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miércoles, 25 de diciembre de 2019

2019 en discos

A riesgo de recibir la revelación del año en esta semanita que queda, hoy hago recuento y comparto los discos que más mella emocional me han causado en 2019. Siguiendo la estela de 2018, me apetecía dedicar unas líneas a la música en específico porque ha vuelto a ser el motor de todo lo bueno de la vida.
Ha estado a mi lado para ayudarme a asimilar las decepciones y frustraciones, para canalizar la pena y el enfado y para empujarme cuando pensaba en tirar la toalla. Ha sido mis horas en coche a lo largo y ancho de Galicia, ha sido viaje a Japón, ha sido directo y sorpresa, colisión en rotonda. Ha sido una noche en Riazor y una mañana despertando las luces de Callao. 2019 no habría molado ni la mitad sin estos discos:

-Wasteland, Baby! de Hozier


No en vano le dediqué toda una entrada en cuanto salió. Hozier es uno de mis artistas actuales favoritos y su voz lo penetra todo. Este disco ha sido una sorpresa en la que los sonidos han llegado con formas nuevas y frescas y su técnica vocal aparece más pulida. Sin huir en ningún momento del gospel pop de trabajos anteriores, lanza nuevas fórmulas y se regodea en ellas. Recuerdo perfectamente la primera escucha, en uno de esos viajes Coruña-Ourense, y mi reacción al no toparme con nada de lo que esperaba.
Hozier tiene la humildad, la ambición, la creatividad y la sensibilidad necesarios para ser un artista a larguísimo plazo. Desde luego, lo es en mi vida porque consigue ponerme los pelos de punta con todas sus composiciones y esa poesía desatada de sus letras. Amo este disco. 

-Shadow Works de Kerli


Empecé a escuchar a Kerli quién sabe cuándo, hace muchos años, cuando el único disco que tenía en el mercado era Love is Dead (2008). La fui descubriendo a un nivel más personal, cómo creaba casi el 100% del vestuario que usaba en sus actuaciones, cómo se mudó a Los Ángeles para dedicarse de lleno a la música. Veía sus directos en Youtube, viví las decepciones y la reconexión con la naturaleza y su tierra natal. He sido partícipe, en la medida en que ella así lo ha querido, de un largo viaje emocional y espiritual hasta llegar a ahora, al momento de paz. 
Alcanzado cierto punto, y dejando aparte que su música me encanta, yo he sido y soy su seguidora por ella. Shadow Works ha salido a la luz después de una espera exagerada y, aunque no es el disco que esperaba, me ha hecho toda la ilusión del mundo y lo he escuchado muchísimo. Hay temas, como One o Where the Dark Things Are, que me parecen de lo mejor de su carrera. 

-anti de Hyde


Hyde es mi voz favorita del planeta y un artista que hace mucho que no tiene que rendir cuentas ante nadie. Ha tenido una larga carrera con L'Arc~en~Ciel, una andanza estupenda mientras Vamps tuvo sentido, y el margen justo para experimentar en solitario. Recuerdo que hace unos años lamentaba que hubiera decidido centrar todas sus energías en Vamps porque sentía que faltaba mucho por dar en nuevos discos como simplemente Hyde, y al final ha sucedido. Sus tres trabajos anteriores (Roentgen, 666 y Faith) eran joyas y esta vez se imponía un álbum más en la línea de los gustos que persigue en los últimos años, con esos toques de metalcore que sin embargo no le permiten perder el sonido característico tan escuchable. anti es un gran trabajo, no mi favorito de él pero sin duda de gran calidad y buena prueba de la libertad creativa que el artista se ha permitido. Nunca dejará de sorprenderme, por más que pasen los años, cómo Hyde adapta su voz a mil géneros distintos y siempre suena bien. Cansarme de él sería cansarme de mí misma a estas alturas.

-The Spell de Cellar Darling


Cellar Darling llegó a mí a través de mi amiga Mai, que era muy fan de Eluveitie y su vocalista original, Anna Murphy. Cuando Anna salió de Eluveitie y comenzó a trabajar en este nuevo proyecto, una cosa se vio clara de inmediato: el enorme potencial de su voz no había estado tan bien aprovechado antes. Y, aunque This Is The Sound (2017) me pareció un buen disco y estuve enganchada a varias canciones, este The Spell ha estado en bucle en mi Spotify durante 2019. Trabajo conceptual que narra la historia de una joven enamorada de la Muerte, el disco sigue sonando a folk metal progresivo y permite a Anna mostrar muchos más registros vocales, además de añadir instrumentos y sonidos nuevos que dotan a la banda de una personalidad diferenciada. Es un disco muy bonito.

-Walk the Sky de Alter Bridge


A ver. A VER. QUE LLEVO SEMANAS ESCUCHANDO TODA LA DISCOGRAFÍA COMO UNA LOCA Y AQUÍ PODRÍA PONER TODOS LOS TRABAJOS DE ELLOS PORQUE SON UNA LOCURA. Pero no quiero llenar la entrada de discos de Alter Bridge, por lo que he decidido quedarme con uno. No, Walk the Sky no es mi favorito (aún no tengo uno solo, pero no sería Walk the Sky de todas maneras), pero es el disco gracias al cual les he conocido. Porque, si no hubieran sacado este trabajo y no se hubieran traído a mis queridos Shinedown de gira, quizás 2019 se habría acabado sin este enamoramiento tan bestia que me está devorando por dentro. Alter Bridge son lo mejor de lo mejor, no hay discusión al respecto, y los adoro. Y este disco es, como todos los demás, puro talento. Como el grueso de sus trabajos, me pone a andar y a quererme y a esforzarme y a mejorar mi vida. Y ya está.  

-Nuclear de Leiva


No escucho mucho a Leiva, pero siempre me ha causado simpatía y, por alguna razón, cuando salió este álbum lo tuve en bucle unas cuantas semanas. Me engancharon las letras y las melodías fáciles, pero directas. Me acompañó en momentos de ansiedad y en días de mierda, como aquella mañana que tuve un accidente muy estúpido en una rotonda de A Coruña mientras sonaba Como Si Fueras a Morir Mañana y me sentía como la mierda. Supongo que esa catarsis tan oportuna, viéndome reflejada en varios de sus versos, ha creado un vínculo especial entre este disco y yo. Y haberlo escuchado en directo en verano también ha estado bien. Gracias, Abel Caballero.

-Pero No Pasa Nada de Amaia


Porque la quiero. Porque respeto muchísimo a los artistas que, pudiendo cosechar un éxito de ventas inmediato, deciden apostar por lo que el cuerpo les pide hacer. Y amo la voz de Amaia y su forma de cantar, y me encanta cómo no ha ido contra sí misma y ha escrito el disco adolescente y naive que naturalmente quería hacer. Las canciones son sencillas, empezando por unas letras casi infantiles y continuando con ritmos que recuerdan a canciones de la historia del pop español. Y su naturalidad reside en que no reprime esa ingenuidad a la hora de componer. En directo, todas las canciones crecen hasta poner los pelos de punta y emocionar por completo. Y por eso este disco se queda en mi vida y, desde luego, ha teñido de inocencia este 2019.


En fin, así ha sido mi 2019 en cuanto a música. Podría mencionar varios más (de Alter Bridge, sobre todo), pero creo que con estos ya os hacéis una idea de cómo han sonado mi coche y mi casa. La música, como así ha sido desde que recuerdo, ha formado una parte fundamental de mi vida este año y me ha acompañado durante los momentos más altos y los reguleros. La música es confidente cuando necesitas sacar de tu pecho las emociones pesadas y te empuja cuando es el momento de tomar las riendas de tu vida. Y por eso la amo y la seguiré amando toda la vida.

¡Feliz Navidad! ¡Felices últimos días del año!

domingo, 7 de abril de 2019

Enamorada del páramo: Wasteland, Baby! de Hozier

Hacía tiempo que no me sentaba a reseñar un disco, aunque ni siquiera sé si esto resultará en una reseña. Supongo que lo iremos viendo según salga.

Mi historia de amor con Andrew Hozier Byrne comienza en 2016, cuando por fin busco en Google el tema Take me to Church. Llevaba meses escuchándolo en tiendas, cafeterías y autobuses; y lo cierto es que me llamaba la atención, pero tuvo que pasar un tiempo hasta que la curiosidad se impuso.
El descubrimiento fue una sorpresa. Primero, porque no me esperaba que el poseedor de una voz tan grave y llena de matices fuera tan joven; segundo, porque no me había parado a entenderla y me fascinó su letra. Me enamoré perdidamente de Hozier, de su poesía y de una barbaridad de disco debut que me agarró el corazón y me lo estrujó. Me encontré a mí misma en sus canciones, y también me redefiní; es lo bonito de aquello que nos llega, que a veces no sólo es un espejo de nosotros mismos, sino que también nos da pautas nuevas para entendernos.

Es imposible ser objetiva con lo que nos marca, y yo no he venido aquí a serlo. He venido a dejar constancia de la gran sorpresa que me llevé hace unas cuantas semanas cuando pude por fin escuchar el nuevo disco en su totalidad.
Cuando un trabajo te ha apasionado tanto como en mi caso lo hizo el álbum Hozier, es natural aguardar lo que sigue con cierto miedo. Y es que llevaba tres años ansiosa por escuchar su nuevo material, pero a la vez temerosa de que no me gustara tanto o, peor, de que no me llenara. De que no me pusiera los pelos de punta.

A finales del año pasado, comenzó la puesta en libertad de las canciones de aperitivo. Primero fue el single Nina Cried Power, junto a la leyenda Mavis Staples, con otro par de canciones tan maravillosas como la que le daba título; tengo que reconocer que, salvo el tema principal, ninguno se distanciaba lo suficiente del sonido del disco debut como para sorprenderme. Es más, Shrike tiene una melodía que recuerda irremediablemente a viejos temas como Like Real People Do. Y me enamoré profundamente de todas estas canciones, pero asumí que era muy posible que el nuevo disco sonara exactamente como el anterior. Y no habría tenido ningún problema con ello mientras las letras fueran tan buenas como la de la propia Shrike (LOCURA), pero el caso es que me esperaban novedades.


Ya Almost (Sweet Music) y Movement empezaban a dar pistas de nuevos ritmos, nuevas temáticas (la del homenaje, siguiendo la estela de Nina Cried Power) y un nivel vocal impresionante; pero el verdadero shock llegó con Dinner & Diatribes, una canción cargada de humor irónico, donde la progresión de cuerdas y la percusión crean una atmósfera completamente distinta a aquello que Hozier había mostrado hasta la fecha, y con una forma juguetona de empastar la voz en la canción, como quien es perfecto dueño de su trabajo y ha venido a disfrutarlo y a elevarlo.

Dinner & Diatribes es una de mis grandes obsesiones actuales y tal vez mi canción favorita del nuevo disco. Escapa de los enfoques más oscuros de Hozier y, desde su mejor poesía, vuelve al sexo como motor de muchas acciones y frustraciones humanas. Es como una carcajada de las que esconden un poco de mala leche, pero deciden disfrutarla en lugar de sufrirla.


(El videoclip me FLIPA).

Y luego vino el disco. Y me encontró deseando nuevas sorpresas, como Dinner & Diatribes; pero también poco preparada para ellas. Iba de camino a Ourense, como muchos otros viernes, y estaba escuchando mi lista Drive de Spotify (una selección totalmente cambiante, ya que van entrando y saliendo temas a diario según me engancho o me canso de ellos) tan tranquila. Y no recuerdo exactamente en qué punto del trayecto dije: "¡EH! ¡UN MOMENTO! ¡QUE HOY SALÍA EL DISCO DE HOZIER!". Así que paré el coche y me puse el álbum como banda sonora de la hora y media que restaba para llegar a la casa de mis padres.

Y, si estuviera a favor de expresarme en el blog por medio de emoticonos, los siguientes párrafos los compondría de forma íntegra el que tiene cara de sorpresa, con la boca bien abierta y los ojos como platos. Esa fue precisamente la sensación que tuve, de absoluto asombro: de encontrar decenas de sonidos, temas y formas de cantar distintos en cada pista del disco. De, sin estar tan lejos del primer disco, haber llegado a un territorio muy distinto. Y maravilloso.

Mis canciones favoritas son todas y las voy a explicar en el orden que me venga en gana. (De los singles ya no digo nada, los he mencionado arriba por encima y queda claro que los amo).

Would That I fue una de las primeras en clavárseme en la cabeza y el corazón. La melodía es amable y muy similar a otras del primer trabajo, pero la fuerza de la voz de Andrew al pasar de las estrofas al estribillo me perfora. Es una canción bonita sobre pasar página y encontrar el amor en otro sitio, en otra persona. Sobre cómo el ser humano está siempre cambiando y moviéndose y consumiendo etapas. La sensibilidad con la que se despide de alguien a quien ha amado y el optimismo en la seguridad de un futuro son las claves de este tema.


No Plan rompe en mitad del álbum con una instrumentación más pesada y con ese uso de las palmas que inunda todo el disco. La voz casi susurrante de los primeros versos va tomando cuerpo, pero sin llegar a perder nunca el tono aterciopelado. No Plan es lo que indica su título: un carpe diem, un recordatorio de que el hoy es lo único real y los planes sólo son deseos

For starts,
what a waste to say the heart could feel apart
or feel complete, baby.
Why would you make out of words a cage for your own bird?

As It Was es la historia del deterioro de una relación de pareja, el deseo de volver atrás para recuperar lo que se ha perdido. Habla de aquellas cosas que nos alteran, nos hacen cambiar y dejar de reconocernos, de cómo el amor no siempre es el elemento clave para que algo se mantenga, de cómo el entendimiento mutuo es esencial. La frase final cierra un tema muy triste con una sonrisa, y es lo que me llevo yo cada vez que la escucho. Sin duda, mi parte favorita es el pre-estribillo, cuando Hozier alza la voz para expresar aquello que desea con todas sus fuerzas y sabe que posiblemente no pueda conseguir. Me recuerda un poco a las baladas de moda de los últimos años por parte de gente como Sam Smith o John Legend.

Además de dar título al álbum, Wasteland, Baby! lo cierra a la perfección. Habla también de finales, de la fortuna de que existan. De que sólo los finales pueden provocar nuevos comienzos. De que el amor también lo es cuando se está demoronando y nos está destrozando. La canción está susurrada y acompañada de guitarra y algún tipo de laminófono, y cierra con sencillez y esperanza un trabajo realizado desde lo pequeño, desde la perfección sin grandes alardes. Es una de esas canciones que calientan el corazón.

Wasteland, baby,
I'm in love,
I'm in love with you.
And I love too
that love soon might end
and be known in its aching,
shown in the shaking.

To Noise Making (Sing) es quizá el punto más animado del disco, una oda a todo aquello que hacemos porque queremos, porque nos sale de dentro, sin importar cómo ni por qué. Es alegría por el hecho de simplemente vivir y tomar todo aquello que nos toca y transformarlo en cosas más úitles, como la música. Es una declaración de amor a la canción que surge libre y despreocupada de perfecciones técnicas o de oídos ajenos. El punto más gospel del trabajo, una ventana abierta al amanecer. 


Sunlight es, efectivamente, un rayo de luz percutido por palmas y acunado por el sonido de un órgano y coros gospel. Es tan grandilocuente como Take Me To Church, es iluminación y catarsis. Es paz.

Talk era un enamoramiento seguro. Las metáforas que Hozier utiliza en sus canciones son siempre deliciosas, pero cuando decide meterse en la mitología clásica para aludir a Orfeo y Eurídice, a mí me tiene a sus pies a lo largo de estos tres minutos y medio y del resto de mi vida. Y, encima, cheeky, el tío.

I won't deny I've got in my mind now all the things I would do,
so I'll try to talk refined for fear that you find out how I'm imaginin' you.

Finalmente, Be es otro canto de esperanza, una buena mezcla de todos los sonidos del álbum y la tajante afirmación de que el mundo ya puede ser una completa mierda porque la única verdad está en aquellos que tenemos enfrente y en las relaciones personales que tejemos nosotros mismos. 


Este Wasteland, Baby! recoge el testigo de Hozier y nos lleva de la mano por todos esos temas traumáticos y difíciles, pero vistos desde una óptica nueva. Es un disco más animado, más optimista y atrevido, cargado de socarronería. La barbaridad vocal que Andrew demuestra no sólo en el trabajo de estudio, sino en todas las actuaciones que ha ido regalándonos en directo, está a años luz de la mayoría de vocalistas que he escuchado. Y la humildad con la que afronta su carrera y su talento se traduce incluso en los temas más ambiciosos. Cantar por el placer de cantar, olvidando el mundo y la expectativa. 

Ya se me hace difícil hablar de este hombre sin emocionarme, así que supongo que sólo me queda darle las gracias por ponerme siempre los pelos de punta

Ojalá me dure muchísimos, muchísimos años más.


And the cold was as sharp as my baby,
and the nights were as dark as my baby,
half as beautiful too.

lunes, 24 de diciembre de 2018

2018 en discos


Si uno de mis hábitos ha cambiado durante 2018, es la forma en que escucho música. Hay dos factores fundamentales que han condicionado la apertura enorme que he experimentado:

El primero, que he empezado a conducir de forma habitual; al comienzo, cuando llevaba el coche de mi padre (que ya es viejito), su sistema de radio no tenía más entrada que la de cintas de cassette, por lo que me descargué por primera vez Spotify y empecé a dejarme llevar por la aleatoriedad de la reproducción de listas. Pasado cierto tiempo, me di cuenta de que me compensaba pagar el Premium y al final ya no dejo de utilizar esta aplicación. Sigo prefiriendo siempre el formato disco, la rotundidad de un trabajo sólido y coherente, pero es verdad que Spotify me ha permitido descubrir mejor a muchos artistas a los que no les hacía caso, así como conocer a otros nuevos. Y está guay conducir con gran variedad de temas.

El segundo, cómo no, ha sido OT 2017. Engancharme como lo hice a un programa donde se interpretaban canciones de muchísimos artistas españoles de diferentes géneros me abrió bastante la mente. Ahora, además de a los concursantes de OT, también puedo escuchar temas que antes ignoraría, como el Jerico de Brisa Fenoy o el pedazo de álbum que se ha marcado este año Rosalía.
En fin, que siento que he ampliado miras y acallado prejuicios, y me siento bastante cómoda al enfrentarme a las canciones por lo que son y no por su género o por una etiqueta previa.


En 2018 he escuchado bastantes canciones sueltas y a una cantidad de artistas sin precedentes. He cantado pop, country, reguetón y rock latino. Eso sí, sobre todo ha habido álbumes maravillosos que me han acompañado y hecho sentir muchísimas cosas. Y, como creo en el formato álbum y espero que se siga haciendo música de esta manera, comparto algunos de los que me llevo para siempre:


-Attention Attention de Shinedown


Ya no soy capaz de escucharlo sin evocar las imágenes que lo acompañaron la primera vez que me lo puse en los oídos en su orden oficial. Estaba dando un paseo por Mondoñedo, por la ermita del Carmen y esa zona alta desde la que se contempla el pueblo en su totalidad. Todo era verde y bellísimo y lo echo de menos a diario, y Brent Smith cantaba sobre la vida y el empoderamiento y cómo los miedos están ahí para que los desafiemos todo el tiempo. 
Attention Attention es el disco que me ha devuelto la fe completa en la banda, tras un Threat to Survival que estaba bien, pero no a la altura del grupo. La solidez de este trabajo, que combina nuevas orientaciones sonoras con el rock de sus primeros trabajos, me pilló por sorpresa y me conquistó. 


-The Insulated World de DIR EN GREY


Dir en Grey es el grupo de la sorpresa permanente, de la experimentación sin miedo, de la osadía. Sus dos trabajos de estudio anteriores, Dum Spiro Spero y Arche, me habían resultado tan redondos y profundos que no vi venir la regresión que iba a suponer The Insulated World, un disco en el que han recogido el testigo de discos de años atrás y han recuperado sonidos que ya no hacían. The Insulated World puede recordar a Vulgar o a Withering to Death, pero también tiene entidad en sí mismo e incorpora muchos elementos que nunca habríamos escuchado hace quince años.
Además, he tenido la suerte de poder escuchar parte de él en el concierto al que fui en Varsovia, y Dir en Grey en directo es siempre una experiencia superior. Ranunculus se queda de por vida como una de las canciones que más me rompen.


-Harry Styles de Harry Styles


No me interesaba en absoluto One Direction, y apenas les conocía, cuando a Alfred le tocó interpretar Sign of the Times en Operación Triunfo y me encoñé con la canción. Lo gracioso es que, ahora que conozco la original, la de Alfred no me gusta nada.
El disco debut en solitario de Harry Styles es de una rotundidad difícilmente esperable de un artista pop procedente de la boyband de moda. Es un álbum personal y arriesgado, donde incorpora géneros como el rock, el soul y el indie y se distancia de los ritmos facilones de sus trabajos previos. Sienta las bases para una carrera que puede ser muy buena.
No hay canción mala en este disco, pero sin duda Sign of the Times, Kiwi y Carolina me hipnotizan. La emocionalidad de su voz es increíble.


-Astronauta de Zahara


A Zahara me la descubrió mi hermana como influencer en redes sociales, con la única presentación: "es súper maja". Total, que este año la he ido escuchando y conociendo mejor y me he enamorado de su simpatía, de su valentía y de esa cosa increíble que tiene en la garganta y te hace desmembrarte con cada uno de sus temas.
Sus discos anteriores no me llegaban a gustar al completo, pero Astronauta ha sido un terremoto que no consigo superar. Quitando la maravillosa Hoy la Bestia Cena en Casa, pareciera un trabajo conceptual en torno a una ruptura analizada en forma de metáforas del universo. Y las canciones transmiten una honestidad y una desnudez que hace imposible mentenerse frío ante lo que cuentan.
Hay canciones indie pop, baladas y temas más electrónicos; variedad suficiente para captar a un gran número de oyentes y verdad en cada nota. Mis temas favoritos son Guerra y Paz (especialmente la versión en que canta ella sola), Bandera Blanca, Big Bang y El Fango.


-El Mal Querer de Rosalía


A esto me refiero exactamente cuando señalo la importancia del formato álbum, aunque dejad que antes apunte que hace un año habría considerado difícil estar tan enamorada de un trabajo de tintes flamencos, urbanos y de copla (ya que ninguno de esos géneros me interesaba en lo más mínimo). 
Pero Rosalía tiene algo, y no me refiero sólo a que sea una grandísima música y productora, sino que además hay mucha verdad en aquello que canta. El Mal Querer es un disco conceptual que se presenta como una novela con comienzo, desarrollo y final; con personajes (especialmente uno) que se enfrentan a un conflicto y lo superan, con capítulos que aportan y se cierran. Es un trabajo innovador a todos los niveles, con una excelente parte visual y una artista que va mucho más allá de la voz (absolutamente bella y emocionante) para crear un sello completo. 
Espero que quede mucha Rosalía por delante, porque es un lujo tener esta artista en España.


-auri de Auri


Difícil emocionarme más que cuando, muchos meses antes, se anunció un proyecto que implicaba al cerebro y corazón detrás de Nightwish, Tuomas Holopainen; junto con Troy Donockley y Johanna Kurkela, a la cual amo profundamente.
auri es un disco sencillo, libre de toda presión y expectativa; es un viaje a la mente y al alma sin cinturones estructurales. Los tres artistas se dejan llevar por la música y ponen en este primer trabajo un pedazo de lo que sienten como seres humanos ante la vida, y construyen algo que desborda magia y autenticidad.
Este disco es una de mis cosas favoritas de 2018, es un pedazo de corazón que me envuelve y enamora cada vez que necesito el calorcito del café en el invierno. La voz de Johanna revela colores desconocidos, casi inhumanos, y trasciende. Me lleva a Finlandia de cabeza, me lleva a los lagos calladitos de Carelia y a aquella tarde sentada bajo un toldo en Savonlinna.


-Together We Are Stronger de Counterfeit


Aunque salió el año pasado y le di toda la caña del mundo en su momento, no puedo dejar de nombrarlo porque sigo adicta y  derritiéndome al escucharlo.
Conocí a Counterfeit por Jamie Campbell Bower, a quien llevo siguiendo desde su papel en Sweeney Todd y a quien quiero y admiro con todo mi corazón. Y, casi sin haberles escuchado, me fui de cabeza a su concierto en Madrid en 2016, donde lo flipé por lo vacía que estaba la sala, por lo cerca que estaba Jamie y por la fuerza de su propuesta.
Counterfeit es un grupo de punk rock con toques de hardcore que habla de la vida y de ser un inadaptado, alguien que va por el mundo enganchándose como puede a su ritmo y tratando de no ahogarse en él. Lo mejor de Counterfeit es su impulso, la fuerza y la verdad que transmiten sus canciones, esa cosa que recuerda a las bandas punk de los 70 que ponían toda la carne en el asador.
Together We Are Stronger es todo corazón y todo desnudez, y eso es lo único que me interesa.


Me parecía oportuno desearos feliz noche compartiendo la música que me ha hecho sentir y reflexionar a lo largo de este año. Deseo que paséis una muy cálida Navidad y espero que también vosotros me hagáis llegar recomendaciones musicales de las que hablan de crudeza y verdad.

Hyvää Joulua!

martes, 14 de noviembre de 2017

Hallatar: luto a corazón abierto

Pero, fundamentalmente, esto es lo que hemos hecho siempre los artistas. Cogemos nuestro dolor y lo transformamos en algún tipo de narrativa, en un espectáculo o en una historia; en algo... distinto. Enmarcamos nuestro trauma lo mejor que sabemos y lo ofrecemos. En el mejor de los casos, es un regalo; en el peor, es un producto. Y la cantidad de respeto que otorgamos a nuestros artistas parece ser directamente proporcional a la corrección, a la autenticidad, al desinterés con el que ellos son capaces de tomarse una selfie emocional como ésta.

Así se refería, en el artículo que os enlazo, Amanda Palmer a One More Time With Feeling, el documental que nos acercó a la desgracia de la muerte del hijo de Nick Cave en 2015. Cuando me di de bruces con Hallatar, a quienes mencioné en mis Favoritos de Octubre, una de las primeras cosas que se me vinieron a la cabeza fue esta bellísima y desnuda reflexión de Amanda. Y es que los temas son comunes: música, luto, dolor, autopsia emocional. Hallatar no es sólo música, pero es la forma más pura de música.

Me encontré con el grupo de forma accidental y entré a ver de qué se trataba al notar la presencia de Gas Lipstick (ex-HIM; HIM es y será siempre uno de mis grandes grupos favoritos, parte indispensable de mi biografía y de mi atlas sentimental) y de Tomi Joutsen (cantante de Amorphis, poseedor de una voz y de una forma de entender la vida y el arte que amo sin reservas). No me di cuenta, en un primer momento, de que ellos, si bien indispensables, estaban en segundo plano. De que todo este proyecto era cosa de otras dos personas, trascendentes y rotas en pedazos como es necesario estarlo para Sentir, para Amar, para Llorar en mayúsculas: Juha Raivio, compositor de la música; y Aleah Starbridge, autora de cada palabra.

Ignoro en qué momento de sus vidas se toparon Juha y Aleah. Sé que se fundieron a nivel musical en un proyecto llamado Trees of Eternity. Sé que se fundieron también a nivel personal en una relación que duró siete años. Y entonces se interpuso el cáncer, y Aleah falleció en abril del año pasado. Y Juha sintió que se volvía loco, pero recuperó el sentido de su vida cuando comenzó a recopilar textos que ella había dejado y decidió prendarlos de melodía y convertirlos en una oda a la persona a la que iba a amar toda su vida.


Hallatar es un poema. Es una nota de suicidio, la que alguien deja antes de desprenderse de quien es para tornarse algo nuevo. Es el llanto cuando no quedan lágrimas. El luto por una parte de nuestro corazón irrecuperable. Un grito desgarrado con el que nos desafiamos a Vivir. Es música desnuda, despedazada, cargada de amistad y amor y dolor y desesperación. Es la confianza de dos amigos que deciden cargar con parte del dolor de otro. Es la forma única de entender el mundo de una persona que ya no está en él, pero cuyas huellas son imborrables para alguien. Es el susurro y el gemido y el desgarro y la nana del enamorado que ama por completo y se entrega y sin embargo debe mantener su entidad propia.
Es un canto a la vida, la declaración de intenciones de quien planea seguir adelante aun a costa de sí mismo. Es fuerza, es valor, es vulnerabilidad y luz.

Las palabras de Aleah, en una sencillez preñada de precisión, reflejan de la forma más honesta el dolor de Juha, y es difícil y sencilla de entender la magnitud de su conexión, de su apertura mutua, del vínculo que les une más allá de la vida y de la muerte. Canciones de amor como The Maze y Melt describen la vorágine de miedos que conlleva la desnudez; la caída, el amoratamiento que implica la libertad absoluta, la entrega vulnerable a otro; cómo esa unión les hizo encontrar una versión más verdadera de sí mismos y sin embargo les cambió. Juha convierte en guturales las palabras dulces y en carne viva de Aleah.
Temas más salmódicos y oscuros como Severed Eyes o My Mistake (con Heike Langhans) son entonados con voces limpias que transmiten el dolor a través de la simplicidad.

Vale la pena sufrir el viaje a nuestras propias entrañas que es escuchar a Hallatar. Vale la pena enraizar en ese dolor y ser parte del proceso de catarsis como Gas y Tomi decidieron serlo por su amigo. Vale la pena, siempre, abrirnos en canal e identificar cada una de las piezas que nos hacen ser quienes somos y revelarnos buenos y malos y estúpidos y reales. Vale la pena el trauma. Vale la pena la resurreción. 

Hallatar es una Carta de Amor. Y no hay nada más bello y puro en el mundo que una Carta de Amor.

domingo, 5 de abril de 2015

'Endless Forms Most Beautiful' o la belleza del mundo


No soy una persona monotemática, pero podría decirse que casi. En realidad, me gusta conversar y me interesan multitud de materias diferentes, pero hay unas cuantas constantes que están siempre ahí y vuelvo a ellas como un resorte en regresión. 
A Nightwish llegué con Tarja y el amor se profundizó durante su larga etapa con Anette. A nivel de grupo, sin embargo (y espero no llegar a arrepentirme de plasmar esto por escrito), nunca me habían gustado tanto como en esta nueva era: como sexteto junto a Troy Donockley y Floor Jansen. Y es que lo que me enamoró en un primer instante, a lo loco y como un imán, fue precisamente la voz de la señora Turunen; pero lo que me mantuvo a su lado, inamovible, durante esa incerteza posterior a su expulsión y en los años de Dark Passion Play e Imaginaerum, fue la música, la poesía, esa oscuridad profunda y la luz que, tras no pocos álbumes, se ha empezado a gestar en el corazón de la tormenta. Nightwish no es, nunca ha sido, una voz; no es un único género musical, no es metal opera, no es rock and roll; no es orquesta ni vodka junto a una hoguera. Nightwish, tal y como lo veo después de más de diez años de fanatismo incondicional, es un cóctel hecho de todos esos ingredientes. Son sensaciones, pinceladas que se van superponiendo y formando un cuadro abstracto, a veces lleno de luz, a veces marcado por el claroscuro; su sfumato suaviza laderas agrestes y enturbia paisajes soleados. Nightwish es Kalevala, es Finlandia, es Disney y es Darwin. Es El Fantasma de la Ópera y es El Hobbit.
Y es Tuomas Holopainen, el chico muerto, el poeta maldito que ha aprendido a usar colores cálidos y pasteles. Es Marco, Jukka, Emppu; pero no se queda en nombres y (casi) cualquiera es (en un momento dado) prescindible, porque a estas alturas la nave surca los mares con fuerza y no necesita banderas que la liguen a ninguna nación. 

Eso es lo que siento respecto a ese gran drama que ha sido la "separación de mutuo acuerdo" entre los chicos y Anette Olzon, la ex-vocalista. Cuando ocurrió lo de Tarja, me costó asimilar un cambio tan grande, la marcha del ingrediente que me había enamorado de ellos en primer lugar. Creo que Tarja, en su frustración y sin olvidar que el grupo no obró bien, supo crecer y manejar la situación; he tenido la ocasión de seguir su carrera, verla en directo y la quiero; también opino que hizo muchas cosas mal con ellos y que la situación, en su momento, explotó porque tenía que explotar, pero el tiempo ha pasado y ha habido madurez. Con Anette, creo que fue un poco al revés: ellos no incurrieron en los mismos errores que con Tarja, pero ella no tuvo la misma elegancia de la finlandesa. Queda agradecerle los ingredientes nuevos que su voz trajo a Nightwish y lo mucho que dio de sí en los dos discos que crearon junto a ella; como cantante, defenderé siempre que es muchísimo mejor de lo que algunos la han querido pintar.

Floor es otro mundo. Aunque la conocía y en mis años de instituto escuché bastante a After Forever (me presentaban a este tipo de bandas como similares a Nightwish, y puede que lo fueran, pero nunca me he guiado por géneros sino por sentimientos), le había perdido completamente la pista y tampoco había llegado a sentir por ella ningún flechazo grande. Sin embargo, en el momento en que se plantó en Estados Unidos a salvar la noche y cantar con ellos sin apenas saberse las canciones, algo encajó para mí. De nuevo, espero no equivocarme, pero creo que hablar con esta chica es lo mejor que podrían haber hecho. Cerca de veinte años como cantante de metal y rock hablan por sí solos; las largas giras, eso que tanto les costó a Tarja y a Anette, son el estilo de vida que Floor ha llevado durante mucho tiempo. Destila profesionalidad y, sobre todo, ilusión. Por supuesto que sus circunstancias se lo permiten y no todo el mundo puede hacer algo así, pero el hecho de que se haya ido a vivir a Finlandia para estar cerca del grupo y aprender mejor la lengua y las costumbres, habla por sí solo. A nivel vocal, lo mejor es no comparar, ya que las tres son cantantes muy diferentes; en cualquier caso, el equilibrio y versatilidad de Floor son una verdadera gozada.


No voy a analizar el disco nuevo pista por pista. Para qué deshacerme en halagos cuando es evidente que muy bajo tiene que caer Nightwish para disgustarme. La conexión está ahí, lleva mucho tiempo ahí, y su música, sus letras, los conceptos que exploran, son parte de mí; me siento identificada con cada nota, y eso no cambia con el género ni con la voz. Es algo que trasciende esas nimiedades.
Quizá Endless Forms Most Beautiful no me parezca, como trabajo, tan original o tan sólido como Imaginaerum; es bello y gira en torno a una serie de ideas fuertes, introduce ese elemento de banda folk en torno al fuego del que nunca se han desligado del todo y se muestra íntimo y lleno de contrastes. Le falta la redondez conceptual de Imaginaerum, desde mi punto de vista, pero no todos los discos tienen que ser un episodio cerrado. Aquí aparecen elementos de todo lo que han ido transmitiendo a lo largo de los años, pero de una forma más madura y serena. No, no hay voces líricas; han dicho mil veces que no les interesaba explorar ese mismo sonido de nuevo, y no sé cuándo lo va a entender alguna gente. No, no hay epicidad al nivel de Wishmaster; es un tipo de maestría más sutil (que no modesta), menos ingenua. 
Endless Forms Most Beautiful es un canto de amor a la vida, a la evolución, a esa magia que hace que de la célula más simple de todas puedan desarrollarse formas cada vez más complejas, y que de ahí hayamos surgido nosotros, con la poesía como arma, y sin embargo seamos sólo un eslabón más en la cadena y nada tenga el valor que le otorgamos. Es una oda a la música, al narrador de historias, al artista errante. Es un desafío sin miedo a la belleza, al cambio, al futuro. Es humildad y es ambición. 

Los puntos fuertes, desde mi punto de vista, se encuentran en Shudder Before The Beautiful, Alpenglow, Yours Is An Empty Hope, Edema Ruh y (por supuesto) The Greatest Show On Earth; ¡qué barbaridad resultan siempre las pistas largas y épicas de cada disco! Vivo por esos 24 minutos.

Espero cosas (aun) mejores de ellos en el futuro y espero muchos más trabajos con Troy y Floor. Espero una gira gloriosa y desearía que pasara por España (pero, si no lo hace, ahorro y me voy a donde sea, que no puede ser que todavía no haya podido verlos en todos estos años). Espero que, por fin, el grupo esté unido en su totalidad y que la ilusión no haga sino aumentar. 

Espero que mis palabras os hagan darle una oportunidad a esta tímida joya que es Endless Forms Most Beautiful. 

domingo, 15 de marzo de 2015

GaIn, una Eva coreana


Hacía mucho tiempo que no escribía una crítica musical, pero esta semana se ha producido un hecho que me ha obligado a hacerlo: hace unos días, entraba en Facebook y se colaba en mi muro el videoclip del nuevo tema de GaIn, diosa coreana de la que llevo profundamente enamorada desde que, de forma igualmente repentina, entró en mi vida Bloom.


De aquel trabajo, que parece mentira que ya tenga tres años, me conquistaron su voz, su cara, la coreografía, el colorido, pero, sobre todo, esa forma de declararse ser sexual, y de describir el sexo como algo maravilloso, en contraposición con un mundo del Kpop (o con un mundo, en general) cada vez más enfocado a lo erótico, pero con mujeres objeto en vez de sujeto, y críticas durísimas a quienes se suben al carro. Y es que los que seguimos un mínimo el mundo del pop coreano (yo escucho a Sistar, Mad Clown y poco más, pero me entran noticias todos los días) sabemos que, de un tiempo a esta parte, no hay coreografía que no incluya movimientos sugerentes y aberturas de piernas. Ningún problema con eso, pero es un soplo de aire fresco que llegue esta chica y se plante delante de toda una sociedad diciendo: "No estoy aquí para provocaros, estoy aquí para deciros que soy mujer y disfruto de las relaciones sexuales, y las considero algo importante en una relación y como forma de conocerse a uno mismo; no tiene nada de malo, no me deja en ningún lugar en particular ni se me puede definir por esto".

Después de descubrir esta maravilla de debut, fui echando un vistazo a sus trabajos anteriores con Brown Eyed Girls, así como a sus colaboraciones (como referencia para el mundo occidental, sale en Gentleman de PSY) y a todo lo que fue sacando después. Me gustaron mucho temas como Fxxk you o Tinkerbell, pero he de decir que nada había conseguido calarme como Bloom hasta ahora.  

Así que paso a comentar los temas de este Hawwah (el nombre de Eva en su adaptación al coreano), que será sin duda el disco del año en su país. 

1. Apple (con Jay Park)

Sólo es un bocado, 
¿qué más da?
No va a pasar nada.
¿Y qué si nos metemos en problemas?
Tú también quieres probar.

Tardé un poco en engancharme a esta canción, lo cual es perfectamente comprensible al compararla con Paradise Lost, el single que está promocionando. Ahora que ya he caído en sus garras, puedo decir que es una intro encantadora para el mini álbum, en la que su voz desprende toda esa dulzura que la caracteriza, al tiempo que nos introduce en una atmósfera retro y jazz, como le gusta a ella. Muy GaIn y muy provocativa. 

2. Free Will (con Dok2)

No te dejes emborrachar
por la felicidad del amor
demasiado tiempo,
pues la infelicidad
se alimenta de la felicidad.

Una canción que me resulta, al mismo tiempo, más animada y más dramática. El ritmo, sin abandonar ese aire retro, se va a toques más latinos, que combina con guitarras que recuerdan a la música de las películas de James Bond. Muy agradable y sugerente, en la línea de todo el disco.

3. Paradise Lost

Por favor, apaga la luz
para que puedas verme bien.
Ahora mismo, somos libres,
no hay ningún lugar
al que queramos volver.

Es el gran temazo del disco y, probablemente, del año y de su carrera hasta la fecha. Oscura y adictiva, el aura de la canción me ha recordado un poco al Frozen de Madonna. La instrumentación casi susurra por detrás de la voz de GaIn, que esta vez explora tonos más graves y fríos que los habituales en ella. Es lo que se puede llamar pop de calidad, rico a nivel melódico y lírico, con referencias claras a Eva y a la Biblia, pero con un indiscutible sello personal y un alto grado de intimidad. 
La coreografía, que me enfada enormemente tener que decir que ha sido censurada en la televisión coreana (maldita doble moral), es maravillosa, y GaIn se desliza por el suelo como una serpiente: sigilosa, sinuosa, pero voraz y letal. El vestuario, maquillaje y puesta en escena se amoldan a ella, a su mensaje. 
Una belleza a todos los niveles.

4. The First Temptation

Me sigues mirando desconfiado.
Miras alrededor,
preguntándote de qué va todo esto.
Tu aspecto es tan inocente.
Seré la primera y la última para ti:
en cuanto te acerques a mí,
todos tus sueños y tu vida
serán míos.

De nuevo me hace pensar en Madonna, esta vez en otro tipo de temas como Music o Impressive Instant, si bien más oscura y tétrica, diferente del resto del álbum pero imprescindible dentro de él. GaIn sabe adaptarse a este estilo y suena perfecta en todo momento. La atmósfera atrapa como la tela de una araña.

5. Two Women

Ella es, ella es
más bonita por la noche que de día,
un capullo rojo que florece en forma de mentiras.
Su veneno se extiende 
al susurro de dulces palabras de amor.
Es más peligrosa que una serpiente.

Una de mis piezas favoritas del disco, es la única canción grabada completamente en acústico. Una pequeña delicia que suena dulce, pero peligrosa, y es que esa coquetería con que GaIn introduce los primeros versos se torna un antifaz que se va cayendo a medida que avanza el tema. Recuerda ligeramente a Romantic Spring, pero los dobles sentidos desmontan este parecido inicial y la convierten en una canción más memorable que su trabajo con HyungWoo. Los tonos agudos nos devuelven esa voz casi maullante que nos conquistó en Sixth Sense de BEG, y el tempo nos sumerje de nuevo en esa coloración retro y romántica que tanto le gusta.

6. Guilty

¿Qué voy a hacer? En serio: ¿qué voy a hacer?
Me estoy arruinando, me hundo por completo.
No puedo parar, así que, si vas a destruirme, destrúyeme.
¿Quieres hacerlo conmigo?,
una pregunta que nadie se atreve a formular.

Cierra el disco este Guilty, cuya letra ha sido escrita por mi querido Mad Clown. Es una canción bonita, con una mezcla de géneros que se comprime hasta formar una pasta única y bailable, sin abandonar esa sensación noventera que lo impregna todo. A medio camino entre la falsa alegría de Apple y la oscuridad de Paradise Lost o The First Temptation, se convierte en un buen cierre, una síntesis de lo que este Hawwah nos ha hecho experimentar.

En fin, un trabajo sólido y, sobre todo, un tema que tardará en olvidársenos. El mundo del pop lo lleva crudo este año para competir, al menos en mi vida, con Paradise Lost. Y el grueso de seres humanos del planeta ya no os digo lo complicado que lo tienen para impresionarme después de esta vuelta de GaIn. 

Tremenda.

domingo, 5 de agosto de 2012

Pasado, presente y futuro según Emilie Autumn

Aunque ya llevo un par de semanas disfrutando del nuevo trabajo de la gran Emilie Autumn, lo cierto es que he preferido paladearlo bien antes de dar una opinión precipitada y motivada por la histeria inicial.
Nunca más volveré a fiarme de lo que digan, eso lo tengo claro. No había querido escuchar las versiones en directo o las demos que iban saliendo de las nuevas canciones porque la red estaba llena de críticas hacia ellas: que si eran malas, que si las letras habían perdido las señales de identidad propias de Emilie, que si era un disco dirigido a los que se han leído su novela... En fin. Yo decidí esperar a que saliera el producto final para juzgarlo ya junto y terminado, y no me arrepiento para nada, porque ha sido toda una sorpresa. Adoro tanto Enchant como Opheliac y me preguntaba qué podría hacer ahora esta mujer para superarse a sí misma. Pues bien, no sé qué ha hecho, pero se ha superado. No puedo decir que Fight like a girl sea mi disco favorito hasta la fecha, pero tampoco puedo decirlo de ninguno de los anteriores. Son todos tan únicos y tan sólidos que no hay comparación posible.
Este nuevo álbum se abre con el tema que le da título, Fight like a girl, una canción pegadiza y ligera, bañada en esa ironía que caracteriza a Emilie. Muchos la han tachado de feminista en el mal sentido de la palabra (el contrario a machismo), sin embargo basta con conocer un poquillo a esta mujer para saber que nada se aleja más de la realidad y que hay que tomarse su letra con un poco de humor. Me quedo con cierta línea que desmonta toda crítica que vaya en esa dirección (más o menos): "Even if you're only a boy, you can fight like a girl". Además, tiene una pequeña sorpresita para los que la seguimos desde hace años... una sorpresita que nos recordará a su aclamado Misery loves company.
Mucho mejor, en mi opinión, es la segunda canción, Time for tea, un festival de sarcasmo y humor negro con ese regustillo de verdad que también está siempre presente en las canciones de Emilie. Una canción para reírse, para reunir fuerzas y pisar fuerte. Por supuesto, está profundamente relacionada con la novela The Asylum for Wayward Victorian Girls; sin embargo, no es en absoluto necesario haberla leído para poder disfrutarla y entenderla. El concepto victoriano siempre le ha servido a esta increíble pelirroja para criticar la realidad social actual, de ahí todo este remolino feminista en torno al cual gira el disco, pero nuevamente es necesario captar la ironía de todas sus palabras y de todos sus acordes. "And when I am good, I am very, very good. But when I am bad... I am fucking gorgeous!".
Sigue a este potente inicio 4 o'Clock Reprise, que es precisamente eso, un eco de su 4 o'Clock, un guiño a quienes la venimos apoyando desde antes de este disco y un pequeño pedazo de belleza suprema impregnada de las notas de El fantasma de la ópera de Lloyd Webber.
What will I remember? es una de las canciones más hermosas de todo el disco. Ya sin ironías, esta balada está cargada de tristeza, de esperanzas frustradas y de deseos poco probables. "I always imagined I'd mean something to somebody. If I won't, at least I tried". No necesitamos haber leído la novela, ni siquiera saber nada de su vida, aunque si lo hacemos, si tenemos una ligera idea de lo que ha marcado a Emilie y la ha convertido en quien es, estas líneas tendrán más sentido que nunca. Nadie fue a buscarla, comentaba. Y ese dolor de saberse sola es algo no sólo presente en esta canción, sino a lo largo de todo el trabajo. "Where's my second chapter? Or will the first also be my last?". Un tema para rompernos el corazón.
Cambiando de nuevo el tono, aunque renunciando un poco a la alegre socarronería de Time for tea, Take the pill es una interacción entre interno y enfermero, entre loco y cuerdo. Es una de las canciones más oscuras de todo el álbum, cargada de rabia y dolor, como escupida entre las lágrimas y la risa. "Pull up your skirt... And yes, it's going to hurt". Habla sobre ese momento en que te arrebatan una de las cosas que más duele que te quiten: la credibilidad. "So you're a doctor and I am just a crazy little girl... Who would you believe?". Es una canción dura, cargada de impotencia y del sabor salado de las lágrimas.
Girls! Girls! Girls! es, en mi opinión, una de las joyas de FLAG, un musical en sí misma, irónica, divertida, demente y brillante. Totalmente victoriana en cuanto a su concepto, reúne los ingredientes fundamentales de todo el trabajo aludiendo a la discriminación a la mujer y a los problemas mentales. Tampoco olvida esos ingredientes menos felices, como son la impotencia y la resignación, pero los trata desde arriba, desde una alegría forzada y desde una rabia abandonada. "You see, from 'lunar' we have lunacy and lunatic and loony, and they're always ovulating by the cycle of the moony!". La letra es absolutamente hilarante, y se merece un número impresionante en sus conciertos. Sugiero jaulas y camisas de fuerza...
Con respecto a I don't understand, debo reconocer que es una de las que menos me han gustado por el momento. Alude, imagino, a una parte determinada de la novela, pero además nos introduce en otra canción posterior. Se trata de una conversación de pensamientos, de palabras no pronunciadas, y, aunque la voz de Emilie es una gozada en este tema, creo que habría sido interesante incluir a un segundo cantante en vez de hacerlo todo ella; eso mismo pienso de las conversaciones en Girls! Girls! Girls!
We want them young regresa a la oscuridad de Take the pill, sin apartarse del musical y de una puesta en escena que prácticamente podemos imaginarnos. Nuevamente, Emilie pone voz a todos los personajes que aparecen, incluyendo a la nueva interna, encarnación de la ingenuidad inicial, que está convencida de que pronto la sacarán de allí. Un tema oscuro y escabroso.
Otra de las baladas del disco, igualmente bella y equilibrada, es la siguiente canción: If I burn. La voz de Emilie pasa de la luz a la oscuridad, de la inocencia a la amargura, continuamente, mientras se resigna al destino, pero con la convicción de que, si arde, no será la única que lo haga: "If I burn, you will see the fire in your mind when you sleep and if I rise up in smoke around your eyes you'll know it's me". Personalmente, disfruto muchísimo cuando pone voz al médico y pronuncia esas erres fuertes que lo caracterizan. "You can break me, death can take me, but it's never over".
Hay quien ha comentado por ahí que Scavenger, la pista número 10 de FLAG, podría estar dedicada a su amigo Terrance Zdunich. Desde luego, tanto el título ("carroñero") como la letra de esta canción nos recuerdan bastante a la película de Zdunich, Repo! The Genetic Opera, en la que interpreta al Graverobber ("ladrón de tumbas"), que aprovecha aquello que ya está muerto y olvidado, para crear su droga. Juzgad vosotros: "One man's trash is another's treasure, one man's cash buys another's pleasure. I'll rob from the cradle, I'll rob from the grave, it's just human traffic and I'm just a slave". Como enamorada de ese ladrón de tumbas de voz grave, este guiño me resulta encantador, y el tema en sí es oscuro como un cementerio antes del amanecer. Muy disfrutable. "I am a scavenger... Supply and demand...".
Sigue a este momento tan oscuro del álbum una de mis canciones favoritas del mismo, Gaslight. Cuando comentaba I don't understand, decía que nos introducía en otro tema posterior, y aquí está. Regresan la vulnerabilidad, la esperanza marchita y la tristeza que nos parte el alma. Vuelve la Emilie de Enchant, o la de Shalott, la que todavía alberga rayitos de luz en su interior, la que llena las canciones de colores y abandona momentáneamente la oscuridad del camposanto. Aunque es una de las pistas más tristes de este disco, también alberga ilusión, la de la muchacha que se enamora del fotógrafo al que le tiemblan las manos. "He takes my picture, although I don't know why. His hands are shaking, although I see him try to look collected, he thinks it doesn't show".
Otra de las que todavía no me han hecho mucha mella es The Key, un relato apurado, la lucha sin tregua entre la libertad y las cadenas. Breve, casi un interludio, es fiera y contenida al mismo tiempo, quizá no tan interesante como canción, pero sí como pieza de un musical.
Hell is empty no es más que otro interludio, como un breve recorrido por las sucias cloacas hasta alcanzar por fin el frío de la noche... 
... Frío que amanece en Gaslight Reprise, de una belleza estremecedora, cálida y brillante, que nos remite a esa esperanza que queda siempre cuando todos los males escapan de la caja de Pandora.
Goodnight, sweet ladies es para mí una de las piezas más enternecedoras del disco. Primero, porque es una oda a aquellas (aquellos) que han luchado hasta el final. Y segundo, porque escuchar la voz de Emilie en esta faceta aterciopelada es un verdadero lujo. "Let no voice falter, let die no flame. Let all remember your every name, let faces turn to the starry sky, let songs be heard 'till our throats are dry". Es una canción llena de futuro, de posibilidades y de deseos. Bellísima.
Preciosa asimismo es la breve pero sonriente Start another story. Esta última parte del disco es la calma tras la tormenta, tras el arduo recorrido que fueron Opheliac y FLAG. Es el segundo capítulo que Emilie reclamaba en What will I remember? "Remember, this is now, that was then. (...) Let the past remind you what's done, look for something more. There's a place I can almost see before us".
Y es una maravilla que un trabajo tan tortuoso como es FLAG termine con una canción tan completa como One foot in front of the other, que incluye ambas caras de la moneda y reconcilia el pasado y el futuro en un presente que exige seguir adelante. Afirmaciones como: "We never will forget and no, we will not forgive", se encuentran con la necesidad de levantarse y avanzar, pues más allá de las murallas se extiende un nuevo reino. Una canción maravillosa, con pequeños suspiros de violín y el brillo de la gloria.

Fight like a girl es, en definitiva, otro pedazo de disco de esta increíble artista que nunca deja de asombrarme. Tiene puntos negativos, desde luego: el hecho de que ella lo cante todo en algunas canciones puede llegar a fastidiar un poquito, y la ausencia del violín en el grueso del álbum causa una inevitable melancolía. No obstante, nos hallamos ante un trabajo tan potente y de tal calidad, que todo eso queda en un segundo plano. 
Emilie Autumn, señores, más fuerte que nunca.