domingo, 5 de abril de 2015

'Endless Forms Most Beautiful' o la belleza del mundo

domingo, 5 de abril de 2015

No soy una persona monotemática, pero podría decirse que casi. En realidad, me gusta conversar y me interesan multitud de materias diferentes, pero hay unas cuantas constantes que están siempre ahí y vuelvo a ellas como un resorte en regresión. 
A Nightwish llegué con Tarja y el amor se profundizó durante su larga etapa con Anette. A nivel de grupo, sin embargo (y espero no llegar a arrepentirme de plasmar esto por escrito), nunca me habían gustado tanto como en esta nueva era: como sexteto junto a Troy Donockley y Floor Jansen. Y es que lo que me enamoró en un primer instante, a lo loco y como un imán, fue precisamente la voz de la señora Turunen; pero lo que me mantuvo a su lado, inamovible, durante esa incerteza posterior a su expulsión y en los años de Dark Passion Play e Imaginaerum, fue la música, la poesía, esa oscuridad profunda y la luz que, tras no pocos álbumes, se ha empezado a gestar en el corazón de la tormenta. Nightwish no es, nunca ha sido, una voz; no es un único género musical, no es metal opera, no es rock and roll; no es orquesta ni vodka junto a una hoguera. Nightwish, tal y como lo veo después de más de diez años de fanatismo incondicional, es un cóctel hecho de todos esos ingredientes. Son sensaciones, pinceladas que se van superponiendo y formando un cuadro abstracto, a veces lleno de luz, a veces marcado por el claroscuro; su sfumato suaviza laderas agrestes y enturbia paisajes soleados. Nightwish es Kalevala, es Finlandia, es Disney y es Darwin. Es El Fantasma de la Ópera y es El Hobbit.
Y es Tuomas Holopainen, el chico muerto, el poeta maldito que ha aprendido a usar colores cálidos y pasteles. Es Marco, Jukka, Emppu; pero no se queda en nombres y (casi) cualquiera es (en un momento dado) prescindible, porque a estas alturas la nave surca los mares con fuerza y no necesita banderas que la liguen a ninguna nación. 

Eso es lo que siento respecto a ese gran drama que ha sido la "separación de mutuo acuerdo" entre los chicos y Anette Olzon, la ex-vocalista. Cuando ocurrió lo de Tarja, me costó asimilar un cambio tan grande, la marcha del ingrediente que me había enamorado de ellos en primer lugar. Creo que Tarja, en su frustración y sin olvidar que el grupo no obró bien, supo crecer y manejar la situación; he tenido la ocasión de seguir su carrera, verla en directo y la quiero; también opino que hizo muchas cosas mal con ellos y que la situación, en su momento, explotó porque tenía que explotar, pero el tiempo ha pasado y ha habido madurez. Con Anette, creo que fue un poco al revés: ellos no incurrieron en los mismos errores que con Tarja, pero ella no tuvo la misma elegancia de la finlandesa. Queda agradecerle los ingredientes nuevos que su voz trajo a Nightwish y lo mucho que dio de sí en los dos discos que crearon junto a ella; como cantante, defenderé siempre que es muchísimo mejor de lo que algunos la han querido pintar.

Floor es otro mundo. Aunque la conocía y en mis años de instituto escuché bastante a After Forever (me presentaban a este tipo de bandas como similares a Nightwish, y puede que lo fueran, pero nunca me he guiado por géneros sino por sentimientos), le había perdido completamente la pista y tampoco había llegado a sentir por ella ningún flechazo grande. Sin embargo, en el momento en que se plantó en Estados Unidos a salvar la noche y cantar con ellos sin apenas saberse las canciones, algo encajó para mí. De nuevo, espero no equivocarme, pero creo que hablar con esta chica es lo mejor que podrían haber hecho. Cerca de veinte años como cantante de metal y rock hablan por sí solos; las largas giras, eso que tanto les costó a Tarja y a Anette, son el estilo de vida que Floor ha llevado durante mucho tiempo. Destila profesionalidad y, sobre todo, ilusión. Por supuesto que sus circunstancias se lo permiten y no todo el mundo puede hacer algo así, pero el hecho de que se haya ido a vivir a Finlandia para estar cerca del grupo y aprender mejor la lengua y las costumbres, habla por sí solo. A nivel vocal, lo mejor es no comparar, ya que las tres son cantantes muy diferentes; en cualquier caso, el equilibrio y versatilidad de Floor son una verdadera gozada.


No voy a analizar el disco nuevo pista por pista. Para qué deshacerme en halagos cuando es evidente que muy bajo tiene que caer Nightwish para disgustarme. La conexión está ahí, lleva mucho tiempo ahí, y su música, sus letras, los conceptos que exploran, son parte de mí; me siento identificada con cada nota, y eso no cambia con el género ni con la voz. Es algo que trasciende esas nimiedades.
Quizá Endless Forms Most Beautiful no me parezca, como trabajo, tan original o tan sólido como Imaginaerum; es bello y gira en torno a una serie de ideas fuertes, introduce ese elemento de banda folk en torno al fuego del que nunca se han desligado del todo y se muestra íntimo y lleno de contrastes. Le falta la redondez conceptual de Imaginaerum, desde mi punto de vista, pero no todos los discos tienen que ser un episodio cerrado. Aquí aparecen elementos de todo lo que han ido transmitiendo a lo largo de los años, pero de una forma más madura y serena. No, no hay voces líricas; han dicho mil veces que no les interesaba explorar ese mismo sonido de nuevo, y no sé cuándo lo va a entender alguna gente. No, no hay epicidad al nivel de Wishmaster; es un tipo de maestría más sutil (que no modesta), menos ingenua. 
Endless Forms Most Beautiful es un canto de amor a la vida, a la evolución, a esa magia que hace que de la célula más simple de todas puedan desarrollarse formas cada vez más complejas, y que de ahí hayamos surgido nosotros, con la poesía como arma, y sin embargo seamos sólo un eslabón más en la cadena y nada tenga el valor que le otorgamos. Es una oda a la música, al narrador de historias, al artista errante. Es un desafío sin miedo a la belleza, al cambio, al futuro. Es humildad y es ambición. 

Los puntos fuertes, desde mi punto de vista, se encuentran en Shudder Before The Beautiful, Alpenglow, Yours Is An Empty Hope, Edema Ruh y (por supuesto) The Greatest Show On Earth; ¡qué barbaridad resultan siempre las pistas largas y épicas de cada disco! Vivo por esos 24 minutos.

Espero cosas (aun) mejores de ellos en el futuro y espero muchos más trabajos con Troy y Floor. Espero una gira gloriosa y desearía que pasara por España (pero, si no lo hace, ahorro y me voy a donde sea, que no puede ser que todavía no haya podido verlos en todos estos años). Espero que, por fin, el grupo esté unido en su totalidad y que la ilusión no haga sino aumentar. 

Espero que mis palabras os hagan darle una oportunidad a esta tímida joya que es Endless Forms Most Beautiful. 

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