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jueves, 24 de agosto de 2023

En route

Hola, ¿qué tal?


Veréis, la cosa es la siguiente: he escrito un texto muy sentido para Instagram, pero como Instagram es una mierda sólo me ha cabido un trozo y he tenido que publicar lo demás a fragmentos en comentarios. Y me ha dado mucha rabia tener que dejarlo así, de modo que he decidido que al menos aquí se quedaría escrito todo seguido y juntito, como debe ser.

Para entenderlo, sólo necesitáis conocer tres datos:

1. He estado de viaje 25 días en Noruega y me he enamorado profundamente.

2. No quería volver.

3. Me arrepiento de haber vuelto.

Dicho lo cual, os dejo que disfrutéis de mi maravillosa prosa de bloc de notas de teléfono móvil:


Siempre tengo la pretensión de escribir mucho durante los viajes, pero se me acaban cruzando vivencias, cansancio, compañía... y pierdo la capacidad de introspección. Me habría gustado dedicarle más tiempo, durante estas semanas pasadas, a considerar las huellas que lo presente me iba dejando y en especial por qué desde prácticamente el día uno sabía que me resultaría muy difícil irme de allí.

El camino comenzó de forma un tanto accidentada con la Lamongada de turno (si no entendéis el término "Lamongada", lo siento; sacadlo por contexto) cuando, recién llegadas al aeropuerto, me doy cuenta de que mi riñonera (con la documentación dentro) se ha quedado en el asiento trasero del coche, en un aparcamiento allá en el quinto pino. No sería la última vez que buscaría, desesperada, dónde narices estaba mi riñonera a lo largo del viaje: si algo he aprendido es que ese tipo de bártulo, por cómodo que resulte a veces, me da demasiados quebraderos de cabeza porque no soy capaz de responsabilizarme de él.

En Noruega perdí muchas cosas, no sólo la riñonera. Perdí el bloqueo que tenía con el inglés últimamente, el miedo en general a tener que hablar con la gente (en pocos lugares me he sentido tan cómoda haciéndolo) y la dignidad en demasiadas ocasiones; destacando por supuesto el momento de pánico cuando pensé que no iba a poder salir por mis propios medios del fiordo de Sogn, en el cual ya me había costado un poco entrar.

Constaté que a veces mi reacción natural es quedarme congelada viendo cómo las cosas suceden, como cuando un autobús decidió atropellar a alguien delante de mis narices; pero no vamos a hablar de eso.

Una de las cosas que más me preocupaban de irme era tener que conducir un coche automático, cosa que no había hecho en la vida; y, en efecto, el primer día me lo pasé acojonada porque se nos iba el pie izquierdo a embragar y lo que hacíamos era meter frenazos. Por no mencionar que nos lanzamos de lleno a la peor carretera posible con un vehículo que no controlábamos y que, además, era mucho más grande que el que en un inicio habíamos reservado. Recién llegada a Oporto, de nuevo en mi carraquita roja, ésta se me hizo tan enanita que casi eché de menos el Toyota; eso sí, la conducción manual que no me la quiten (por favor y gracias).

Noruega fue mucha carretera, o no tanta viendo el total final de kilómetros conducidos, pero sí intensa: estrechamientos imposibles con murete blanco que indicaba tremendo barranco, túneles de una apasionante variabilidad en cuanto a anchura, oscuridad y pulido de la piedra (ayer me dio la risa haciendo el de Folgoso); curvas bien cerraditas, puentes sinuosamente fascinantes, ¡puentes terminados en túnel!, emes (M), ovejas durmiendo la siesta en el asfalto y esperas para embarcar en ferry con pocas opciones de entretenimiento (según los noruegos).

Noruega también fue, o sobre todo fue, naturaleza. Ritmos pausados en parajes insólitos. Nos llamábamos la atención la una a la otra todo el tiempo, en plan: "¿Estás mirando a la derecha?". Llegado cierto punto, era normal que los paisajes fueran espectaculares y nuestro cerebro ya no reaccionaba con alarma; pero seguíamos quedándonos congeladas contemplándolos. 

El viaje habría mejorado de haber tenido buenas camas en todos los alojamientos, cosa que no sucedió. Hubo noches de elegir el suelo por incomodidad máxima, alguna otra de tener que luchar por evitar despeñarme y hubo unas cuantas horas en Lom, agotadísima como estaba aquel día que (ingenua yo) pensaba que me iba a caer redonda, que me las pasé en la ventana contemplando cómo la iglesia de madera brillaba tenuemente en mitad de la noche, sólo acompañada por el rugido del río.

Con todo (con el cansancio, el sueño, los desangramientos en fiordos, la propulsión de utensilios potencialmente hirientes desde mesas de heladerías, la activación involuntaria de alarmas de incendios y el echar de menos las mamparas de ducha durante casi veinticinco días), allí estábamos, en la última noche en Laerdal, planteándonos pasar de Bergen y quedarnos a vivir justo donde estábamos; y allí estábamos también el día del regreso, muertas tras siete horas de tren en el aeropuerto de Oslo señalando los destinos noruegos y pensando muy seriamente en cambiar nuestro billete.

A lo mejor la introspección llegará con el tiempo y entenderé mejor por qué siento que este viaje me ha dado tanto. Por qué siento que voy a compararlos todos con éste.


O quizá cambie y lo diluya en poesía y no llegue a rumiarlo nunca. 


domingo, 1 de enero de 2023

2022 en conciertos



Madre mía. MADRE MÍA.

El mero hecho de estar escribiendo esta entrada me hace querer chillar de pura emoción. Después de todo 2020 (mi último concierto pre-pandemia había sido Dir en Grey en Berlín a comienzos de año), de todo 2021 y de la primera mitad de 2022... ¡Conciertos! De esos que planeo durante meses con viaje incluido, de los fortuitos, de los que me aceleran el corazón al tratarse de un artista de los que me han cambiado la vida.

Buf. Es inexplicable lo que siento al haber recuperado una parte de mí que echaba tanto de menos. Y es que, si lleváis un tiempo leyendo mis entradas, sabéis que eso es exactamente lo que la música en directo es en mi vida: un trozo indispensable de quien soy y de mi felicidad.
La cuarentena encontró una forma bonita de mantener viva esa emoción gracias a las retransmisiones en directo, pero, a medida que se reanudaban las giras en 2021, eso fue desapareciendo y su ausencia se sumó a los aplazamientos y cancelaciones de los pocos vivos a los que pensaba acercarme.
Total, que llegamos a mayo de 2022 con una sed muy acusada y viviendo en la Costa da Morte (que tanto añoro ahora). Y va el Concello de Vimianzo y se trae a las Tanxugueiras a abrir la temporada de festivales de la primavera-verano, y su (ligeramente accidentada) actuación en la capital de Soneira es mi primer concierto en dos años y medio. No esperaba que se tratara del primero DE UNOS CUANTOS en lo que restaba de 2022, pero aquí estamos.

Así que hoy, mientras despido el año de camino a mi casa desde Austria, donde he estado unos días renovando votos de amor por Rex, un policía diferente; os hablo un poquito de los grandes momentos que me ha dado en 2022 la música en vivo con el deseo de que la racha continúe mucho tiempo.


-Tanxugueiras. Originalmente estaba programado para el 16 de mayo, en medio y medio del puente de las Letras Galegas, pero esa misma tarde lo aplazaron al día siguiente por culpa de las peligrosas rachas de viento, no sin cierta polémica por cómo se gestionó el asunto por parte del Concello.
Como el resto de mi región, yo me había enamorado de Tanxugueiras gracias a Terra y el Benidorm Fest; si bien las conocía de pasada desde antes, no me había animado a escucharlas hasta que se metieron a hacer un sonido más pop combinando sus panderetas y cantos corales con ritmos de reguetón y electrónica.
El concierto fue una pasada, desde el acertado repertorio incluyendo temas más tradicionales y otros del nuevo disco, pasando por una correcta puesta en escena que permitía conectar con ellas y su simpatía natural, y hasta por supuesto el público lleno de niñas con panderetas viviendo su mejor vida.
Es emocionante ver cómo las Tanxus han conseguido despertar en tanta gente joven el amor por los instrumentos y sonidos tradicionales y fue genial vivirlo en un lugar que me ha dado tanto como Vimianzo y que para mí representa lo mejor de Galicia. 

-Sés. También en Vimianzo y como despedida final al curso más especial de mi vida en ese trocito irreemplazable de la Costa da Morte, vi a Sés dar un concierto enmarcado en el Asalto ao castelo: una fiesta histórica que recrea la quema del castillo por parte de los Irmandiños y exalta los sentimientos de libertad y unidad del pueblo. No es una Festa da Istoria de Ribadavia, sino que se trata de un evento mucho más pequeño, y quizá sea eso lo que lo hace tan especial. 
La mezcla de mi tristeza por irme de allí sin saber si volvería (volveré cuantas veces pueda, aunque probablemente ya nunca como profe), la emoción del asalto en sí y el hecho de estar como quien dice en primera fila, hicieron que disfrutara mucho del directo de Sés. No toda su música me gusta y no todos sus mensajes son compartidos por mí, pero valoro mucho la capacidad de una artista de su talla para ponerse al servicio de las cosas en las que cree y defenderlas en cada canción.
El repertorio fue una mezcla de canciones más clásicas y sonidos más rockeros, extraídos del último disco que había sacado en ese momento; y me sorprendió mucho el buenísimo directo que tiene y lo versátil de su voz en géneros bastante diferentes.

-Wucan. Nuestros últimos días de viaje alemán de este verano (que básicamente consistió en algunas de las ciudades de Baviera y Baden-Württemberg como Frankfurt, Stuttgart, Freiburg, Nüremberg, Augsburg, Sigmaringen...) los pasamos en Múnich tomándonoslo con calma, dándonos tiempo para planes como echar media tarde en una piscina (LA DE SUSPIRIA, NI MÁS NI MENOS, YA OS LO CONTÉ) o dedicar lo que pareció una eternidad a consternarnos y horrorizarnos en el campo de concentración de Dachau. Fue precisamente ese día, el de Dachau, cuando decidimos mientras desayunábamos que deberíamos buscar un concierto al que ir por la noche ya que iba a ser la última vez que pudiéramos hacerlo. Encontramos entradas para un grupo que se llamaba Wucan y sonaba bien en Spotify, a rock psicodélico muy clásico y muy bien tocado; y allí que nos fuimos. 
Gracias a Wucan, descubrimos lo que es un festival alemán de música y más cosas, el Free & Easy Festival, en el Backstage Kulturzentrum, una especie de jardín a varias alturas, con áreas interiores y exteriores, puestos de comida y cerveza y un ambiente peculiar con gente de todos los estilos y edades. Convivían a la misma hora conciertos y monólogos, por lo que nos dejamos caer por varias de esas actuaciones, pero el grupo al que dedicamos más tiempo fue Wucan, pese a que en aquel espacio laberíntico nos costó encontrar la diminuta sala en la que tocaban, que acabó tan llena que no cabía ni un alfiler.
Pese al agobio, la actuación me fascinó. Es de esas bandas que escuchas en directo y son infinitamente mejores que la música grabada, sobre todo porque su cantante, Francis Tobolsky, es una bestia escénica que hipnotiza con su voz descomunal, su aspecto de Amazona de Harlock Saga y el dominio espectacular de la flauta travesera y el theremin en un despliegue de psicodelia delicioso. 
Son un grupo pequeño que no toca mucho fuera de casa, así que me encantaría volver a coincidir con ellos si algún día regreso a Alemania porque me impactaron mucho.



-Raphael. No lo escondo, soy fan de Raphael y le rezo a la vida por que dure mucho, ya que su mera existencia me da fe en la humanidad. Ya había actuado en los conciertos de verano de Castrelos, en Vigo, en años anteriores; pero siempre me pillaba fuera. Por primera vez, se alinearon los astros y me pilló Raphael estando en Vigo y me gocé su actuación como una enana. 
Sorprendente y admirable que se encuentre en tan buena forma física, con una voz envolvente y un repertorio largo y variado. Tocó todas sus canciones míticas, incluida mi favorita Qué sabe nadie, así como algunos temas más recientes que no conozco tanto y alguna que otra versión como La llorona.
Para mí fue un disfrute poder verle. Me pasé casi dos horas con una sonrisa de oreja a oreja de la ilusión que me hacía estar allí.

-Salvador Sobral y Abe Rábade. En la misma línea de Raphael está para mí Salvador Sobral, ya que en ambos casos son artistas cuya música no escucho continuamente pero que admiro y me transmiten cosas bonitas. A Sobral le cogí especial cariño durante la cuarentena, cuando se dedicó a hacer directos de Instagram cantando de todo, incluidos los himnos de casi todas las Comunidades Autónomas de España. 
Este concierto se enmarcaba en el Festival TerraCeo, en la azotea del Auditorio Mar de Vigo con una vista maravillosa del atardecer tras las Cíes. Fue una actuación peculiar, desenfadada, que incluyó temas propios, versiones, poemas musicados y alguna que otra pieza del pianista que le acompañaba. Un batiburrillo especial salpicado de intervenciones habladas simpáticas que sacaban hierro a un estilo de música que normalmente se percibe como serio, pero no tiene por qué serlo.
Sobral es todo sensibilidad cuando canta y me puso la piel de gallina en más de una ocasión durante la velada.

-Iggy Pop. Lo cierto es que medio vi a algún que otro grupo más en el Festival Latitudes (¿se nos ha ido de las manos el número creciente de festivales de música? Se nos ha ido de las manos el número creciente de festivales de música), pero mi interés verdadero era Iggy Pop y sólo para él estuve de pie y a tope, muy cerca del escenario, muy cerca de la leyenda.
Honestamente, a estas alturas de la vida ya no contaba con verlo nunca. Allí, ante la iguana del rock, que sigue siendo un auténtico jefe que se merienda el concierto, pensaba en David Bowie y cómo de alguna manera ver a Iggy me acercaba también a él.
Iggy es una bestia parda. Tiene sus años, su cadera descolocada que imagino que tiene que doler mucho después de las actuaciones, y una personalidad desbordante que hace de un hombre bajito y menudo un auténtico huracán. La voz poderosa e impecable, la actitud más punkarra que nunca y un sentido del humor oscuro siempre presente dominaron una actuación maravillosa.
Me sentía en una nube flotando muy alto mientras Iggy se comía Vigo interpretando temas tan míticos como I wanna be your dog, Lust for life, The passenger o Gimme danger; pero también canciones recientes como James Bond o Free. 
La banda que lleva consigo es maravillosa, con mención especial a la guitarrista Sarah Lipstate, y en lo personal veo a Iggy en un momento maravilloso de su carrera, haciendo como siempre lo que le da la gana y participando en proyectos tan hipnóticos como The Dictator de Catherine Graindorge o You want it darker de Here It Is; y sacando temas nuevos que son una maravilla, como su más reciente Strung Out Johnny. 
Ojalá le queden muchos años por delante de desbordar talento porque, aunque se empeñó en decir unas cuantas veces que estaba mayor y algún día tendría que morir, yo lo vi más vivo que nunca.



-Placebo. La temporada de conciertos en Galicia estaba siendo increíble y el anuncio de un grupazo como Placebo en el Expourense sólo la mejoró. Placebo es una de esas bandas que llevan en mi imaginario desde la adolescencia y que me resultan icónicas e incuestionables. 
La actuación formaba parte del paquete de conciertos del Xacobeo y a nuestro alcalde pareció molestarle tanto que no sólo no le hizo nada de publicidad, sino que encima se dedicó a escribir mentiras al respecto de la cantidad de entradas vendidas en relación con el aforo permitido en el local; un imbécil el tío, siempre y en todo lugar.
La realidad: un directo PERFECTO. Sonaron a gloria, tocaron sus temas más conocidos además de bastantes canciones de su maravilloso último disco Never let me go. El sonido fue impecable, música en directo de una calidad intachable. Hubo rock, hubo indie, hubo psicodelia y hubo un gran repertorio. 
Su relación con el escenario y con las canciones les convierte en uno de esos grupos que quizá no conecten tanto con la audiencia por interacción directa como lo hacen a través del sonido.

-Muse. Era la segunda vez que los veía y no sé si me hacía más ilusión el concierto en sí (dado que es un grupo que me gustaba mucho hace años, pero cada día lo hace menos) o pisar por fin el interior de Balaídos, donde no había estado nunca ni lo habría hecho de otro modo porque odio el fútbol.
Justo al contrario que Placebo (y también justo al contrario que cuando los había visto en el Monte do Gozo de Santiago hace años), Muse no tuvo un gran sonido y supongo que se debe más a la acústica del campo que a otra cosa. Tampoco hay que olvidar que el campo de fútbol todavía está sin terminar su remodelación y entre los espacios, los andamios en uno de los laterales, que medio estadio estaba cerrado al público... En fin, las condiciones no ayudaron.
El repertorio fue acertado, incluyendo sus grandes temas de cada disco y por supuesto varios del último, que para mí es un batiburrillo muy extraño pero tiene algunas canciones que se dejan escuchar.
Estuvo bien, con mucha parafernalia, Matt más cercano de lo que lo recuerdo en Santiago y diversión garantizada. Me lo pasé muy bien.

-Alter Bridge (con Mammoth WVH y unos TREMENDOS Halestorm). Alter Bridge. Ellos. ELLOS. Creo que nunca he llegado a explicaros correctamente lo importante que ha sido este grupo para mí en los últimos años. 
En diciembre de 2019, mi última visita pre-pandemia a Madrid me llevó a un concierto de mis queridos Shinedown y otro grupo al que no había escuchado mucho: Alter Bridge. Escribí una crónica al respecto a mi vuelta y ya dejaba caer que los segundos me habían enamorado, pero aún no sabía que me iba a pasar muchas horas de aquella época metida en el coche, viendo llover y encontrando comprensión, confort y fuerza en sus canciones.
Alter Bridge me pilló en un momento donde vivía en un sitio que no me encantaba (aunque luego le cogería todo el cariño del mundo), no tenía amigos cerca y en el trabajo no podía ser más infeliz con unos compañeros competitivos, retorcidos y con valores cuestionables. Me costaba muchísimo entrar en el colegio por las mañanas, iba totalmente a mi rollo y me pasaba las tardes-noche intentando respirar profundo e impedir que me invadiera la ansiedad. 
Que llegue un grupo que canta con toda honestidad que las dificultades están ahí, que la vida es difícil, pero que depende de uno mismo salir adelante y mejorar; uf, fue crucial. De alguna manera, no habría sobrevivido sin ellos.
En 2022, casi tres años más tarde, Alter Bridge me llevó de vuelta a Madrid, la primera visita desde 2019. Me hospedé en el mismo hotel de Callao (y me adjudicaron la misma habitación), cogí el mismo metro hasta Vistalegre y escuché casi la misma setlist, salvo porque unos poquitos temas desaparecieron para dejar paso a otros de su grandioso último disco, Pawns & Kings.
Ha sido muy distinto volver a escuchar las mismas canciones desde el conocimiento, más emocionante. Canté muchísimo, me dejé la garganta, las piernas y hasta hice amigos en las incomodísimas gradas donde NUNCA MÁIS me veréis intentar encajar.
Alter Bridge son pura humildad, hay pocos grupos que me transmitan esa sencillez y normalidad de unos músicos que simplemente se suben al escenario a transmitir un mensaje y hacer magia. 
Me ha hecho muy feliz su nuevo disco y me hizo muy feliz volver a verlos, y ya estoy deseando el próximo encuentro (maldito Resu).


En fin, que 2022 ha sido maravilloso en lo que a música en directo se refiere porque por fin eso que tanto amo ha vuelto a mí.
Y pasa una cosa curiosa con las cosas que se recuperan: las normalizamos de nuevo como si no hubiera habido un período donde no las teníamos en absoluto. Intento recordarme cada vez que no, no es normal. Que hubo dos años en que coger un avión, plantarme en Madrid y ver a mi grupo favorito no era posible. Que puede volver a pasar en cualquier momento.
Y que por eso no tengo que darlo por sentado y me debo a mí misma el disfrutar al máximo de cada una de esas oportunidades.


¡Feliz 2023, que sea amable con vosotros! 

lunes, 1 de agosto de 2022

Suspiros en la selva: recorriendo algunas de las localizaciones de Suspiria de Dario Argento

What it's like in the night

to sleep alone with the thunder and light?

What it's like in the night

to sleep alone with those demons inside?

And you're dreaming someone else's dreams

and there's no one to hear you scream.


Hola, soy una friki. 

Lo digo lo primero de todo antes de que nadie se haga una idea distinta. Me obsesiono con cosas y acaban ocurriendo locuras como que me he ido dos semanas al sur de Alemania (Baviera y Baden-Wurtemberg) y me he hecho una ruta de localizaciones de una película de terror italiana de finales de los 70. 


Suspiria (1977), de Dario Argento, es una cinta que llevaba muchísimos años presente en mi imaginario personal antes de haberme sentado a verla y que, cuando por fin lo hice, generó en mí una obsesión activa que duró meses y con el tiempo se fue diluyendo en cariño profundo y eterna admiración.

Lo dije cuando la reseñé en este mismo blog: es un filme hipnótico que se acaba y te deja dentro de su extraño mundo gracias al maravilloso uso de la arquitectura y la decoración, de los colores como pilares maestros de la narración, de la luz y su entumecimiento por medio de las cortinas, de una banda sonora inquietante y pegajosa que se te impregna en la ropa y en el pelo como los olores fuertes.

Cuando vi Suspiria, hace pocos años, me lancé de cabeza a investigar dónde podía encontrar esos escenarios Art Deco y Art Nouveau con los que quería casarme; marqué Freiburg im Breisgau en Maps y seguí con mi vida como si nada. 

Tras lo felices que nos hizo el año pasado nuestro road trip por gran parte de Francia, mi amiga Laura y yo queríamos realizar algo similar en otro país europeo este verano, pero los precios del combustible y el hecho de que Alemania sacara un abono de transporte maravilloso de 9 euros al mes nos llevaron a embarcarnos en una suerte de Interrail por el sur de dicho país, con el que siempre he tenido lazos al haber vivido en él una parte importante de mi familia y al que sin embargo no conocía; sólo había pisado Berlín por un par de días, justo antes del arranque de la pandemia.
Pues bien, ahí me tenéis, buscando un punto donde quedarnos un par de días tras nuestro paso por Stuttgart, un lugar neutral donde dormir y desde donde movernos; sugerí Memmingen, a lo que mi amiga contestó que sólo tenía 40.000 habitantes y a lo mejor convenía mirar un sitio más grande. Y ahí estaba ella: la marca verde de "quiero ir" en una casa de color rosa en mitad de la capital de la Selva Negra. Sin molestarme en explicarle el motivo, mi siguiente idea fue que durmiéramos dos noches en Friburgo, y por lo que sea a mi amiga le pareció bien. Quizá en algún momento hable de la ruta tan absurda que nos marcamos, seleccionando destinos demasiado distantes entre sí y sin seguir un orden lógico; con todo, me ha encantado conocer todos esos sitios tan diferentes entre sí y darle un poquito de identidad a mi Alemania mental.

El 27 de julio visité la Haus zum Walfisch, la Casa de la Ballena, "mi casa" (ya le ha quedado el apelativo para los restos). Y, pocos días después, despertaba en München y me aventuraba a ver cara a cara varias de las otras localizaciones de Suspiria.
Hoy, ya en mi casa, asada de calor y hasta las narices de las noticias sobre incendios tanto en mi provincia como en las vecinas, os traigo una pequeña relación de sitios que aparecen en la cinta de terror más bella de la historia y os cuento qué me parecieron tanto los sitios como volver a encontrarlos, hace apenas unas horas, en el revisionado obligado que he realizado de la película.


Localización 1: Haus zum Walfish, en el 5 de Franziskanerstrasse, Freiburg im Breisgau







Tengo entendido que acoge las oficinas de un banco (por el día había algunas luces encendidas; de noche aquello estaba cerrado y vacío). Lo primero que destaca en la fachada principal, aparte de la maravilla colorida de su portada gótica, es la placa que informa de que en ese mismo lugar vivió en su día Erasmo de Rotterdam; no recordaba que uno de los primeros planos de la propia Suspiria es el de ese cartel.

En la película, la Casa de la Ballena, o mejor dicho partes de ella con alteraciones, sirve como exterior de la escuela de danza donde se sitúa la acción y su solo aspecto, junto con la lluvia que acompaña los planos y la banda sonora de Goblin, genera angustia desde el primer momento. En la realidad sólo da mal rollo si se la relaciona con el cine, porque lo cierto es que es simplemente preciosa. 


Localización 2: Müllersches Volksbad, Rosenheimer Strasse (Múnich).








Otro punto que había marcado hace años en mi mapa era la piscina donde Susy y Sara nadan en una escena, un edificio Art Nouveau bellísimo en el que no esperaba poder entrar, mucho menos NADAR. Sí, he nadado en la piscina de Suspiria, ¿cómo de loco es eso? Y es que funciona como piscina(s) pública(s) (hay dos en el mismo recinto), a razón de 3,50 euros por una hora y media y con un ambiente peculiar, ya que no hay calles para nadar y la mayoría de la gente está simplemente a remojo, sin gorro ni nada, tan felices.

No puedo explicar lo que sentí estando allí dentro, ya no sólo como fan de Suspiria, sino como enamorada que soy del modernismo. Era como haber viajado en el tiempo ya que todos los elementos parecían mantenerse como a comienzos del siglo XX, desde las puertas y ventanas hasta la caligrafía de cada taquilla, pasando por las fuentes y los techos y los relojes de las dos piscinas. Absolutamente apabullante; tendríais que haberme visto haciendo el muerto, flipando con la decoración encima de mí y pensando en si aparecería alguna bruja griega a matarme allí mismo. El único elemento que sugiere que ese lugar no se quedó congelado en el tiempo es el sistema de cuantificación del tiempo: una tarjeta magnética registra la hora a la que has entrado y al salir hay una máquina que te dice si debes pagar o no un sobrecargo por pasarte. 

En Suspiria, sale la piscina grande (a la que no le pude sacar fotos porque el único acceso desde arriba era a través del vestuario masculino) y apenas aparece brevemente, ni siquiera se da en ella ningún suceso reseñable; sin embargo, es tan bonita y su arquitectura contribuye tanto a generar ese ambiente de inquietud y desconfianza, que no se puede olvidar. 

Si pasáis por Múnich, os recomiendo un remojo o dos en ella; yo repetiré algún día. Está en pegadita al río y a un paseo muy agradable de Marienplatz.


Localización 3: Königsplatz, Múnich 





Una de las escenas que inicialmente más me impactaron de la película, quizá por ser completamente distinta de las otras tanto en protagonistas como en escenario, sucede en una plaza con grandes edificios de estilo clásico. No la tenía ubicada hasta que me di cuenta de que llevaba dos sitios de la película vistos y me dio por investigar.

La Königsplatz es un colosal espacio edificado en el siglo XIX y que, si queréis mi opinión personal, resulta una bestialidad en todos los sentidos de la palabra. Hay algo que percibimos de forma reiterada en Alemania y que yo ya había notado en alguna zona de Praga y Varsovia anteriormente, y es una tendencia a la megalomanía en forma de plazas, avenidas y edificios que parecen creados para personas de un tamaño muy superior al humano. La Königsplatz alberga museos que justifican el aspecto de sus tres "templos" y también es verdad que la pillamos en obras, pero la recordaré como un sitio agobiante de lo excesivo que resulta.

No pudimos caminar por ella como lo hace el personaje ciego de Suspiria, pero sí que tuvimos exactamente la misma perspectiva que sale en plano desde las escaleras de la Glyptothek, un museo de escultura griega.


Localización 4: Hofbräuhaus, Platzl 9, en München







Un sitio turístico al punto de tener cervezas y merchandising propios, conocido fundamentalmente porque entre sus cuatro paredes Hitler y compañía proclamaron el programa del Partido Nazi en 1920. 

Es tan impactante verte allí, al ritmo de una banda que podría estar sacada de cualquier aldea gallega, rodeada de camareros disfrazados de bávaros (es bastante habitual en sitios "típicos alemanes" y me genera un poquillo de vergüenza), mientras piensas en Hitler con sus cinco micrófonos y la esvástica de fondo; como lo es recordar que el mismo sitio salía en una escena de Suspiria. 

No recordaba que en la misma película se dejaba ver que era un lugar para turistas; pero sí, se muestra abarrotado de gente y con una actuación de danza bávara en medio de los comensales. 

Aunque en la cinta sólo sale la zona más austera de la cervecería, hay que reconocer que es bonita y tiene una parte con techos pintados que son cuanto menos reseñables. Con todo, es de esos puntos para ir una vez por la curiosidad, y hasta luego, Maricarmen.


La otra gran localización que me quedaba por ver en Múnich, y a la que además le tenía ganas por estar junto al BMW Welt, es la torre de BMW de la ciudad, un edificio formado por cuatro cilindros apoyados en un pilar central. Aparece en una sola escena en Suspiria, la única que rompe completamente con la atmósfera de la cinta y se presenta como la dosis de realidad y sensatez (al menos en un inicio) en contraposición con los colores estridentes y el agobio de la academia de danza. En cierto modo, pareciera que Argento contrapone las formas más funcionales de la arquitectura moderna, con la ornamentación por la ornamentación, mucho más emocional, del Art Nouveau. 
También sale en la película el aeropuerto de Múnich, pero dudo de si es el mismo que existe actualmente y en cualquier caso su aspecto es completamente diferente del actual.


Para otro viaje dejo la Villa Capriglio de Turín, que está en ruinas pero sirvió también para algunos planos. El amor de Dario Argento por la capital del Piamonte es algo que todavía no me resulta familiar y que posiblemente deba investigar un poco.


Sobre qué me ha parecido Suspiria hoy, 1 de agosto de 2022, tengo que decir que me mantengo en mis trece: el guión (pobre) no importa, los personajes (meh) tampoco importan. Lo que hace de la cinta una película de culto es cómo de ese guión y de esos personajes se crea una obra de arte. 
Suspiria es puro cine, pura recreación en lo estético y el poder de la ambientación. El terror no reside en lo que pasa sino en cómo y dónde pasa; no en lo que se ve, sino en lo que esconden las ventanas. 
Hay varias cosas que he notado en el revisionado que no había visto antes o no recordaba, como la forma en que los árboles del principio son un claro reflejo del terciopelo azul (pregúntenle a Lynch) del final; o el tratamiento de los personajes extranjeros como fuente de desconfianzas varias, de miedo, de misticismos reales o imaginarios (un poco al estilo de Calibán en Shakespeare). 
Es una cinta sobre bailarinas donde la danza resulta asfixiante, fuente de agotamiento físico y mental y casi se podría decir que motor del delirio psiquiátrico colectivo que se cierne sobre las estudiantes de la escuela (nunca sobre los personajes masculinos, nunca sobre los trabajadores, nunca sobre el único niño que aparece en la cinta y que cumple un papel muy específico). Una historia protagonizada por mujeres que se desdibujan en la paranoia y donde acabamos encontrando una dualidad entre víctima y bruja, mujer contra mujer y su protagonista, la única capaz de sobreponerse al estereotipo arcaico de mujer-bruja y salir ilesa a la lluvia liberadora.
El guión tiene los suficientes huecos como para no poder realizar un análisis profundo de estos elementos, pero encontrarlos al ver hoy la película me ha dejado un regusto más dulce que el que esperaba encontrar, basado únicamente en los aspectos estéticos.

Pasan los años y Suspiria, como los lugares donde se rodó, sigue siendo poesía.

domingo, 13 de marzo de 2022

Favoritos de enero y febrero


Venga, que yo puedo. Me está costando la vida sentarme a escribir esta entrada, y mira que un texto en formato "Favoritos" es lo más anodino y menos trabajoso que se puede redactar. Pero llevo una temporadita un poco desganada de "hacer", creo que consecuencia de la sobredosis de estrés que me genera la burocracia en el trabajo; y con necesidad de "estar", sin más.

Como siempre cuando llegan estos períodos, toca obligarse un poquito, aunque no sea a grandes cosas. Así que aquí vamos con la primera entrada de Favoritos de 2022, que no sé decir a priori si viene o no potente porque no recuerdo nada de los dos pasados meses, así que me toca ir a redes (Filmaffinity, Instagram, Lastfm...) e ir descubriéndolo junto con quien me lea.


Cine:

¡Ah, sí! Que he vuelto a las salas de cine. Sé que el año pasado ya fui un par de veces, pero este arranque de 2022 he ido otro par. Y espero continuar, aunque no haya demasiados títulos que me atraigan. Pero el mero hecho de estar en el cine con ningún otro estímulo que la cinta en gran pantalla me hace ilusión. Lo de ver cosas en casa está bien, pero como que me he acostumbrado a hacerlo mientras juego a Uno en el móvil o recorto materiales para el colegio. Y echo de menos lo que mola, simplemente, ver una película. Así que, aunque me han parecido bastante meh tanto Muerte en el Nilo como Belfast (ésta mucho mejor que la primera), pues la experiencia me la quedo.

Pelis que sí me han encantado:

-Carol (2015). Le tenía muchas ganas y por fin, durante las vacaciones de Navidad, me animé a ponérmela. Tiene algunos estereotipos e idealizaciones un pelín esquemáticos, pero si uno se deja llevar resulta maravillosa. Las interpretaciones de Rooney Mara y Cate Blanchett atrapan, su relación está retratada con delicadeza y las reflexiones sobre el machismo social y la maternidad me parecieron muy acertadas sin caer ni en moralejas ni en un excesivo melodrama. El final es un poco Disney, pero tampoco le pido otra cosa a una película navideña. La cinta es cálida, me emocionó y me dejó con ganas de volver a verla, y eso es una victoria.

-Wild Rose (2018). Una suerte de Frances Ha escocesa, esta película de Tom Harper nos cuenta el proceso por cual una joven con una vida muy desordenada hace las paces con el hecho de que tiene dos hijos de los que no quiere ser madre. Es un continuo tira y afloja entre lo que Rose, la protagonista, desea de su vida; y lo que el deber le impone como madre de esos niños. Una permanente dicotomía entre los sueños y las certezas. Es bastante realista y consigue que a ratos estemos a tope con el sueño de Rose y en otros momentos nos parezca una absoluta irresponsable.

-Belladonna of sadness (1973). ¿Veis como estoy desganada? La he dejado de última por evitar el momento de ponerme a escribir sobre ella. Siento que no sé cómo hacerlo y que cualquier cosa que diga va a resultar una miseria con respecto a lo que merece esta cinta que se cuente de ella.
El resumen: ES IMPRESIONANTE. Es una de esas películas que se van a quedar conmigo toda la vida, sin lugar a dudas. Es algo distinto a nada que haya visto antes, es innovadora y rompedora y es del 73. 
Otra cosa que debo decir de antemano: NO CREO QUE PUEDA VOLVER A VERLA. Me flipa, me fascina, me obsesiona, pero dudo que tuviera estómago de volver a pasar por ahí. Primero, porque el estilo de dibujo y la música del anime de estos años siempre me han generado agobio; segundo, porque la propia trama es absolutamente asfixiante de por sí.
Y funciona como un todo, también. No podría volver a consumir una escena aislada, porque es para verla toda junta y entera. Es el perfecto ejemplo de que también en casa se puede ver cine sin apartar la mirada ni estar capturando un Pokémon a la vez.
Vale, dejadme ir al lío: Belladonna of sadness es EXTRAORDINARIA. Es una película de animación que apenas contiene animación, que se basa mayormente en imágenes estáticas y que sin embargo resulta arrolladoramente expresiva e hipnótica, que nunca se hace lenta o pesada, ni siquiera a la luz del siglo XXI. Una película dirigida a comienzos de los 70 por un señor japonés, y que gira en torno a la liberación sexual y el empoderamiento de la mujer. Una obra sobresaliente en todos los sentidos: en el acierto de todas y cada una de sus imágenes, dibujadas con estilos diferentes en función de la escena y el mensaje (desde la acuarela a la psicodelia pop); en una banda sonora inseparable de la cinta, que no acompaña sino que narra, y que es puros años 60; en el viaje de la heroína, que arranca la narración en la más pura inocencia, sucedida del ultraje, y deberá ir descubriendo su propio poder por medio de la apropiación de su sexualidad, que no le pertenece a nadie más que a ella.
Una película que analiza el machismo estructural, así como los comportamientos del pueblo como masa a merced del poderoso. Una película que fascina a la par que agobia, que no se puede ir de la memoria por más que pase el tiempo. Una cinta totalmente atemporal y rompedora en el contexto en el que se gesta, provocadora, explícita de la forma menos explícita posible, como un viaje de LSD.
Hay un par de cosas que sí han envejecido: el retrato de la sexualidad exclusivamente por medio del pene (en una masculinización del placer que resulta paradójica dada la historia que estamos viendo), y cierta romantización de la violación. Sin embargo, son cosas que no le restan mérito alguno a esta película, sin duda de culto, que camina a pasos agigantados.
La secuencia final es, sencillamente, maravillosa. He visto pocos finales más apoteósicos.
Resumen: VEDLA. Aunque sea una vez en la vida. Obsesionaos para siempre.
Trigger warning: hay VARIAS violaciones.

Series:


(Creo que) no he visto ninguna aparte de mi revisionado de Love Shuffle (2009), dorama que hacía un tiempo que no caía pero al que le he pulsado play varias veces a lo largo de los años. Love Shuffle es un lugar feliz, y eso que a mis 33 ya le voy viendo los problemitas y las tontunitas que no le apreciaba cuando era más joven. Hay clichés, hay interpretaciones reguleras, hay tramas subdesarrolladas y en las que luego pasa todo de golpe (Jdrama style) y hay infinitos problemas de comunicación entre sus personajes. También aparece el típico tratamiento un poco problemático del único personaje no hetero de la historia, una banalización tremenda del suicidio (trigger warning de nuevo) y algunas relaciones con diferencias de edad y de posición de poder que dan para cuestionárselas. Con todo, es que me lo sigo pasando genial viéndolo. Me río mucho con sus historias y sus personajes, les tengo cariño a todos y aún me emociono con la historia de amor de Ojiro y Kairi, aunque sea todo un poco lol. Es muy fruto de su época e incluso contiene un punto feminista para su contexto (aunque hoy y aquí esta reivindicación resulte lo opuesto), y eso, que se hace querer. Lo voy a volver a ver muchas veces, fijo.
P.D.: Lo guapísimo que es Shota Matsuda y lo que pierde cada vez que lo quieren mostrar como tiarrón medio desnudo y es un tirillas. Y en esta ocasión también me ha parecido guapísimo Shosuke Tanihara, en plan guau.

(Creo que) no he visto nada más.


Libros:




Creo que Ah, pues he conseguido terminar un total de UN (1) título. Y era bueno. Y breve. Sintetiza muy bien mi estado estos meses. Pero es un fav incontestable:

-Rebelión en la granja, de George Orwell. ¿Es mi primer George Orwell? Es mi primer George Orwell. Así de incultos somos por aquí. Quería empezar con algo "ligero" y no lo ha sido, aunque sí lo ha sido. Es que es muy difícil explicar lo genuinamente BUENO que tiene que ser un escritor para en una novela de menos de 150 páginas y redactada con un estilo directo y sencillo, en forma de fábula de animales, pueda haber abarcado todos y cada uno de los aspectos que hacen de un totalitarismo (cualquiera de ellos) un arma tan peligrosa y fácil de colar en los estrados. Por medio de un cuento de animales de granja, nos habla del pueblo como masa vulnerable y manipulable, del tirano que se aprovecha de una causa justa para imponerse como un héroe, de las pequeñas cosas que se van alterando en la memoria colectiva hasta resultar indescifrable dónde se encontraba la verdad. Habla de la prensa, de la oposición y su precio, del aborregamiento, de la figura por norma pusilánime del dictador. En menos de 150 páginas, con una redacción carente de florituras y desnuda de reflexiones. Una mera exposición de los hechos, uno tras otro, sin más. Una novela absolutamente visionaria y candente en el hoy. Guau. Cómo de bueno tienes que ser para escribir esto...


Música:

Vale, gracias por existir, Lastfm; me facilitas mucho el trabajo. Maravillas de estos meses:

-Layin' Low de Hyolyn (con Jooyoung). 


Cuando anunciaron que este nuevo single de mi diosa y musa era una colaboración con la maravilla de cantante que es Jooyoung, reconozco que estaba esperando un videoclip cargado de tensión sexual entre los dos como su antigua colaboración Erase, donde los shippeé mazo. No ha sido así y la única que desprende sexualidad por cada poro es ella, que se ha lucido en un regreso a por todas: baile dificilísimo, voz perfecta siempre, una presencia de diva total sobre el escenario. Adoro a esta mujer y me da pena lo infravalorada que está en una industria donde el éxito dura sólo tres años. 

-Terra y Averno de Tanxugueiras. 


Qué voy a decir, aparte de lo maravilloso que es tener a estas señoras haciendo que la cultura gallega se conozca en lugares donde de España sólo se identificaba el flamenco. Para mí, ha sido muy emocionante verlas a las puertas de Eurovisión (sin comentarios sobre el proceso de selección) y es fascinante cómo se superan a cada trabajo que sacan. De Averno, en concreto, aún no he superado el impacto de esa aparición mágica del peliqueiro, cómo en un par de segundos se ha plasmado a la perfección su naturaleza. Guau, de nuevo. Qué maravilla. Especialmente, teniendo en cuenta que los de Laza no se prestan a cualquier cosa y con estas chicas han colaborado sin dudarlo. Muy bien todo.

-All about you, de Birdy. 


Ay, qué bonita. No me gusta todo lo que saca esta chica; pero lo que me gusta, me encanta. Su voz tiene una calidez que me atrapa siempre. 

-Halo (DISCO) de Amorphis. 


Mis Amorphis han regresado con un nuevo álbum completo y reconozco no haberme puesto aún a escucharlo en la profundidad que merece, pero de primeras me ha parecido maravilloso cómo nunca sacan un trabajo vacío o mediocre. Todos sus discos son buenos, siempre. Es un trabajo que recoge muchos de los testigos auditivos de sus dos predecesores, pero que aun así se las ingenia para sonar diferente, con melodías que no habían aparecido en otros discos de Amorphis. Lo digo siempre, pero me enamoré de ellos en directo y me muero por verlos de nuevo en directo. Qué ganas.

-Superpop (DISCO) de Belén Aguilera. 


No soy muy de pop español y definitivamente no soy nada de la estética que esta chica lleva últimamente, pero el disco me ha sabido a gloria. Belén podría ser una cantante de tantas para mí, pero hay dos cosas que me enganchan a sus trabajos cada vez: la primera es una forma de cantar, con giros a lo negra del r'n'b, que no conocía en nuestro idioma; la segunda son las letras con las que me siento tremendamente identificada y que abordan la inseguridad, el miedo, los complejos... Es un disco casi catártico para mí.

-Stay alive, de Jungkook (y Suga) de BTS. 


Siempre va a haber algo de ellos, podéis resignaros ya. Jungkook ha sacado su primer canción oficial en solitario, tema de un webtoon, y es una balada preciosa. Digo lo mismo cada vez, pero es que saben dar en el clavo o quizá es que ya mi mente reacciona a los estados de ánimo que impone su música por el cariño infinito que les tengo. Es como si todas sus canciones llegaran en el momento justo. Pues con Stay alive he llorado lágrimas sanadoras y me he sentido muy arropada. Y ya está.


Viajecillos y experiencias:


¿Estoy descubriendo por fin mi provincia? Estoy descubriendo por fin mi provincia. No le oculto a nadie que Ourense es casi sin duda mi provincia menos explorada de Galicia. Y es que cuando estoy allí suelo ceñirme a mi casa y poco más, y me cuesta salir a explorar los alrededores.
Por eso, me siento orgullosa de haber arrancado el año dándole alguna que otra vueltecilla. Podéis culpar de ello al Entroido, que por fin ha vuelto y yo me reafirmo en que mi versión favorita de él es la rural, la que implica que el sonido del folión resuene entre las montañas como si se hubiera abierto la puerta del Averno. 
Este Carnaval lo he pasado entre Vilariño de Conso y Viana do Bolo y me he enamorado tanto de sus Entroidos que ya estoy pensando en volver a verme allí el año que viene. Hay algo en estas celebraciones tradicionales que a mí me agarra a mi tierra como no lo consigue ninguna otra. El Entroido es pura raíz, pura cultura, pura fiesta.


Además de estos lugares, también me dejé caer por la Boda da Pita de As Eiroás y por las calles disfrazadas de Ourense.

Estos meses, también he hecho algunas otras excursiones, tanto por mi ya pateadísima Costa da Morte, como a las Cíes en Vigo o a la zona de Ancares/Bierzo, a caballo entre Lugo y León (literal: dormí en una estación de servicio en la misma frontera). Esta última excursión me dejó con muchísima sed de volver por esa zona, bellísima a todos los niveles y culinariamente muy satisfactoria. Me enamoré de O Cebreiro, de Las Médulas, de Balboa y de todo a su alrededor.

Deseo poder seguir conociendo bien Galicia (y León, que me tiene engatusada) y viajar un poquito más lejos en cuanto me sea posible (¿adivináis quién pensaba hacer el Transiberiano este agosto?).


¡Sed felices!

jueves, 4 de noviembre de 2021

Favoritos de septiembre y octubre


He empezado a escribir el título en gallego, y de repente me he dado cuenta. Así está mi vida este curso: maestra en una escuela unitaria de aldea con siete alumnos riquiños pero mucho estrés burocrático, y hablando veinticuatro horas en gallego porque gracias a Dios en esta zona eso todavía se estila.

Lo más curioso es que sigo en la Costa da Morte. Lloré mi despedida de Fisterra en junio, pero no me he ido muy lejos. Hace apenas un par de semanas que cogí el coche un día cualquiera y lo dejé en el pueblo para hacerme el camino al faro, cosa que planeo seguir haciendo de vez en cuando porque Fisterra es un lugar especial en mis recuerdos. 

Lo hablaba el otro día con mi padre: desde que soy interina en Galicia y me muevo por mis propios medios (porque el año de Mondoñedo estaba muy verde con el coche y hasta finales de curso no me atreví a hacer el trayecto entero entre allí y Ourense), he hecho dos años la misma ruta y otros dos otra también igual. Me explico: después de Mondoñedo estuve en Betanzos, y al curso siguiente en Ferrol; mismo recorrido, sólo un pelín más largo en el segundo caso. El año pasado tocó Fisterra y ahora trabajo en Vimianzo; nuevamente, mismo trayecto salvo el último trocito.

Quizá el próximo sea el año de limitar un poquito mi mapa de Galicia para no tener que meterme dos horas y media cuando quiero ir a la casa de mis padres. De momento, me dedico a reflexionar sobre que cuando visité esta zona hace sólo tres años me resultaba novedosa y desconocida, y ahora ya me siento parte de aquí. No creo que pueda no ser un absoluto Favorito el haber pasado dos cursos de mi vida en este rincón del planeta.


Vamos con los Favoritos de este mes:


Cine

-God's daughter dances (2020). Un corto muy sencillo sobre la realidad de una mujer trans en una circunstancia muy particular. Me pareció bien actuado y que se vale de un tono amable y cargado de purpurina para explicar una situación muy difícil.


Series


Sí, seguimos con las series. Me lo dicen hace un año y no me creo que esté consumiendo ficción audiovisual episódica de forma constante, pero aquí estamos. Ha habido dos series a las que he estado muy enganchada; ninguna de ellas es perfecta, pero las dos valen la pena.

-El juego del calamar (2021). Qué original, diréis mientras ponéis los ojos en blanco. Pues yo la empecé sin saber que estaba siendo fenómeno de ningún tipo, por la única y exclusiva razón de que en Twitter era tendencia Alice in Borderland (de la que hablé hace meses) y era porque la comparaban con esta serie coreana. Aunque se puede decir que pertenecen al mismo género, son bastante distintas en tono y en temas. El juego del calamar, que no es más que una competición al estilo Battle Royale, tiene de especial que sus personajes no son adolescentes guapísimos, sino gente de todo tipo y edad que tiene en común la necesidad desesperada de dinero. Introduce juegos infantiles como medio para avanzar en la partida y la combinación de esto y el hecho de que perder es morir resulta de primeras sorprendente e impactante (para mí se pierde muy rápido el shock de los juegos). Por último, me gustó mucho que la serie se centre más en lo que mueve a los personajes que en lo que hacen en el juego; en lo que sucede por las noches que en lo reglado. También tiene una parte muy interesante de crítica social que es bastante extensible al mundo en general.
La mayoría de sus giros y revelaciones eran previsibles desde el primer segundo y hubo cosas que encontré innecesarias y/o difíciles de creer. El final podría haber sido mucho mejor. 
Con todo, no desmerece sus buenas cualidades y la recomendaría a cualquiera a quien le interese el género.

-The Morning Show, Temporada 1 (2019). Que en realidad ya me he puesto al día con los episodios que han salido de la segunda, pero voy a centrar esta opinión exclusivamente en la primera temporada. 
Reese Witherspoon es una de mis actrices predilectas desde Freeway (1996) y tenía este título en espera; quizá me echaban un poco para atrás el concepto de serie basada en el mundo de la televisión y el hecho de partir del movimiento #MeToo. Sin embargo, la primera temporada de TMS se centra en relatar una historia, con sus momentos y su contexto y sus personajes protagonistas: agresores, víctimas, cómplices. Empieza por el final, por el instante de la cancelación pública de un conocido presentador de televisión (la actuación de Steve Carell es muy buena), y narra el desmoronamiento de su mundo y el de todos aquellos que le querían. Me gustó que no cayera en amarillismos baratos y que no perdiera nunca de vista que todos somos humanos. Me gustó que analizara el clima, todo ese entramado de miradas desviadas que favorece que alguien cometa una atrocidad sin ser consciente de ello. Me encantó el retrato de la prensa actual, la búsqueda constante del shock, el periodismo del clickbait y de la verdad edulcorada al gusto del consumidor.
El final de la temporada me resultó torpe y flojo en comparación con todo lo anterior, con una resolución precipitada e innecesaria. Sin embargo, eso no anula el valor de la serie, que por si fuera poco es tan adictiva que casi no podía dormir por seguir viéndola. 
No sé si es necesario que lo diga porque soy previsible como yo sola, pero el personaje de Billy Crudup, Cory, me tiene encoñaíta perdida (Chaos is the new cocaine!). Jennifer Aniston me sorprendió muchísimo con su interpretación a ratos, y en otras escenas la encontré forzada, pero sin duda merece que estemos atentos la trayectoria dramática que le pueda esperar a partir de ahora.


Libros

-Calling a wolf a wolf, de Kaveh Akbar. Lo mencioné en uno de mis Domingos de Poesía y vuelvo a traerlo aquí porque, aunque hubo partes del poemario que no me impresionaron tanto, la primera mitad es sencillamente demoledora. Akbar es sin duda alguien de quien voy a querer leer más porque tiene una voz única y una forma de transportarte a su mundo inmediata. Hay poemas en este libro que me han dejado cicatriz.

-Despertaré en Shibuya, de Anna Cima. Qué maravilla de novela, qué cosa deliciosa y especial. Comencé a leerlo en Francia en agosto, pero apenas había avanzado en el mes de septiembre y por fin me enganché de nuevo en octubre. Despertaré en Shibuya es un libro por y para otakus, por y para amantes de la literatura y por y para apasionados en general. No podía dejar de pensar en mi amiga Mai mientras lo leía. No podía dejar de pensar en nuestra adolescencia fascinadas por la música japonesa y el cine y el manga. 
Es una novela distinta de todo lo que he leído en mi vida, escrita desde la sencillez de la narración de una chica normal, como tú y yo, que cuenta algo tan cotidiano como el enamoramiento de Japón por parte de una muchacha checa y cómo esto la lleva a estudiar Japonología en la Universidad y a dedicar horas y horas a investigar y traducir a un escritor del que apenas ha trascendido nada.
No sé qué es lo que tiene este libro. No sé si es lo fácil que es verme (y ver a muchas otras personas que conozco) identificada en la Jana jovencita que viaja por vez primera a Tokio y se deja un trozo junto a Hachiko. No sé si es lo normal y a la vez apasionante que resulta que el grueso de la novela no sea más que unos universitarios apasionándose por un tema y dedicándole todo su tiempo. No sé si es la facilidad con la que la autora consigue que nos enamoremos de todos ellos, o la forma en que Praga se respira en cada página, o el absoluto acierto de transcribir fragmentos de la novela japonesa que la protagonista está traduciendo y que se sienta absolutamente como una novela nipona real de la época. 
Despertaré en Shibuya ha sido una lectura mágica, una lectura para mí. Volveré a ella y me reiré mucho de los estereotipos del mundo otaku occidental y me quedaré pensando en las cosas que Jana encuentra extrañas y desagradables de Japón y me sentiré un poquito identificada con algunos fantasmas que vagan por sitios a los que no pertenecen.


Música

Más escuchadas según Last.fm:

-My Universe, de Coldplay y BTS


-La paura del buio, de Maneskin. Me he enganchado tarde, pero me he enganchado bien a estas gentes que sólo tienen veinte añitos pero saben lo que están haciendo y se comen el escenario.


-This is how the world ends de Badflower, EL PUÑETERO DISCO ENTERO porque es todo lo que esperaba de ellos y más. Tengo muy pendiente escribir una entrada sobre este grupo, me están dando la vida últimamente. Mis canciones favoritas del álbum, a falta de madurarlo más, son: Tethered, Stalker, Don't hate me y She knows. UF.



-II - Those we don't speak of, el nuevo disco de Auri. Es una joya absoluta, mucho más absorbente que su primer trabajo, profundamente ambiental y emotivo. Habla de mí, de alguna manera. Habla de mí por completo. Es una delicia. Mis canciones favoritas son: Scattered to the four winds, It takes me places y The duty of dust. Puede que también necesite redactar una entrada sobre Auri, o a lo mejor es el momento de sentarme a explicar lo de Tuomas Holopainen en mi vida.



Viajes


¡Sí! ¡Sí! ¡Seguimos desperimetrados! Cuesta tantísimo creerlo después de lo que fue el curso pasado. Ojalá, y toco madera, no cambien las cosas tanto como para que sea necesario volver a restringirnos. Yo soy feliz con lo poquito que tengo: con las escapadas a lugares cercanos, con los trayectos en coche y los planes más de monte que de ciudad. 

En octubre, aproveché el puente para escaparme con Laura a Portugal. No conocíamos Braga y nos pasamos tres días simplemente dejándonos llevar por sus alrededores, chapurreando el idioma, pateando castros, durmiendo en un monasterio precioso en Amares y escuchando los clásicos de Raphael y Rocío Jurado a todo trapo. Me cagué mucho en las carreteras empedradas cuando las encontraba cuesta arriba, mi amiga casi se queda sin móvil en el Bom Jesus (me tendríais que haber escuchando llamando a su teléfono y teniendo que dialogar con un amable portugués que nos salió al encuentro para devolvérnoslo) y no acerté con los postres aunque sí lo hice con el menú de 3€ en Barcelos.
Portugal siempre es un regalo y cualquier pequeña aventura en 2021 es un milagro.


¡Y esto ha dado de sí el bimestre! Ya sabéis que los inicios de curso siempre son un poquito caóticos por lo que conlleva la adaptación, y en este caso se me ha sumado el tener que realizar las funciones burocráticas que en un centro normal serían competencia del equipo directivo. Todo a pequeña escala, pero igualmente todo. 

Espero que noviembre y diciembre me permitan volver al cine, seguir con las series y especialmente viajar un poquito más; por planes no va a ser, ¡el caso es poder cumplirlos!


Cuidaos mucho y sed felices.