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lunes, 1 de agosto de 2022

Suspiros en la selva: recorriendo algunas de las localizaciones de Suspiria de Dario Argento

What it's like in the night

to sleep alone with the thunder and light?

What it's like in the night

to sleep alone with those demons inside?

And you're dreaming someone else's dreams

and there's no one to hear you scream.


Hola, soy una friki. 

Lo digo lo primero de todo antes de que nadie se haga una idea distinta. Me obsesiono con cosas y acaban ocurriendo locuras como que me he ido dos semanas al sur de Alemania (Baviera y Baden-Wurtemberg) y me he hecho una ruta de localizaciones de una película de terror italiana de finales de los 70. 


Suspiria (1977), de Dario Argento, es una cinta que llevaba muchísimos años presente en mi imaginario personal antes de haberme sentado a verla y que, cuando por fin lo hice, generó en mí una obsesión activa que duró meses y con el tiempo se fue diluyendo en cariño profundo y eterna admiración.

Lo dije cuando la reseñé en este mismo blog: es un filme hipnótico que se acaba y te deja dentro de su extraño mundo gracias al maravilloso uso de la arquitectura y la decoración, de los colores como pilares maestros de la narración, de la luz y su entumecimiento por medio de las cortinas, de una banda sonora inquietante y pegajosa que se te impregna en la ropa y en el pelo como los olores fuertes.

Cuando vi Suspiria, hace pocos años, me lancé de cabeza a investigar dónde podía encontrar esos escenarios Art Deco y Art Nouveau con los que quería casarme; marqué Freiburg im Breisgau en Maps y seguí con mi vida como si nada. 

Tras lo felices que nos hizo el año pasado nuestro road trip por gran parte de Francia, mi amiga Laura y yo queríamos realizar algo similar en otro país europeo este verano, pero los precios del combustible y el hecho de que Alemania sacara un abono de transporte maravilloso de 9 euros al mes nos llevaron a embarcarnos en una suerte de Interrail por el sur de dicho país, con el que siempre he tenido lazos al haber vivido en él una parte importante de mi familia y al que sin embargo no conocía; sólo había pisado Berlín por un par de días, justo antes del arranque de la pandemia.
Pues bien, ahí me tenéis, buscando un punto donde quedarnos un par de días tras nuestro paso por Stuttgart, un lugar neutral donde dormir y desde donde movernos; sugerí Memmingen, a lo que mi amiga contestó que sólo tenía 40.000 habitantes y a lo mejor convenía mirar un sitio más grande. Y ahí estaba ella: la marca verde de "quiero ir" en una casa de color rosa en mitad de la capital de la Selva Negra. Sin molestarme en explicarle el motivo, mi siguiente idea fue que durmiéramos dos noches en Friburgo, y por lo que sea a mi amiga le pareció bien. Quizá en algún momento hable de la ruta tan absurda que nos marcamos, seleccionando destinos demasiado distantes entre sí y sin seguir un orden lógico; con todo, me ha encantado conocer todos esos sitios tan diferentes entre sí y darle un poquito de identidad a mi Alemania mental.

El 27 de julio visité la Haus zum Walfisch, la Casa de la Ballena, "mi casa" (ya le ha quedado el apelativo para los restos). Y, pocos días después, despertaba en München y me aventuraba a ver cara a cara varias de las otras localizaciones de Suspiria.
Hoy, ya en mi casa, asada de calor y hasta las narices de las noticias sobre incendios tanto en mi provincia como en las vecinas, os traigo una pequeña relación de sitios que aparecen en la cinta de terror más bella de la historia y os cuento qué me parecieron tanto los sitios como volver a encontrarlos, hace apenas unas horas, en el revisionado obligado que he realizado de la película.


Localización 1: Haus zum Walfish, en el 5 de Franziskanerstrasse, Freiburg im Breisgau







Tengo entendido que acoge las oficinas de un banco (por el día había algunas luces encendidas; de noche aquello estaba cerrado y vacío). Lo primero que destaca en la fachada principal, aparte de la maravilla colorida de su portada gótica, es la placa que informa de que en ese mismo lugar vivió en su día Erasmo de Rotterdam; no recordaba que uno de los primeros planos de la propia Suspiria es el de ese cartel.

En la película, la Casa de la Ballena, o mejor dicho partes de ella con alteraciones, sirve como exterior de la escuela de danza donde se sitúa la acción y su solo aspecto, junto con la lluvia que acompaña los planos y la banda sonora de Goblin, genera angustia desde el primer momento. En la realidad sólo da mal rollo si se la relaciona con el cine, porque lo cierto es que es simplemente preciosa. 


Localización 2: Müllersches Volksbad, Rosenheimer Strasse (Múnich).








Otro punto que había marcado hace años en mi mapa era la piscina donde Susy y Sara nadan en una escena, un edificio Art Nouveau bellísimo en el que no esperaba poder entrar, mucho menos NADAR. Sí, he nadado en la piscina de Suspiria, ¿cómo de loco es eso? Y es que funciona como piscina(s) pública(s) (hay dos en el mismo recinto), a razón de 3,50 euros por una hora y media y con un ambiente peculiar, ya que no hay calles para nadar y la mayoría de la gente está simplemente a remojo, sin gorro ni nada, tan felices.

No puedo explicar lo que sentí estando allí dentro, ya no sólo como fan de Suspiria, sino como enamorada que soy del modernismo. Era como haber viajado en el tiempo ya que todos los elementos parecían mantenerse como a comienzos del siglo XX, desde las puertas y ventanas hasta la caligrafía de cada taquilla, pasando por las fuentes y los techos y los relojes de las dos piscinas. Absolutamente apabullante; tendríais que haberme visto haciendo el muerto, flipando con la decoración encima de mí y pensando en si aparecería alguna bruja griega a matarme allí mismo. El único elemento que sugiere que ese lugar no se quedó congelado en el tiempo es el sistema de cuantificación del tiempo: una tarjeta magnética registra la hora a la que has entrado y al salir hay una máquina que te dice si debes pagar o no un sobrecargo por pasarte. 

En Suspiria, sale la piscina grande (a la que no le pude sacar fotos porque el único acceso desde arriba era a través del vestuario masculino) y apenas aparece brevemente, ni siquiera se da en ella ningún suceso reseñable; sin embargo, es tan bonita y su arquitectura contribuye tanto a generar ese ambiente de inquietud y desconfianza, que no se puede olvidar. 

Si pasáis por Múnich, os recomiendo un remojo o dos en ella; yo repetiré algún día. Está en pegadita al río y a un paseo muy agradable de Marienplatz.


Localización 3: Königsplatz, Múnich 





Una de las escenas que inicialmente más me impactaron de la película, quizá por ser completamente distinta de las otras tanto en protagonistas como en escenario, sucede en una plaza con grandes edificios de estilo clásico. No la tenía ubicada hasta que me di cuenta de que llevaba dos sitios de la película vistos y me dio por investigar.

La Königsplatz es un colosal espacio edificado en el siglo XIX y que, si queréis mi opinión personal, resulta una bestialidad en todos los sentidos de la palabra. Hay algo que percibimos de forma reiterada en Alemania y que yo ya había notado en alguna zona de Praga y Varsovia anteriormente, y es una tendencia a la megalomanía en forma de plazas, avenidas y edificios que parecen creados para personas de un tamaño muy superior al humano. La Königsplatz alberga museos que justifican el aspecto de sus tres "templos" y también es verdad que la pillamos en obras, pero la recordaré como un sitio agobiante de lo excesivo que resulta.

No pudimos caminar por ella como lo hace el personaje ciego de Suspiria, pero sí que tuvimos exactamente la misma perspectiva que sale en plano desde las escaleras de la Glyptothek, un museo de escultura griega.


Localización 4: Hofbräuhaus, Platzl 9, en München







Un sitio turístico al punto de tener cervezas y merchandising propios, conocido fundamentalmente porque entre sus cuatro paredes Hitler y compañía proclamaron el programa del Partido Nazi en 1920. 

Es tan impactante verte allí, al ritmo de una banda que podría estar sacada de cualquier aldea gallega, rodeada de camareros disfrazados de bávaros (es bastante habitual en sitios "típicos alemanes" y me genera un poquillo de vergüenza), mientras piensas en Hitler con sus cinco micrófonos y la esvástica de fondo; como lo es recordar que el mismo sitio salía en una escena de Suspiria. 

No recordaba que en la misma película se dejaba ver que era un lugar para turistas; pero sí, se muestra abarrotado de gente y con una actuación de danza bávara en medio de los comensales. 

Aunque en la cinta sólo sale la zona más austera de la cervecería, hay que reconocer que es bonita y tiene una parte con techos pintados que son cuanto menos reseñables. Con todo, es de esos puntos para ir una vez por la curiosidad, y hasta luego, Maricarmen.


La otra gran localización que me quedaba por ver en Múnich, y a la que además le tenía ganas por estar junto al BMW Welt, es la torre de BMW de la ciudad, un edificio formado por cuatro cilindros apoyados en un pilar central. Aparece en una sola escena en Suspiria, la única que rompe completamente con la atmósfera de la cinta y se presenta como la dosis de realidad y sensatez (al menos en un inicio) en contraposición con los colores estridentes y el agobio de la academia de danza. En cierto modo, pareciera que Argento contrapone las formas más funcionales de la arquitectura moderna, con la ornamentación por la ornamentación, mucho más emocional, del Art Nouveau
También sale en la película el aeropuerto de Múnich, pero dudo de si es el mismo que existe actualmente y en cualquier caso su aspecto es completamente diferente del actual.


Para otro viaje dejo la Villa Capriglio de Turín, que está en ruinas pero sirvió también para algunos planos. El amor de Dario Argento por la capital del Piamonte es algo que todavía no me resulta familiar y que posiblemente deba investigar un poco.


Sobre qué me ha parecido Suspiria hoy, 1 de agosto de 2022, tengo que decir que me mantengo en mis trece: el guión (pobre) no importa, los personajes (meh) tampoco importan. Lo que hace de la cinta una película de culto es cómo de ese guión y de esos personajes se crea una obra de arte. 
Suspiria es puro cine, pura recreación en lo estético y el poder de la ambientación. El terror no reside en lo que pasa sino en cómo y dónde pasa; no en lo que se ve, sino en lo que esconden las ventanas. 
Hay varias cosas que he notado en el revisionado que no había visto antes o no recordaba, como la forma en que los árboles del principio son un claro reflejo del terciopelo azul (pregúntenle a Lynch) del final; o el tratamiento de los personajes extranjeros como fuente de desconfianzas varias, de miedo, de misticismos reales o imaginarios (un poco al estilo de Calibán en Shakespeare). 
Es una cinta sobre bailarinas donde la danza resulta asfixiante, fuente de agotamiento físico y mental y casi se podría decir que motor del delirio psiquiátrico colectivo que se cierne sobre las estudiantes de la escuela (nunca sobre los personajes masculinos, nunca sobre los trabajadores, nunca sobre el único niño que aparece en la cinta y que cumple un papel muy específico). Una historia protagonizada por mujeres que se desdibujan en la paranoia y donde acabamos encontrando una dualidad entre víctima y bruja, mujer contra mujer y su protagonista, la única capaz de sobreponerse al estereotipo arcaico de mujer-bruja y salir ilesa a la lluvia liberadora.
El guión tiene los suficientes huecos como para no poder realizar un análisis profundo de estos elementos, pero encontrarlos al ver hoy la película me ha dejado un regusto más dulce que el que esperaba encontrar, basado únicamente en los aspectos estéticos.

Pasan los años y Suspiria, como los lugares donde se rodó, sigue siendo poesía.

miércoles, 4 de marzo de 2020

Favoritos de enero y febrero


Aquí, como si nada. Como si no hubiera empezado enero decidida a escribir un montón de entradas para luego desaparecer por completo. 

Lo cierto es que he arrancado bien el año, con actitud renovada y sabiendo desvincularme de cosas que en ningún momento debieron tener poder sobre mi estado de ánimo. Estoy bien. A veces agobiada, a veces falta de aliento, pero bien. Tranquila conmigo. No enamorada del sitio donde vivo como lo estuve de Mondoñedo y Betanzos, pero lo suficientemente curiosa como para disfrutar del Ferrol que sobrevive y de la maravilla de alrededores de la zona.

Tengo la sensación de haber leído y visto muy poco en este primer bimestre del año, pero a la vez he conducido, volado y disfrutado mucho de amigos y experiencias. Así que una cosa por otra.

Os dejo aquí mis favoritos y lanzo al aire el deseo de volver a redactar con frecuencia. Quizá cuando finalice el puzle que me tiene absorta últimamente.


Vamos allá:


Películas


-Historia de un matrimonio (2019). Utilizar la baza del divorcio para hablar del amor resulta efectivo y emocionante en una cinta como esta, con grandes dosis de realismo y margen para una comedia que bordea el absurdo. Lo mejor de la película son las interpretaciones, sólidas y desnudas, cada una cautivadora sin eclipsar las demás. Hay muchas películas buenas sobre relaciones que terminan; en este caso, se hace tan fácil empatizar con ambas partes de la batalla legal que la reflexión llega sola.

-Jojo Rabbit (2019). Un bomboncito delicioso de película que pasa por mil géneros distintos sin detenerse demasiado en ninguno, realizando una parodia maravillosa y tragicómica del nazismo desde la perspectiva de un niño que tiene a Hitler como amigo invisible. El desempeño de los actores resulta excelente y cada uno aporta la pincelada principal de todas esas distintas películas que hay dentro de la película. Además, el trabajo de documentación es brillante y merece la pena analizar los detalles de muchas de sus escenas. Con un mensaje optimista y cálido, la clásica historia de resistencia judía parece casi nueva. A ver, VERSOS DE RILKE AL SON DE BOWIE: creo que la volveré a ver bastantes veces.

-Columbus (2017). Arquitectura emocional. Un recorrido por el paisaje interior de dos personajes que coinciden en un espacio olvidado, pero peculiar: la pequeña ciudad de Columbus (Indiana), sembrada de construcciones enmarcadas en la arquitectura moderna. Un sitio riquísimo pero desconocido, ignorado en su valor por quienes lo pueblan, perfecto marco para desarrollar relaciones paternofiliales complejas, irregulares, lacerantes. Es bonita, hipnótica, catártica.

-Parásitos (2019). Cuando vi el tráiler, allá por el estreno de O que arde, me llamó la atención de inmediato por lo extraño de aquel primer bocadito. Tardé meses en ir al cine, pero al fin lo he hecho y coincido con todo el mundo en que se trata de un peliculón. Desde una narrativa y unos personajes a priori sencillos y realistas, la historia cambia de género continuamente, sorprende sin parar y nos hace viajar por las miserias de familias que nada tienen que ver unas con otras pero comparten algunos momentos esporádicos de complicidad. Los pobres no son tan buenos, los ricos no son tan malos, cada uno hace lo que puede por sobrevivir a sus propios estándares. Desigualdad social como marco perfecto para una suerte de ópera rock que encuentra el desenlace en una escena estrambótica y casi absurda, pero a la vez magnética. Me gusta todo de Parásitos.


Libros


-Nordés, de Kike J. Díaz. Encontré este pequeño tebeo en la biblioteca de mi ciudad y tuve que llevármelo: la Torre dos Moreno de Ribadeo estaba en portada. Cuenta una historia muy sencilla, pero que hace ilusión si amas la villa lucense como lo hago yo. Y el hecho de que hable de escombros asesinos que se desploman desde dicha casona no había cobrado sentido hasta que, el otro día, paseando por allí, un trozo enorme de cristal se deshizo contra la calle delante de mis narices. Ojalá ser rica y devolverle el esplendor.

-MW, de Osamu Tezuka. A este manga hace mucho que le tenía ganas. En concreto, desde que vi la película protagonizada por mi Takayuki Yamada y por Hiroshi Tamaki. Es un cómic difícil de olvidar, peculiar en todos los aspectos posibles, histriónico e irregular. Con el estilo de dibujo infantil y redondeado característico de Tezuka (venía de Astroboy y ésta era su primera obra adulta), el guión no puede ser más descarnado, con escenas muy violentas y que en pleno 2020 siguen dejando mal cuerpo. El protagonista se presenta como un auténtico psicópata hipersexualizado que coquetea con el travestismo y en numerosas ocasiones nos preguntamos si Tezuka condena o defiende la homosexualidad, si reivindica o desprecia a las mujeres. Es un manga extraño, con personajes extraños, que hipnotiza por su osadía y a partir de la mitad se diluye, pero que deja huella. Ni los personajes, ni su relación tienen nada que ver con la versión ligerita de la peli; me habría gustado que Tezuka profundizara más en esta historia porque el planteamiento era una bastada. 


Series

-O sabor das margaridas (2018). Primera serie de la TVG con Netflix y me enganchó muchísimo. Protagonizada por María Mera, es la típica historia de una investigación que encierra más subtramas de las esperadas. Está ambientada en un pueblo cualquiera de Galicia y se transmite bien esa atmósfera de zona rural en la que todos se conocen demasiado. La trama no es especialmente sorprendente y me molestó un poco que todos los hombres de la historia fueran bestias asquerosas, pero a la vez muestra que cualquiera puede ser un monstruo. Mi interpretación favorita es, de lejos, la de Denis Gómez.



Música

Nightwish ha vuelto. Qué os voy a contar que no sepáis ya. Me muero por el disco, me muero por verles de nuevo, me muero por sentirme más yo en las letras de Tuomas que en mis huesos. 
Mis temas más rallados han sido:

-Noise, de Nightwish



-Indoctrination, de Alter Bridge



-everything i wanted, de Billie Eilish



-Love can only heal, de Myles Kennedy



-El resto de la discografía completa de Alter Bridge porque sigo muerta con ellos



Viajes, conciertos, cosas chachis


-Enero comenzó yéndome ¡CON MI HERMANA! a Valladolid, donde hacía años que no respiraba. Me hacía mucha ilusión regresar, especialmente con ella; además de la ya bienquerida Pucela, paseé por Simancas y me enamoré hasta las trancas de Urueña, Villa del Libro, un lugar calladito y modesto que hay que ir descubriendo a base de abrir puertas. Volveré, volveré, volveré.

-Uno de esos fines de semana ventosos y espantosos de por aquí, tuve la genial idea de ir a volar a O Barqueiro, donde nunca había parado pese a haber pasado varias veces con el coche; vi de nuevo la Estaca de Bares, me fascinaron los colores del pueblecito y salí por patas a pasar el resto del día a As Pontes porque allí no se podía aguantar.

-No sé si ha quedado claro, pero amo viajar y amo la música en directo. Gira europea de Dir en Grey ya parece que va a ser siempre sinónimo de escapada loca. En 2015 fue Londres, en 2018 fue Varsovia y esta vez ha sido Berlín. Berlín, junto a gente a la que quiero mucho y que comparte esta locura mía por abrirme las entrañas en la música de cinco personas que llevan en nuestra vida muchos años. Fue breve y me supo a poco. Era mi primera vez en Alemania tras toda una vida aguantando los constantes "En Alemania..." de mi padre, que hizo allí el bachiller y su vida joven. Berlín fue un poco mi padre y fue un mucho su propia ciudad, con un ritmo que no le pertenece a nadie y la vista clavada en el presente. Me gustó su gente, me gustaron sus sitios, me gustó lo que me hizo sentir. Quiero volver pronto.
Dir en Grey fue una bestialidad, como ya lo había sido anteriormente, pero más. Nunca había experimentado una performance de Kyo tan llevada al límite, al peligro de la propia integridad, a la caída libre. Pelos de punta, risas, fascinación absoluta. No sé explicar lo que viví aquella noche al este de Berlín, pero lo quiero en mi vida siempre. Arte elevado a la máxima potencia. Humanidad en pelotas.


-En febrero, tuve una experiencia religiosa un día cualquiera que cogí el coche sin rumbo y terminé en un pueblo cualquiera. Aparqué en Baamonde, en plena Terra Chá, y descubrí un jardín lleno de esculturas cuya puerta se abrió cuando se lo pedí sin demasiada convicción. Sin comerlo ni beberlo, había aterrizado en la Casa Museo de Víctor Corral, un artista peculiar cuya obra está repartida por muchas zonas de Galicia y España, y que me recibió de una forma tan cercana y atenta que deseé quedarme a vivir allí. El jardín y el interior están llenos de detalles y su obra convive con árboles de todo el mundo y con gatos amigables a los que les permite cincelar de vez en cuando. La escultura de Víctor Corral se siente viva, pero la compañía y palabras del artista son un verdadero bálsamo de paz en medio de la locura que es el mundo. Fue increíble, lo mejor de lo mejor.

-Hubo un fin de semana que me levanté sabiendo que no podía no irme de cabeza a Asturias. Echo de menos estar a tiro de piedra y necesitaba experimentarla de nuevo tras un tiempo. Pasé por mi Mondoñedo y por Ribadeo (aquello que comentaba de los cristales lloviendo desde la Torre dos Moreno); pero el objetivo era Asturias Occidental y allí me anclé, en Navia, pueblo efervescente y simpático donde los haya. Me dediqué a ver casonas de indianos y a subir escaleras en Cudillero, a amar el mar y a charlar con las personas más amables que me he cruzado en la vida, a dejarme llevar adonde me lo pidiera el camino, a tratar de atisbar la Estaca de Bares desde el Cabo Vidio. Volví a Luarca, contemplé la arquitectura más variopinta, comí demasiado y fui yo misma en todo instante.

-Iba a estudiar todo el Entroido, pero decidí darme un día y fue un acierto. Verín es un viejo conocido que siempre gusta, pero por la tarde tocaba aventurarse a la tierra sin reglas de Laza. Comimos en Souteliño, una aldea allí mismo, y nos enamoramos hasta las trancas de su gente y del ambiente en Casa Elena; ya sabemos que vamos a volver en 2021. La tarde fue una maravilla sorprendente escapando de latigazos y encontrando viejos conocidos de lo más improbables, sintiendo lo que es un Carnaval mucho más de pueblo que conserva la esencia. 

Otros sitios recurrentes de estos meses han sido Pontedeume, Monfero, Cabanas y Valdoviño, sitios que ya forman parte de mi día a día de manera tan normal que los siento míos. 


2019 había acabado un poco raro, con ansiedad por cosas de la vida inmediata y cierto pesimismo instalado en mi cabeza, pero el cambio de cifra ha sido mágico. Alter Bridge había comenzado el trabajo de despertarme y Alter Bridge sigue ayudando cada día a que me ponga en pie y vaya a por todas. 
Estoy optimista. Estoy viva, presente, tranquila con lo que logro y con lo que no llego a hacer, indiferente a la maldad de quienes sólo están para molestar. Enamorada de mis amigos y de mi independencia, de mis horas necesarias de soledad y de mis niños de cuatro años que me enseñan muchísimas cosas. De mi familia, de las ruinas de Ferrol, de la música que escucho y de cómo cada día entiendo más Galicia y me encuentro más en ella.

Deseo que vuestro año también haya empezado luminoso, abrigado, lento. Que no necesitéis mucho más que lo que os pone delante la vida. Que relativicéis. 

Un abrazo fuerte. Sed felices.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Tag: el sacrificio de la ficción

Señoras, señores, es domingo por aquí y he decidido hacer otro tag. Me gusta que sean especiales, que se salgan de las preguntas de siempre, y cuando encuentro uno así lo disfruto bastante porque me obliga a pensar desde puntos de vista distintos. 
El tag original solamente tenía cuatro preguntas y hablaba únicamente de libros, así que lo he modificado y ampliado para que aporte un poco más y no se centre sólo en las páginas. Me encantaría saber qué obras echaríais vosotros a la hoguera, así que sed libres de llevároslo a vuestros blogs o de comentarme vuestras respuestas aquí mismo.


El sacrificio de la ficción (libros, películas y series que quemaría YA MISMO):

1. Uno al que se le haya dado demasiado bombo


Libro. Me estoy ganando enemigos desde ya, pero diré la saga Cazadores de Sombras, de Cassandra Clare. Casi todas las sagas juveniles tienen detractores, pero ésta parece intocable y no lo entiendo. Me leí en su día la primera trilogía, la trilogía de los antepasados (no me hagáis recordar el nombre; ya sabéis, la de Will, Jem y Tessa) y el cuarto libro a medias (no conseguí terminarlo); también he leído esas escenas tipo fanfiction que la autora sube a su web y parte del tomo sobre Magnus Bane. Y, señores, los libros enganchan bastante y Malec es amor absoluto, pero por lo demás me parece una saga tremendamente repetitiva y con personajes cansinos hasta el aburrimiento (el trío Jace, Clary y Simon me resulta insoportable). Sin estar mal la ambientación, tampoco creo que aporte nada nuevo al género de la fantasía urbana. En fin, que no entiendo el hype.

Película. Más enemigos. Hace años, encontré en la biblioteca un par de películas del aclamado Lars Von Trier y sólo diré que la segunda ni siquiera la vi de la pereza que me dio la primera. ¿Cuál era ésta? Dogville, ganadora de premios y elogios a puntapala y, lo siento, TAN DEMAGOGA que me puso enferma. La idea en un inicio es buena y la ejecución resulta muy llamativa; me costó un poco meterme en la historia, pero lo conseguí y hasta me gustó cómo se había llevado a cabo. Pero, a medida que avanzaba y comenzaba a desarrollarse el nudo de la trama, me sentí estafada y manipulada. El discurso me parece lamentable, pretencioso y carente de profundidad y análisis. Demagogo, como decía. No he vuelto a ver nada del director; pienso en Dogville y sólo me produce rechazo.

Serie. Soy consciente de que tiene muchas cosas buenas y de que es necesario que se ponga en la palestra la diversidad como esta serie lo ha hecho. Pero, lo siento, a mí Sense8 me pareció un batiburrillo de tópicos donde no se me enseñaban personajes que representaran la realidad. Estaban todos tan exagerados y encorsetados en los estereotipos de sus respectivas sociedades o colectivos, que no me llegaban para nada. Y sí, hay episodios y escenas muy memorables, pero me habría gustado que se profundizara un poquito en vez de quedarse tan en la superficie. 


2. Una secuela

Libro. NovuelvasadecirCazadoresdeSombrasnovuelvasadecirCazadoresdeSombrasnovuelvasadecirCazadoresdeSombras. Amanecer, de Stephenie Meyer. Que tampoco es que los anteriores fueran obras de arte, pero ese libro no hay por dónde cogerlo. (Leo pocas sagas o libros con secuelas, me ha costado mucho acordarme de que una vez disfruté Crepúsculo).

Película. ¿Casi todas? A ver, no quiero ser hater, pero pocas veces las secuelas se hacen bien. Quizá porque me tocan más, encuentro deleznables y omitibles todas las que se han hecho de El Cuervo (1994). Me tragué en su día la de Iggy Pop (City of Angels, de 1996) sólo por Iggy Pop y casi la vomito; de las otras me llegó con fragmentos para no querer saber nada. ¿Les compensó económicamente? Porque sino no lo entiendo. 

Serie. Voy a decir Revenge y lo hago porque es una serie que seguí y disfruté mucho en su momento. Basada en El Conde de Montecristo, nos va narrando cómo Emily venga la muerte de su padre metiéndose en las vidas de sus enemigos para acabar con ellos desde dentro. Y la primera temporada es brillante, pero hay historias que no dan para alargarlas tanto y, a partir de la segunda, la esencia se perdió. Tuvo sus grandes momentos en todas las temporadas, pero en general creo que deberían haberse ceñido a una sola. El final me dio mucha pena y no estuvo a la altura de las grandes escenas, personajes y giros de Revenge.
También podrían quemar Once Upon a Time a partir de la segunda/tercera temorada.


3. Un clásico


Libro. Suelo tirar mucho por los clásicos, creo que lo son por una razón y que, en términos generales, son libros de calidad. Me ha costado mucho elegir uno y dejadme aclarar que para nada lo odio, pero es una novela que no volveré a leer porque me resultó demasiado perturbadora: El Señor de las Moscas, de William Golding. Lo he pasado mal con muchos libros y algunos de ellos me fascinan; sin embargo, en este caso no fue de forma directa, sino por lo que se escondía entre las palabras, por lo que se sugería o se omitía, y por la edad de los personajes. Más allá de si el libro es o no demagogo (le pasa algo parecido a Dogville, pero en menor medida) o de si generaliza basándose en un sesgo demasiado limitado, los sucesos que viven estos niños y la naturalidad con la que se van transformando me crearon un nudo en el estómago durante semanas. Me creí la historia y me resultó horrible. 

Película. Habiendo, como hay, grandísimas cintas en la historia del cine japonés, me da bastante pena que una de las más conocidas sea El Imperio de los Sentidos. Puedo entender por qué fue rompedora en su momento, pero me resultó muy vacía y repetitiva, empeñada en mostrar escenas muy explícitas en lugar de profundizar en ellas. También, y de nuevo lo comprendo, es una película muy falocentrista en que todo gira en torno al hombre y a su pene; las mujeres, curiosamente, son todas unas obsesas que se pierden por tener sexo con él. No me llegó en absoluto. 

Serie. Aunque  reconozco que me entretiene, me parece malísima Sexo en Nueva York. Nunca he comprendido por qué es casi de culto. Las cuatro protagonistas me parecen planas y definidas por uno o dos rasgos a los que se limitan, y sus historias van de absurdo en absurdo. Sí, en su momento era necesario ver en pantalla mujeres hablando de sexo y de relaciones, pero es que no creo que ninguna de ellas represente a nadie. Me parece una serie superficial y bastante sosa, que más que nada insulta a las mujeres. Repito que me puedo tragar capítulos y echar la tarde, pero no le encuentro la gracia ni el sentido. 


4. Uno de un autor/director/etc. que te guste

Libro. Ángel y el troll, de Johanna Sinisalo. Mencionaba a esta escritora cuando hablé del Finnish Weird dentro del proyecto Adopta una Autora, y realmente es una mujer que ha aportado muchísimo a la literatura de su país y de la que algunos relatos me han gustado mucho. Es una escritora con una visión muy especial del mundo y de la fantasía. Sin embargo, esta novela me horrorizó y sé que posiblemente me falte contexto para comprenderla y que tal vez deba releerla en algún momento. Narra el encuentro de Ángel, un joven fotógrafo, con una cría de troll a la que decide llevarse a su casa y por la que va experimentando toda una gama de sentimientos. Los personajes me parecieron horribles y mal llevados, la historia no me la creí y las ¿insinuaciones? acerca de la relación de la sexualidad del protagonista y su comportamiento con el troll me confundieron. 

Película. Woody Allen es uno de mis directores favoritos, pero está tan empeñado en sacar películas como churros que las hay buenas y malas. A Roma con Amor es una de las últimas, en mi opinión; en su día me resultó casi insultante. Hace un análisis del matrimonio frívolo, muy en su línea pero con menos sentido, y generaliza sobre las relaciones de pareja de una forma que no me resultó ni creíble, ni especialmente entretenida. Es una cinta llena de tópicos y que no aporta nada.

Serie. Me tragué la primera temporada de Taboo por el mero hecho de estar involucrado en ella Tom Hardy, pero no llegué a ver el episodio final (lo haré, lo haré). Es una serie en la que brillan la ambientación y la interpretación de Hardy, pero me resultó vacía de contenidos, excesivamente lenta y sin trama. Con un episodio o dos habría bastado, y la presencia de Oona Chaplin tampoco le hace ningún favor (sobreactúa tanto, que tenía que apartar la vista cada vez que salía en pantalla). Se promete demasiado sórdida y profunda para lo que es en realidad.


5. Uno excesivamente largo


Libro. Voy a decir la saga El Rey Demonio, a la que por otro lado le tengo mucho cariño. Estos cuatro libros, escritos por Cinda Williams Chima, nos arrastran a las vidas de dos personajes destinados a encontrarse: la princesa Raisa y el cazafortunas Han. Ambos tienen un pasado en común del que no saben nada y se ven envueltos en varios sucesos que tienen que ver con la corona y los poderes políticos. Es una saga young adult que tiene como factor positivo el hecho de que sus personajes van mucho más allá de los tópicos y muestran varias facetas bastante realistas. Sin embargo, sus cuatro tomos bien podrían haber sido dos, ya que el segundo y el tercero se sienten en todo momento transitorios y alargados.

Película. Hay muchas películas muy largas que me fascinan, pero también creo que últimamente todo lo que vemos en el cine sobrepasa las dos horas y en la mayoría de los casos es innecesario. Voy a decir, por ejemplo, Aliados (2016), con Marion Cotillard y Brad Pitt. Es una película impecable en fotografía, vestuario y ambientación, pero a la que le sobra la mitad de su duración porque no dice nada. En general, me resultó muy fría y forzada, sin alma. Y me encantan los actores, pero no estamos ante lo mejor de ellos porque el guión y la dirección no juegan aquí a su favor.

Serie. Once Upon a Time, y no me voy a explicar. Se explica por sí misma. (Me da muchísima pena porque ADORÉ la primera temporada, pero por favor...).


6. El que menos te haya gustado nunca

Libro. ¿Norwegian Wood de Murakami? Norwegian Wood de Murakami. Está genial escrito, pero el contenido es basurita. Personajes tópicos, situaciones de película porno de serie B y una falta brutal de coherencia y de profundidad. Las mujeres están ahí para bailar alrededor del pene del típico protagonista anodino y plano, y las pobres están todas un poco locas también. QUE NO.

Película. Saló o los 120 días de Sodoma, de Pasolini; así de directa soy en este caso. Infumablemente larga, dudo mucho que el señor Pasolini persiguiera otro objetivo que el de mostrar violencia sexual explícita hacia mujeres y niños. Asquerosa, sin más.

Serie. No hay ninguna que considere la peor, pero sí varias españolas que me dieron mucha vergüenza: El Don de Alba (adaptación de Entre Fantasmas, ojo cuidao), Piratas (Pilar Rubio en su máximo esplendor), Bienvenidos al Lolita... Con ninguna pasé del primer episodio.


En fin, hasta aquí mi aportación hater al mundo. ¿Qué obras de ficción os han horrorizado? ¿Qué opináis de las que menciono?

¡Hasta la próxima!