lunes, 1 de septiembre de 2025
For this I was given birth
lunes, 7 de julio de 2025
Mímesis, comunión vital
Dieciséis años tiene este pequeño espacio al que ya sólo recurro cuando prefiero que no me lea nadie que me conozca, y prácticamente los mismos me he pasado yo tratando de que mis palabras fueran lo suficientemente explícitas y precisas como para describir esa emoción que es el motor absoluto de mi vida; a la que me aferro con uñas y dientes cuando parece que nada tiene sentido, y la cual sé perfectamente que es ampliamente marciana y desdeñada por las personas que me rodean.
Y ha tenido que venir él a ponerle nombre, el maldito. Sí, él. Ese filósofo que los expertos adjetivan con "pop" y que para mí es la mente más clara de nuestros tiempos. Que ha dado profundidad de desarrollo a todas las cosas que pienso del mundo contemporáneo como no lo ha hecho nadie más y como yo no podría.
Quien me haya leído antes (conocidos no, por suerte) sabe que hablo de Byung-Chul Han, a quien ya he dedicado otras entradas por aquí.
Claro que esas entradas, normalmente, surgían de la lectura completa de alguna de sus obras. No como en este caso, que no llevo ni 40 páginas y ya necesitaba plasmar en algún sitio que me las he pasado chillando internamente a causa de cómo estaba dando en el clavo acerca de esa experiencia religiosa a la que sólo he podido acceder algunas veces, pero que representa la única verdad para mí.
Capacidad mimética sería ese momento en que uno pasa a formar parte de otra cosa, en que es asimilado, en que se pierde a sí mismo en algo y se desapega por completo de su persona. Y Han aún apoya esta idea en otra del austríaco Robert Musil: la mística clarísima, el estado en el cual uno deja de ser uno mismo para pasar a formar parte del todo, el momento en que desaparecen las divisiones entre uno y lo demás, ese estado profundo en el cual nada se aferra a sí mismo.
Leyendo esta digresión, me he atrapado a mí misma. Me he entendido. La imagen ha sido instantánea e innegable: Dir en Grey. Esa comunión que en sus directos me ha elevado hacia otro lugar, me ha hecho disolverme completamente en la música, en el espectáculo, en todas las demás almas que estaban bajo el mismo techo.
Y no es algo exclusivo de Dir en Grey ni que me haya pasado sólo en sus conciertos, pero es la imagen perfecta porque su música en vivo es mi canal más obvio y directo hacia el no-ser, hacia el no tener límites.
Después está lo otro. Está cuando escribo, cuando realmente escribo. No ahora, no desde hace mucho tiempo, pero he estado ahí. He estado completamente absorta y en trance a causa de la escritura, dejándome usar por algo más fuerte que mis ideas o mi imaginación. Siendo una especie de marioneta de esa comunión, de ese mimetizarse con la palabra, con una voluntad que no me pertenece.
Y el viaje, en particular cuando lo hago sola. La desaparición en otra realidad, en un contexto que se te impone y es permanente descubrimiento, independientemente de que ya lo conozcas o no: cuando me marcho y me hago al mundo, difumino mis confines. Dejo de sentir que existe un yo para solamente percibir un durante, un presente, un difuminado.
Es algo que nunca había podido explicar con claridad y que tampoco me había conceptualizado nadie. Pero Han, como ya tantas veces ha mostrado, es alguien iluminado con una clarividencia que parece diseñada para arrojar luz sobre todos nosotros.
Vida contemplativa, en tan sólo unas pocas páginas, ha explicado y validado aquello que da sentido a mi vida, que persigo como el sediento suplica la lluvia.
La vida actual complica muchísimo el acceso a la mímesis. La hiperconexión, el consumismo, la capitalización ya no sólo del trabajo sino directamente del tiempo libre y de las aficiones... Soy tan esclava como la que más. Me ahogo en esas demandas como la que más.
Y, sin embargo, tengo acceso a la contemplación, a lo real, a la disolución. Soy una absoluta afortunada y a esa fortuna tengo la obligación de aferrarme aunque la corriente vaya en la dirección contraria.
martes, 11 de octubre de 2022
Desestructuración temporal según Byung-Chul Han
Porque cada hombre tiene su propio tiempo y sólo mientras siga siendo suyo se mantiene vivo. (Michael Ende, Momo)
Una ha acudido tantas veces a este blog con la finalidad de diseccionar los textos sencillos y preñados del filósofo surcoreano Byung-Chul Han, que se nota reiterativa y plana, sin mucho más que aportar pero con la necesidad imperiosa de verter sus propios pensamientos o al menos algunas de las citas que más mella le han hecho de la última obra leída del escritor.
A Han le llaman filósofo pop por la sencillez de su lenguaje y cómo acerca a todo el mundo disertaciones por lo demás complejas, aun a quien jamás ha tenido contacto con la filosofía. Es un pensador lúcido, de una capacidad analítica notable y que plasma en forma de textos breves, concisos y directos ideas enredosas e inexcusablemente dependientes unas de otras: la dictadura del trabajo y el ser humano actual como proyecto de sí mismo, el exhibicionismo pornográfico de todos los aspectos de nuestro ser, la polarización del pensamiento en "yo" o "no-yo", la capitalización del propio existir, la sucesión de presentes en lugar de un fluir histórico y jerárquico del tiempo; a todo esto hace referencia en sus no pocos títulos publicados, y con cada nuevo libro de él que consumo siento que el árbol va desarrollando más ramas, todas provinientes de un tronco común que es la solidez de la visión del mundo que posee su autor, una visión desoladora pero esclarecedora, pues si comprendemos las taras también podremos en algún momento distinguir la terapia adecuada.
En El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse (2009), que me ha acompañado desde finales del verano, Byung-Chul Han ensalza la medición del tiempo que se hacía en la antigua China por medio del llamado reloj de incienso (hsiang yin), una especie de sello intrincado cuya consumación marcaba un lapso; también las geishas japonesas empleaban varitas de incienso para medir la duración de las citas con sus clientes en las casas de té. Recuperando y desmenuzando reflexiones de Heidegger, de Marx o de Arendt, Han lanza un alegato a favor de la vita contemplativa, un aspecto del tiempo que las sociedades han descuidado y denostado en favor de la explotación del hombre por parte del hombre mismo y de la sucesión de eventos.
El tiempo pleno no tiene por qué ser rico en acontecimientos, aporta el autor en relación con la actual vorágine del siempre estar haciendo, del sucederse una acción tras otra sin jerarquía ni pausa, sin duración, tratando de acortar lo máximo posible los tramos en los que no ocurre nada.
Han vislumbra un presente reducido a picos de actualidad que se convierten en pasado al instante mismo de haber ocurrido para dejar paso al siguiente, siendo este un tiempo que se consume en lugar de vivirse y habitarse, sin demora y sin duración.
La fuerza de gravedad que marca la trayectoria de las cosas va desapareciendo lentamente. Las cosas, liberadas de sus referencias de sentido, empiezan a flotar y a dar tumbos sin dirección. (...) Las cosas ya no siguen una trayectoria que las ligue a un contexto de sentido.
La falta de articulación del tiempo es la clave de la problemática temporal para Han, pues en un mundo sin distancias entre los acontecimientos es imposible que los mismos se transformen en experiencia, que ganen peso, que sean decisivos.
Han se refiere a la actual ausencia de distancias físicas que nos separen de las cosas (con transportes cada vez más eficientes y al alcance de todos, con medios informáticos que garantizan una inmediatez que suprime la negatividad de la espera) como síntomas de la misma problemática: una homogeneidad de posibilidad en todas las opciones, en un proceso abierto sin conclusión, en una des-temporalización.
Cuando la Historia, y la vida misma, pasan de ser una narración a ser una enumeración, se pierden el sentido y la identidad, se suplantan el compromiso y lo definitivo por múltiples opciones de igual relevancia y por ello irrelevantes, incapaces de producir un cierre o una articulación del tiempo.
La raíz indogermánica fri, de la que derivan las formas libre, paz y amigo (frei, Friede, Freund) significa amar. Así pues, originariamente libre significaba perteneciente a los amigos o los amantes. (...) El compromiso, y no la ausencia de este, es lo que hace libre. La libertad es una palabra relacional par excellance. La libertad no es posible sin un sostén.
La libertad, tal y como la entienden las sociedades occidentales actuales, está vinculada al trabajo y nos lleva a proyectarnos y a asumir en una misma persona los roles de amo y esclavo.
La organización temporal binaria de Aristóteles (skholia -ocio- y a-skholia -falta de ocio-) debería para Han estar jerarquizada exactamente de acuerdo a su nomenclatura para que el tiempo humano gozara de narración y de sentido: ocio como actor principal, actividad o trabajo como elemento secundario a servicio del primero.
La actividad pura empobrece la experiencia. Impone lo igual. (...) En realidad, es necesaria cierta pasividad. Hay que dejarse afectar por aquello que escapa a la actividad del sujeto activo: Hacer una experiencia con algo, sea una cosa, un hombre, un dios, significa que nos suceda, que nos ataña, que nos comprometa.
En El aroma del tiempo encontramos una disección audaz, acertada a mi parecer de un mundo de publicaciones de Instagram, donde tras mi fiesta de ayer debe llegar el viaje de mañana; y, no existiendo umbrales o intermedios, se disipan la estructura y la posibilidad de dotar a las cosas de sentido. Todo está en la cuerda floja y nos deslizamos por una vida que parece agotarse de forma vertiginosa al carecer de elementos fijos que la anclen y le aporten narración.
Todos vosotros que amáis el trabajo salvaje y lo rápido, nuevo, extraño -os soportáis mal a vosotros mismos, vuestra diligencia es huida y voluntad de olvidarse a sí mismo. Si creyeseis más en la vida, os lanzaríais menos al instante. ¡Pero no tenéis en vosotros bastante contenido para la espera -y ni siquiera para la pereza!
Voy a seguir leyendo a Han (y ahora me está picando mucho la curiosidad con Heidegger), así que esperad más líneas al respecto. (¿Cómo os quedáis con el cambio de tono con respecto a la entrada anterior? Así es mi cerebro. También podéis esperar que en un día o dos vuelva a dar la murga con KENTO).
Mis otras entradas sobre Byung-Chul Han:
martes, 11 de agosto de 2020
La desaparición de los rituales: comunicación sin comunidad
Uno se escucha hablar, ante todo, a sí mismo.
(Los rituales) transforman el estar en el mundo en un estar en casa. Hacen habitable el tiempo.(...)Al tiempo le falta hoy un armazón firme. No es una casa, sino un flujo inconsistente. Se desintegra en la mera sucesión de un presente puntual. Se precipita sin interrupción. Nada le ofrece asidero. El tiempo que se precipita sin interrupción no es habitable.
La actual presión para producir priva a las cosas de su durabilidad. Destruye intencionadamente la duración para producir más y para obligar a consumir más. Demorarse en algo, sin embargo, presupone que las cosas duran. No es posible demorarse en algo si nos limitamos a gastar y a consumir las cosas. Y esa misma presión para producir desestabiliza la vida eliminando lo duradero que hay en ella. De este modo destruye la durabilidad de la vida, por mucho que la vida se prolongue.
Lo nuevo enseguida se banaliza convirtiéndose en rutina. Es una mercancía que se consume y que vuelve a desencadenar la necesidad de lo nuevo. La presión para tener que rechazar lo rutinario genera más rutina. (...) Frente a las ilusiones de una vida intensa se trata de pensar sobre otra forma de vida que sea más intensa que el continuo consumir y comunicar.
Con el exceso de apertura y de eliminación de las fronteras que imperan en el presente vamos perdiendo la capacidad de cerrar que habíamos aprendido. A causa de ello la vida se vuelve meramente aditiva. (...) Solo un demorarse contemplativo es capaz de clausurar. La enorme afluencia de imágenes e informaciones hace imposible cerrar los ojos. Sin la negatividad del cierre se produce una inacabable adición. (...) Nada es definitivo ni concluyente.
Si, como sucede hoy, el reposo se pone en relación estrecha con el trabajo al entenderlo como descanso de él, pierde su plusvalía ontológica. Entonces ya no representa una forma existencial autónoma y superior y degenera en un derivado del trabajo. (...)La producción acapara incluso el reposo, degradándolo a tiempo libre, a pausa para hacer un descanso. (...) El tiempo libre es para algunos un tiempo vacío, que provoca un horror vacui.
El consumo de la emoción intensifica la referencia narcisista a sí mismo. (...) También los valores sirven hoy como objeto del consumo individual. Se convierten en mercancías. (...) Los valores morales se consumen como signos de distinción. Son apuntados a la cuenta del ego, lo cual hace que aumente la autovaloración. Incrementan la autoestima narcisista. A través de los valores uno no entra en relación con la comunidad, sino que solo se refiere a su propio ego.
El hombre es un ser locativo. Solo el lugar hace posible el habitar y la estancia. (...) Resulta destructiva la total desubicación del mundo a causa de lo global, que elimina todas las diferencias y solo permite variaciones de lo mismo. (...) Por eso lo global engendra un infierno de lo igual.(...)Los turistas recorren no-lugares vaciados de sentido. (...)Haber visto es la versión consumista de relegere. (...) Ante las atracciones turísticas se pasa de largo. No dejan demorarse en ellas, no permiten ninguna estancia.
Lo poético es la insurrección del lenguaje contra sus propias leyes, J. Baudrillard. (...)Los poemas no tienen una verdad final. Los poemas juegan con las imprecisiones. No permiten una lectura pornográfica ni una nitidez pornográfica. Se oponen a la producción de sentido.
Somos una cultura de la eyaculación precoz, J. Baudrillard.
Mis otras entradas sobre Byung-Chul Han:
sábado, 20 de julio de 2019
La sociedad de la transparencia: pornografía vs. Eros
miércoles, 25 de julio de 2018
La sociedad del cansancio: la autorrealización como autodestrucción
Los proyectos, las iniciativas y la motivación reemplazan la prohibición, el mandato y la ley. A la sociedad disciplinaria todavía la rige el no. Su negatividad genera locos y criminales. La sociedad de rendimiento, por el contrario, produce depresivos y fracasados.
El lamento del individuo depresivo, "Nada es posible", solamente puede manifestarse dentro de una sociedad que cree que "Nada es imposible". No-poder-poder-más conduce a un destructivo reproche de sí mismo y a la autoagresión. El sujeto de rendimiento se encuentra en guerra consigo mismo y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada. La depresión es la enfermedad de una sociedad que sufre bajo el exceso de positividad. Refleja aquella humanidad que dirige la guerra contra sí misma.
Son demasiado vitales como para morir, y están demasiado muertos como para vivir.
Me mato a base de autorrealizarme. Me mato a base de optimizarme.(...)Tal vez la sociedad anterior fuera más represiva que la actual, pero hoy no somos esencialmente más libres. La represión deja paso a la depresión.









