declaración de amor a la canción que surge libre y despreocupada de perfecciones técnicas o de oídos ajenos. El punto más gospel del trabajo, una ventana abierta al amanecer. 


Sunlight es, efectivamente, un rayo de luz percutido por palmas y acunado por el sonido de un órgano y coros gospel. Es tan grandilocuente como Take Me To Church, es iluminación y catarsis. Es paz.

Talk era un enamoramiento seguro. Las metáforas que Hozier utiliza en sus canciones son siempre deliciosas, pero cuando decide meterse en la mitología clásica para aludir a Orfeo y Eurídice, a mí me tiene a sus pies a lo largo de estos tres minutos y medio y del resto de mi vida. Y, encima, cheeky, el tío.

I won't deny I've got in my mind now all the things I would do,
so I'll try to talk refined for fear that you find out how I'm imaginin' you.

Finalmente, Be es otro canto de esperanza, una buena mezcla de todos los sonidos del álbum y la tajante afirmación de que el mundo ya puede ser una completa mierda porque la única verdad está en aquellos que tenemos enfrente y en las relaciones personales que tejemos nosotros mismos. 


Este Wasteland, Baby! recoge el testigo de Hozier y nos lleva de la mano por todos esos temas traumáticos y difíciles, pero vistos desde una óptica nueva. Es un disco más animado, más optimista y atrevido, cargado de socarronería. La barbaridad vocal que Andrew demuestra no sólo en el trabajo de estudio, sino en todas las actuaciones que ha ido regalándonos en directo, está a años luz de la mayoría de vocalistas que he escuchado. Y la humildad con la que afronta su carrera y su talento se traduce incluso en los temas más ambiciosos. Cantar por el placer de cantar, olvidando el mundo y la expectativa. 

Ya se me hace difícil hablar de este hombre sin emocionarme, así que supongo que sólo me queda darle las gracias por ponerme siempre los pelos de punta

Ojalá me dure muchísimos, muchísimos años más.


And the cold was as sharp as my baby,
and the nights were as dark as my baby,
half as beautiful too.

jueves, 21 de marzo de 2019

Poetas para respirar


Aprovechando el ineludible revolcón con el Día Mundial de la Poesía, se me ha ocurrido que bien puedo compartir y recopilar algunos de esos nombres que están para siempre en mi Hoy.
El año pasado, publiqué una lista de poetas fetiche que van conmigo allá donde me encuentre, y por fortuna dejé fuera a muchos y me he enamorado de otros en este tiempo. Tomaré el testigo y no los nombraré a todos; siempre hay que reservar algo para la próxima vez.

Hay voces que viven en mí y que resuenan en la mía. Y hoy es el día de rendirles culto.

Mi primer encuentro con Ada Salas fue fortuito. Una chica a la que seguía compartió una estrofa que me dejó sin respiración, y enseguida me lancé a comprar una antología. Escribir y borrar contiene tanto verso como prosa, y todo ello me pareció desnudo, honesto, movido por la pasión y la iluminación del que no escribe, sino que se deja escribir. Ada Salas es una de esas voces que marcan desde un silencio que contiene el universo.


Mira. Esto que ves
ha muerto. Y esto
que aún respira
morirá.

Hemos sido la luz.

Esto es lo que queda.


Jaime Gil de Biedma llegó a mí a través de otra blogger y es uno de los descubrimientos que más le agradezco a este medio. Hay algo en sus versos que no se puede olvidar, que se carga a la espalda. Ese humor casi suicida con el que se sepulta y nos sepulta se queda dentro. Esa vida que se respira en cada palabra y hace que estemos ahí y que seamos el poeta. Esa mirada amarga a lo que es uno y a lo que uno podría cambiar pero jamás cambia porque no quiere hacerlo. Gil de Biedma es sangre.


Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.


Y tortura es también la palabra que define las breves pero arrolladoras letras de Mário de Sá-Carneiro, ese poeta confinado a una existencia que no le representaba, esa voz que encontraba el acento justo para expresar de mil formas un único tormento y para transformar en belleza el vacío. Sus cadenas y su liberación eran la misma cosa. Y sus versos nos hacen testigos de esa lucha que no se podía librar.


Nada me expira ya, nada me vive –
ni la tristeza ni los bellos momentos.
Por no tenerlas y por nunca poder poseerlas,
me hastían incluso las cosas que no tuve.


Tantas cadencias. Tantas sensibilidades. Tantos timbres y jergas y vicios fónicos y percepciones de uno y del mundo. Tantos poetas encerrados en una misma pluma. Fernando Pessoa es algo distinto, es un milagro. Discutió tanto consigo mismo que nos enseñó a diferenciar todas nuestras voces. En su disociación identitaria, nos dividió en muchos y nos reconcilió con todos.


Y así escribo en medio
de las cosas no junto a mis pies,
Libre de mi propia confusión,
preocupado por cuanto no es.
¿Sentir? ¡Dejemos al lector sentir!


El último gracias de esta tarde se lo dedico a aquel muchacho terrible que violó la poesía de un modo casi imperdonable, que la ultrajó para siempre y la reclamó en propiedad. Arthur Rimbaud me fascina como persona, como poeta y como personaje. No creo que nadie nunca lo entendiera, ni creo que nadie nunca lo llegue a entender. Se nos escapa. Es libre de nosotros. Es libre de la poesía.


mientras una espantosa locura machaca
y hace de cien millares de hombres una pila humeante
─¡pobres muertos!, en el verano, en la yerba, en tu alegría,
¡oh Naturaleza!, tú que hiciste a estos hombres sanamente─,

hay un Dios que se ríe de las telas adamascadas
de los altares, del incienso, de los grandes cálices de oro.



Le encomiendo la tarea a la yo de dentro de un año para contaros qué otros poetas me han hecho llorar y amar y sangrar. Y os invito a que os dejéis masacrar por estos y a que me permitáis ser masacrada por los vuestros.

¡Felices rimas!