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martes, 21 de octubre de 2025

Abriendo para poder cerrar: Alice in Borderland

 


Soy muy fiel a mis historias. Es algo que me caracteriza. Cuando un argumento o unos personajes me han movido, les he cogido cariño o han pasado tiempo a mi lado, no los suelto. Se instalan en mi vida a muy largo plazo.
¿Puedo pasar por un libro o una serie de puntillas y no acordarme más de ellos? Por supuesto. Pero, si ha habido más, si he tenido curiosidad por temporadas siguientes, si los personajes llevan en mi imaginario el tiempo suficiente, soy fiel a ellos y me los quedo en el corazón.

De Alice in Borderland os hablé por primera vez en 2021, ya que si no me equivoco se había estrenado en la Navidad de 2020. Época de pandemia, ausencia de títulos interesantes para mí y una muy reciente adicción a Todome no Kiss y a Kento Yamazaki fueron los pasos que me llevaron a ella. Luego, la dirección de Shinsuke Sato (que ya en Gantz me había gustado) y la premisa estilo Battle Royale (aunque algunos ahora dirían "estilo El Juego del Calamar", que es en realidad posterior y bebe sin lugar a equivocación de fuentes japonesas). 

Hace unas semanas, Netflix ha estrenado una tercera temporada que para mí era innecesaria y así se continuó sintiendo después de haberla visto, aun a pesar de haber tenido episodios muy bien construidos. La historia de sus protagonistas ya había quedado suficientemente cerrada en la temporada 2, ¿para qué añadir más? Así que, después de haber terminado la entrega número 3 con estas sensaciones, mi cerebro no dejaba de darles vueltas al comportamiento de los personajes, al melodrama del episodio final, a las características del juego y a la razón para volver a poner a Arisu en el tablero.

¿Qué hice? Pues, tras haber acabado la 3, volví a empezar la 1 para buscar un poco de guía, recordar los acontecimientos que se me habían emborronado en la memoria y dar sentido a las decisiones de Usagi. Tras la 1 llegó la 2 (y volvió a aparecer la sorpresa total ante la presencia de Yamapi -Tomohisa Yamashita- en pelotas en varios episodios; ¡mi mente había elegido olvidar!) y revisionado de la 3. Podéis considerarme una experta en Alice, aunque dada mi capacidad de concentración y mi pésima memoria, esto no va a durar.

Ha sido un reencuentro bonito con el viaje en su totalidad. He notado de forma más clara las diferencias de carácter entre cada una de las temporadas de la serie. Cómo Arisu es en los primeros episodios una víctima pasiva de sí mismo, el modo en que asume el liderazgo después y su posición más serena cuando los años han pasado. 
La primera temporada no era tan buena como la recordaba. Es decir, ¡sí!, era sorprendente y entretenida, impactaba muchísimo y su tercer episodio era poesía pura, tal y como lo recordaba. Hay momentos inolvidables y los personajes son tremendamente carismáticos. Es cierto que en 2025 me ha costado mucho soportar a Shota y que he encontrado fallitos y machistadas propias de su contexto cultural; aun así, los juegos son geniales, la manera en que se van desvelando las capas situacionales es entretenidísima y no he podido soltar los episodios cada vez que estaba en casa.
La segunda es quizá la mejor desde mi perspectiva actual. Aunque pierde el carácter episódico de los juegos que había en la anterior, gana en profundidad de los personajes, nos permite encariñarnos de verdad con todos esos secundarios fascinantes (Kuina y Chishiya son los mejores) y desarrolla la relación de Arisu y Usagi, que finalmente deciden luchar para volver al "mundo real" juntos. El último episodio, que ya en su día me había resultado una genialidad, me ha parecido nuevamente fantástico, ya que decide abrazar las muchas teorías de los fans de un modo ingenioso, un poco tramposo y muy inteligente. Esta segunda entrega es también el final, el cierre de esa experiencia de Alicia cayendo en un mundo loco y sin sentido y persiguiendo al conejo. Todo termina.

Entonces, ¿por qué una tercera entrega? Para empezar, porque ya al final de la segunda hay pistas de que continuará y por lo que sea yo lo había olvidado. Para seguir, porque Alicia también vuelve a internarse en un mundo disparatado después de haber abandonado el País de las Maravillas; medio año más tarde, atraviesa un espejo y se enfrenta a nuevas situaciones que tiene que superar para dejar atrás la niñez e internarse en el mundo adulto. Para Arisu, han transcurrido varios años cuando comienza la tercera temporada y está en un momento vital en que planea formar una familia junto a Usagi; un cambio tan profundo en sus vidas implica unos procesos mentales imposibles de esquivar. 
En mi primer visionado, no comprendía por qué Usagi querría volver a enfrentarse a las calamidades de las que con tanta dificultad habían conseguido escapar años atrás. Me costaba defender cómo escapa sin tener en cuenta la posición en la que deja a Arisu, especialmente conociendo sus propios traumas. La actriz que la interpreta, Tao Tsuchiya, había aportado en una entrevista una razón interesante (que, en su deseo de formar una familia, primero Usagi necesitaba sanar las heridas de su propia niñez); pero, aun así, no ha sido hasta que he vuelto a darle la vuelta a toda la historia y me he reinternado en los capítulos de la temporada 3, cuando realmente he visto que la serie, aun sin dar explicaciones explícitas, realmente lo pone todo encima de la mesa.
La tercera temporada no es una temporada para fans. No aparecen los personajes más queridos (más allá de algún cameo), no nos centramos en buscar respuestas y no existe pausa entre los juegos. Es un nivel "bonus", un "años después" que simplemente representa la transición de la pareja protagonista de críos que se enamoran por primera vez, a una pareja adulta. Alicia persigue al conejo hasta un mundo rocambolesco y, si bien la idea de regresar a sus vidas está ahí, diría que se nos muestra más bien un tirar hacia delante, "encontrarnos" y superar las cosas que nos distancian y nos impiden ser todo lo sólidos que necesitamos ser.

Y luego están, por supuesto, los guiños; no nos olvidamos de nadie, no obviamos las razones por las que hemos llegado a tener una segunda y una tercera temporadas. La última es diferente, pero recoge con cariño el entusiasmo de los fans.


Para mí, ahora sí, la historia se ha cerrado. Hay una escena final que apunta a una versión yanqui completamente innecesaria, o incluso a más adaptaciones de la misma idea; pero no entra dentro de mis planes darle la más mínima oportunidad a ninguna de ellas. Lo que sí que haré algún día, y seguramente será dentro de no tanto tiempo, es volver a esta serie que ya llevo en el corazón. A su crudeza, a su impacto, a su inteligencia y a unos personajes que quiero muchísimo.

lunes, 17 de febrero de 2025

Ver Lost en 2025

Cuesta creer que esté escribiendo en este blog sin que haya muerto nadie, que es lo único que me devuelve aquí últimamente. Pero oye, ¡buenas noticias! Y es que realmente echo mucho de menos la época en que lo usaba asiduamente porque, aunque no fuera el tipo de escritura que me piden las entrañas y que llevo años ignorando deliberadamente, al menos ejercitaba la capacidad, ahora bastante perdida, de redactar y expresar las cosas que de otro modo no puedo.

Soy víctima de Internet, como lo he sido siempre. En un primer momento, lo fui de los grupos de Msn, donde pasaba horas y horas colgando entradas sobre las cosas que me gustaban. Luego lo fui de las primeras redes sociales, como MySpace y foros varios. Y, finalmente, ha llegado la era de TikTok (que no uso) y cada día me siento menos a escribir. Cuando lo hago, es desde la pantallita de mi teléfono móvil y en formato post de Instagram, donde se me puede encontrar hoy por hoy en hasta tres cuentas, pero en un modo más conciso y visual. 

Total, que estoy aquí ahora. Me he sentado delante de un ordenador de sobremesa a dejar que fluyan los pensamientos. Ojalá me permita hacerlo más a menudo. 


El 24 de mayo de 2010, dije adiós a la serie de mi vida siendo consciente de que aquellas emociones ya nunca se repetirían. Es lo que tienen las historias que nos marcan: que podemos volver a ellas en mil ocasiones y emocionarnos hasta el llanto todas ellas, pero la sorpresa y la genuina llegada desde el desconocimiento ya no se van a volver a producir. 
Lost fue posiblemente la serie más importante de los años 2000 debido al fenómeno de masas que generó y a cómo sentó las bases de la forma posterior de narrar episódicamente en televisión. Tiene un mérito innegable y da igual en qué año esté una, que es evidente el porqué. La forma de jugar con los interrogantes, el efectismo, los cientos de referencias a ensayos filosóficos y obras de ficción, el carisma de los personajes y de sus actores, la coralidad de lenguas y colores de piel, el tono bien escogido de cada temporada y de cada trama... Damon Lindelof y J.J. Abrams sabían lo que hacían e incluso hoy, veinte años más tarde del estreno de la primera temporada, una duda de si las preguntas planteadas no tuvieron nunca respuesta en su planificación, o si los guionistas sabían bien lo que escondían aunque el desenlace no haya conseguido ser satisfactorio.

Lost en 2025 se percibe como una historia de su momento, pero también como una historia muy adelantada a su momento. Las cosas que chirrían (los machitos líderes, un actor inglés de origen indio interpretando a un iraquí, la escritura de blancos y negros en personajes como Jin, la injusta demonización de Sawyer por parte del resto...) se acaban mostrando a medida que transcurren los episodios como intentos de hacer las cosas bien y dar espacio a minorías a las que no era habitual ver en papeles tan protagónicos en ese momento: cuando hace que pongamos los ojos en blanco el ver que siempre son los hombres de la serie quienes se (auto)adjudican el peso de las decisiones y la acción, entonces aparecen las tramas de mujeres como Kate o Juliet, que son más jefas que los jefes; cuando una no sabe cómo gestionar los sentimientos encontrados hacia un Sayid escrito por norteamericanos, se plasman críticas directas a la discriminación y al sesgo racial de las autoridades yanquis; si en algún momento llega a mosquear muchísimo cómo Jin trata a su mujer y que esto se le perdone, tampoco es menos cierto que el hecho de que sea Sun la que habla inglés y se integra con el resto de personajes es de por sí un statement; y, si el TCA de Hugo parece que se supera de una forma demasiado fantasiosa, ahí está la serie para no soltar el tema de la gordura y la gordofobia y explicar, al menos un poquito, la profundidad de ambas cosas. 
En fin, que Lost es maravillosa. Ha envejecido y se nota en muchas cosas, pero al mismo tiempo sigue saltando a la vista lo rompedora que fue y lo importante de su mensaje. 

Lost en 2025 es llevarse una sorpresa porque nada era tan serio como lo recordaba, pero en realidad sí había grandes dramas todo el tiempo. Las actitudes de los personajes se deben a su momento, hay muchas cosas que hoy no se escribirían de la misma manera y un exceso de fanservice que sería omitible en una serie de su empaque. Y, con todo, sigue teniendo esa magia que hace que no quieras irte. 

Lost en 2025 es volver a enamorarme hasta las trancas de Sawyer, y hacerlo casi más de Juliet, a quien no recordaba demasiado y que para mí es uno de los mejores personajes de toda la serie. Es enfadarme con el final como no lo hice en su momento, metida hasta el cuello como estaba; porque donde quisieron dar respuestas siento que ojalá se las hubieran callado, donde se quedaron sin aportar parece torpe no haberlo hecho y a fin de cuentas nos hemos quedado sin saber qué pasó en las vidas de esos personajes. Es una serie sin final, y esto no lo recordaba y no me ha gustado.

Pero claro, Lost en 2025 son también horas y horas sin poder levantarme del sofá, risas y lágrimas y muchísimos recuerdos de cómo vivía esos episodios en aquella otra época: desde el día que aterricé en la isla de pura casualidad haciendo zapping en mi aldea, pasando por aquella segunda temporada que tanto esperé y me iba descargando semana a semana en Emule, y hasta la mañana que me levanté a deshoras para ver en Cuatro la transmisión en directo de la series finale que se realizaba en decenas de países a la vez.

Lost en 2025 plantea dilemas y conflictos, resulta muy imperfecta y sorprende por tomar al espectador por menos inteligente de lo que parecía en su día. Y, sin embargo, consigue que una se vuelva a sentir en casa entre sus personajes, en esa playa en mar abierto y escapando de osos polares en la selva tropical. Los misterios siempre fueron el motor mismo del enganche, pero a la vez nunca importaron demasiado, y esas precisas sensaciones se siguen transmitiendo en un 2025 en que, cuando la última temporada finaliza y la conclusión se queda coja, en el fondo seguimos queriendo estar ahí por más tiempo.

Aparte de Juliet, mi gran amor en este revisionado ha sido la Iniciativa Dharma, tan interesante como injustamente relegada a un plano secundario en el frenético resolver misterios de la última temporada. También me ha sorprendido no poder ver a Daniel Faraday sin que me recuerde a Pablo Iglesias y amar locamente los episodios de Desmond como lo había hecho siempre, porque Desmond es y será lo mejor de Lost.


Las relecturas y revisionados son algo muy importante para mí. Las historias que me han marcado, que me han emocionado y hecho sentir parte de ellas, me reciben como un hogar calentito cada vez que regreso a ellas y me permiten redescubrirlas y darles nuevos significados. Espero que no vuelvan a pasar tantos años antes de que me pierda de nuevo en la isla.

sábado, 16 de septiembre de 2023

Los sueños... veinte años después

 

Si miro hacia atrás en busca de mi primera noción de One Piece, llego inevitablemente a la obra de mi vida: a Rurouni Kenshin. Eiichiro Oda, antes de convertirse en el autor del manga más masivo, reconocido y rentable de la historia; había trabajado como ayudante de Nobuhiro Watsuki en Kenshin. Éste no dudó en explayarse, en los llamados free talks que dedicaba a los lectores entre capítulo y capítulo, acerca del nuevo manga de su colega, quien debutaba como autor en un shounen con nombre propio.
One Piece se estrenó en Telecinco en 2003, en plenos quince años de mi vida, cuando ésta y las de mis mejores amigos giraban en torno a nuestro amor por Kenshin, Saint Seiya y nuestros grupos japoneses favoritos. El anuncio de su emisión, para nosotros, significaba que podríamos ver "el anime del ayudante de Watsuki". Y, aún por encima, iba de piratas.

Si me hubieran preguntado hace un par de semanas, habría dicho que me disgustan profundamente los live actions (o versiones de imagen real) de obras de manga y anime. Casi siempre salen mal. Sí, ahí están lo feliz que me hicieron el de Alita y el de Nana, algunos de mangas que no he leído como Kingdom, o incluso el del mismo Kenshin, que ni se acerca al manga pero está bien. Sin embargo, el concepto de adaptación a carne y hueso me genera miedo y desconfianza y me niego y seguiré negando a consumir una americanada con el título de Saint Seiya, por poner un ejemplo.
Pero One Piece. One Piece con gente real sonaba al peor live action de la historia, y sin embargo he aquí que toda la gente que lo ha visto afirma que es bueno. Juro que jamás me habría sentado a mirarlo de no haberme escrito mi amiga Mai, la persona que vivió conmigo aquellos sábados y domingos de Telecinco, para decirme que le estaba encantando.

He tardado una semana entera en consumir los ocho episodios que conforman esta serie, la serie de Netflix de One Piece, por la única razón de que me he forzado a mí misma a alargarla para que me durara sólo un poco más: ese es el resumen de mi opinión al respecto.

One piece (2023) me ha devuelto a los quince años, a las mañanas de fin de semana partiéndome de risa con las ocurrencias de un anime desenfadado, ligero, creativo, absurdo y con muchísimo corazón. 
Diría que su primer gran acierto es el tono, ya que desde el instante en que vemos a Gold Roger pronunciar sus famosas palabras antes de ser ejecutado, sabemos que estamos ante una historia amable, ridícula y muy aventurera; por si no lo he dejado claro en suficientes ocasiones, no hay género en el que me sienta más en casa que el de aventuras y camaradería, y tal vez ese sea uno de los mayores motivos por los que amé One Piece en su día y la he vuelto a amar veinte años más tarde. Los creadores de la serie saben en todo momento con qué historia están trabajando, quiénes son sus personajes y dónde está el alma de lo que se quiere contar. Entienden que el disparate es parte indispensable de la narración, que Luffy es un tío que sólo ve aquello que quiere ver y que lo hace con determinación; que en la historia debe haber un tipo con cuernos de carnero porque sí y que los sueños son el motor de la vida, del shounen y de One Piece. La participación de Eiichiro Oda en el proceso resulta palpable, pero aunque no hubiera sido por él se habría seguido notando el inmenso cariño con el que está hecho un producto por fans y para fans, como una conversación animada en cualquier convención de manga.


Los personajes me parecen la mayor baza de la serie, con unos actores entregados y una caracterización impecable, no eludiendo en ningún momento los rasgos de su aspecto que más de dibujo animado resultan, sino abrazándolos sin que esto implique que nos los creamos menos o que no los compremos. Contribuye a la percepción de que los personajes SON los personajes el crisol étnico del elenco, muy siglo XXI y también muy One Piece; aporta colorido en pantalla y cercanía a aquel mundo pirata que no era otra cosa sino diverso.
No hay actor que no esté perfecto en su rol y no me refiero únicamente a los protagonistas, que son maravillosos, sino también a unos villanos deliciosos e incluso a los secundarios más trabajados que he visto en una adaptación de estas características.
Si Luffy (Iñaki Godoy) ES Luffy sin atisbo de duda, ninguno de sus compañeros de tripulación se queda atrás. Es más, ya que estoy, aprovecho para reconocer de forma pública que mi regresión a la infancia también ha pasado por enamorarme de un personaje tras otro al punto de tener que decir: no sé cuál es mi gran amor en One Piece. Como cuando tenía quince años, sufrí tremendo crush con Zoro (Mackenyu, al que ya conocía de mi amado dorama Todome no Kiss) para que luego apareciera Shanks (Peter Gadiot) a robarme el corazón y más adelante se interpusiera Sanji (Taz Skylar) en mis amoríos imaginarios con los anteriores (¡ES QUE HASTA ESO HAN CONSEGUIDO!).
De los villanos, estando todos excelentemente retratados, siento debilidad por Kuro (Alexander Maniatis), el mayordomo pirata cuyo gesto característico de colocarse las gafas imitábamos mis amigos y yo en los pasillos del colegio. Me ha parecido insuperable en su versión en carne y hueso.
Absolutamente perfectos también Usopp (Jacob Gibson), Koby (Morgan Davies) y hasta el putísimo Helmeppo (Aidan Scott), cuyo actor hace un trabajo brillante.
Pero el corazón de la serie, como ya era así en un anime lleno de buenas intenciones, es sin duda Nami; cuando he leído que la actriz (Emily Rudd) es una otaku de toda la vida y que este papel ha sido un sueño para ella, todo ha cobrado sentido. Interpreta con tantísimo acierto al personaje femenino por excelencia, con su complejidad, su inteligencia y su escepticismo. Nami tiene una mirada cargada de sueños y de tristezas, como los que llevan a cuestas todos los protagonistas, y de algún modo es la encargada de encarnarlos, incluso cuando es la única parte racional que cuestiona si sus propósitos no serán demasiado infantiles.

El diseño de producción, incluidos los planos selfie y móviles que aportan frescura y cercanía a la imagen, contribuye a ese tono casi pueril basado en el imperativo de ir a por nuestros sueños, por inalcanzables que estos parezcan. 
Los escenarios resultan tan originales como aquellos en los que se basan, tan narrativos como debían serlo.
También, al igual que ya me pasó cuando veía por primera vez el anime, me he emocionado encontrando los guiños a Rurouni Kenshin que metía Oda en el manga, como técnicas de esgrima similares, algún que otro parecido razonable con Marvel y cierta conversación sobre un tejado.

Hay una canción en el último (y bellísimo) disco de Hozier en la cual reflexiona sobre cómo en la vida acabamos tomando decisiones en función de lo que se espera de nosotros o lo que dicta nuestro mundo, pero estas suelen alejarnos de quienes somos: You and I burned out our steam / Chasing someone else's dream / How can something be so much heavier / But so much less than what it seems / Darling we sacrificed / We gave our time to something undefined / This phantom life / It sharpens like an image / But it sharpens like a knife. Al igual que no consigo evitar llorar cada vez que la escucho, hubo dos momentos musicales en la serie que me hicieron lagrimear sin parar y amar que One Piece haya venido a mis treinta y cinco años a hablarme de sueños.
El primero es cuando por fin consiguen el barco que será uno de los elementos más icónicos de la tripulación y comienza a sonar, en una versión sinfónica preciosa, el primer tema de apertura del anime, el mismo con el que he encabezado esta entrada. Me hizo tanta ilusión escuchar esa melodía en la serie, una melodía que es parte inseparable de mi adolescencia, que habría besado a quien decidió que no se podía prescindir de ella.
El otro momento es el final de la temporada, con la canción interpretada por AURORA poniendo voz a Nami en un tema bellísimo a nivel de melodía y de letra: Caught up in the whirlwind, a perfect storm / Reduce my sails and risk it all / Positions unknown and no sight of land / But I command, full speed ahead. Que la serie se despida así hasta un futuro encuentro (ojalá igual de bonito) es como si Nami/AURORA hablara por nosotros, los espectadores, que quizá en un principio hayamos sido los más escépticos con respecto a la viabilidad de la aventura porque nos ataban las cadenas de la realidad, de esta phantom life acerca de la cual cantaba Hozier; pero el sombrero de paja nos ha liberado y por fin podemos ver con claridad el horizonte hacia nuestros sueños: I'll draw a map of the world / Of lands unknown and untold / I'll guide my ship towards the morn' / Through the raging waters.

Los sueños como motor de la vida. Algo que siempre he tenido claro y casi he perdido por el camino, algo que se me ha devuelto en forma de historia disparatada de aventura y amistad. 


We all have dreams, but we outgrow them?

Not us. Not me.

Quiero más.

sábado, 15 de octubre de 2022

A tope y sin bragas con Kento Yamazaki - PARTE II (sigo HISTÉRICA)



En episodios anteriores, me dieron una baja de quince días y me puse a devorar todo cuanto cayó en mis manos de Kento Yamazaki (insertar corazones).

Hoy os traigo la recta final de esta maratón, que ha tenido sombras pero sobre todo luces muy brillantes. Gracias a estas dos semanas acompañada por él, ya me siento más o menos capaz de regresar a la vida normal. 

En fin, que he visto:


-Kingdom (2019)


Después de todos los fiascos anteriores, decidí que era el momento de ir a por el taquillazo de acción sin pretensiones, donde al menos encontraría un mejor ritmo y la acción suficiente como para que me importaran menos las carencias del guión. No esperaba llevar diez minutos de película y estar ya pensando que esto era lo que había estado necesitando desde que terminé de ver Suki na. Kingdom es el caso curioso de una película japonesa sobre la historia de China, pues básicamente viene a narrar (con un pelín de fantasía, pero sin irse a ese género) los sucesos que llevaron a la unificación de los diferentes reinos en la China Imperial.
Hablamos en este caso de una superproducción, con una ambientación cuidada y caracterizaciones maravillosas. Es acción, es guerra, es personajes que captan la atención del espectador y es un poquito de drama y un poquito de amistad, sin saturar.
En cuanto al tono, quizá sea lo más llamativo de ella porque se plantea en todo momento como una cinta que se toma en serio a sí misma, que está bien hecha y donde todos los actores cumplen con sus personajes... y entonces está nuestro protagonista, Xin (KENTO), que se encuentra completamente fuera de lugar en tono y en actitud. Xin es un protagonista de shounen manga y como tal se comporta, con sus expresiones exageradas, su arrojo a todas las situaciones de peligro sin medir y su presencia ruidosa y molesta; sólo hay otro personaje que parece estar actuando en un anime en vez de en esta cinta más seria, y ese es el rey interpretado por mi primo Kanata Hongo (que sale siempre más aislado y dueño de sus escenas y por tanto la actitud destaca menos). Todos los demás personajes actúan normal, forman parte de la historia. Para mí, fue un detalle curioso y que le dio a la cinta algo especial, el hecho de que el protagonista esté fuera de lugar y se comporte como un dibujo animado (la peli está basada en un manga, por cierto) en contraste con todos los demás; la peli habría estado bien sin este elemento porque está bien en general, pero ese toque de "aunque no es un anime, no queremos que deje de ser un anime" me pareció muy gracioso (porque estoy dando por hecho que la sobreactuación tan bestia es a propósito; por más que los japoneses tiendan a sobreactuar, esto no tiene ninguna otra explicación posible). El personaje de Kento es un coñazo, como el protagonista de shounen manga, pero con su coletita me recordaba un poco a Kenshin y eso me hizo ilusión.

Es una película sencilla en argumento, muy chula estéticamente y con unos efectos especiales que personalmente encuentro más orgánicos que los de los taquillazos estadounidenses y por tanto me gustan más. Entretenida, adictiva y recomendable.


-Your lie in April (2016)


A falta de conseguir Kingdom 2 (que se estrenó este verano en cines) y de encontrar títulos recientes chulos, tuve que recular e irme a 2016. Es el mismo año de Suki na, pero el aspecto que tiene Kento en esta película es muy distinto, ya que interpreta a un chaval de instituto algo pardillete. 
Me dejé engañar por la sinopsis, ¡y eso que el título ya lanza una advertencia!, y me pilló de sorpresa el girito de guion guión que aparece a mitad de la cinta. En realidad, la película forma parte de todo un subgénero arquetípico del melodrama nipón, pero al no ir contando con ello me sorprendió.
La premisa es un chico conoce chica. El chico tiene traumas del pasado que le impiden realizar su pasión: tocar el piano. La chica es una violinista que se pasa por el forro muchas de las normas formales que le imponen los círculos musicales donde se mueve y que decide darle un empujón al chico para superar aquello que le impide ir hacia delante.
Luego está el girito, pero no lo voy a destripar.
La película está bien. Si has consumido muchas otras del género, se sabe perfectamente cómo va a terminar y cuál es la enseñanza que pretende dejar. Con todo, es entrañable, tiene escenas bonitas y aporta lo que Orange (de la que hablé en la entrada anterior) no conseguía: comodidad y química en las interacciones entre el chico y la chica protagonistas. Sí que hay que decir que ella es un cliché andante, el de la chica superespontánea y happyflowers que a ratos queda falsa por más que Suzu Hirose dé lo mejor de sí para que nos la creamos.
Seguramente en dos días no me acordaré de ella, pero de por sí la cinta está bien.


-Y, entonces, llegó el milagro. Para mí, la estrella de estas dos semanas de enganche y la redención del mundo del dorama ante mis ojos. Había estado evitando Good doctor (2018), que es una adaptación de la serie coreana (aquí conocemos más la estadounidense, pero la original es un Kdrama) porque no me llaman nada las historias de médicos y quirófanos, y porque sabía que el protagonista tenía autismo y me daba TODO EL MIEDO que fuera una cagada (especialmente, porque el protagonista es Kento y no quería presenciar un ridículo del que no pudiera recuperarme). 


Bueno. A ver por dónde empiezo. En primer lugar, Kento hace un trabajo FANTÁSTICO en esta serie; no me meto en si cuela o no como un hombre adulto con autismo porque creo que las "señales visibles" varían mucho de una persona a otra y en función de cómo se ha trabajado con ellos desde niños, pero lo que es innegable es que se metió de lleno en su personaje, creó desde el respeto un protagonista entrañable y lleno de calidez con el que se empatiza todo el tiempo (a ratos, sus movimientos me recordaban a mi Maurice Moss y MIRA: YO, YA). El resto de interpretaciones también me gustaron mucho, de nuevo con Naohito Fujiki por ahí (a este hombre le sientan mejor los años de lo que nunca le sentó la juventud, en mi opinión) y una Juri Ueno a la que me hizo muchísima ilusión volver a encontrar después de muchos años, y que para mí es el alma de la serie junto con el doctor Shindo (Kento).
Si en España y las sociedades occidentales estamos a años luz de entender el TEA y tratarlo como merece, Japón hace aguas por todas partes; como siempre en una sociedad que rechaza la diferencia y el salirse de la cuadrícula, todo lo que recibe la persona con TEA (con cualquier necesidad específica, ya puestos) es frialdad. Quizá por eso, el mero hecho de adaptar una serie donde un hombre con TEA trabaja como cirujano infantil me parece valiente y necesario. Además, la serie acierta en muchas cosas: muestra cómo se trata a esta persona desde el principio y hasta que prueba en numerosas ocasiones su valía (maltrato físico incluido, no nos vayamos a pensar que esto no es Japón), explica cómo no entrar dentro de la cajita prediseñada no siempre es un impedimento para ser un gran profesional, y pone encima de la mesa la problemática de tener una sanidad íntegramente privada. Y es que esta última parte me encantó, la visión del hospital desde el punto de vista empresarial, el médico al servicio de la rentabilidad de la empresa. La serie retrata el hospital como un ente muchas veces frío, que vota qué cirugías asumir en función de lo que vaya a acarrear para la empresa en cuanto a imagen y beneficios; pero también nos muestra a los cirujanos como profesionales volcados en salvar las vidas de sus pacientes, dispuestos a asumir la responsabilidad de un error fatal cuando el riesgo es un elemento ineludible en su trabajo.
Para mí, lo maravilloso de Good Doctor es que desprende humanidad a raudales. Me trajo de vuelta todas aquellas emociones que experimentaba en mis primeros años de ver doramas, cuando me fascinaba cómo transmitían valores y acariciaban el corazón. Good Doctor es una de aquellas historias, deja un poso de reconciliación con el ser humano tras cada capítulo, tanto por la implicación de Shindo y el resto de los médicos, como por las diferentes historias que nos va contando de niños con enfermedades graves que pasan sus días en el hospital.
Está hecha con respeto, con cariño y con corazón. Me la quedo para siempre.


-En medio del visionado de Good Doctor y por que ésta no se me acabara en dos días, me puse Isshukan Friends (2017) sin grandes esperanzas de que me encantara. Curiosamente, y a pesar de la escarola que lleva Kento en la cabeza y de que su personaje se me hizo un poco petardillo, encontré en esta cinta lo que creo que les faltaba a Orange o a Your lie in April: es una película sencilla, que no tiene una gran historia y en la que no sucede mucho, pero está cargada de sensibilidad. 


Kaori Fujimiya (Haruna Kawaguchi) es una chica con un lapso de memoria de una semana; cada lunes, cuando vuelve a clase, es incapaz de recordar a sus compañeros. Eso la lleva a aislarse para no hacerse daño.
De esta premisa sale una narración tierna y entrañable sobre la amistad, sobre lo que las personas que nos quieren de verdad están dispuestas a hacer por estar cerca de nosotros y por que estemos bien.
La película es lenta pero bonita y se vale de todos los lugares comunes de la vida de instituto en Japón (las taquillas donde se cambian los zapatos al entrar en el centro, los clubes de después de clase, el festival de verano con fuegos artificiales, el festival cultural) para desarrollar una amistad a través de las estaciones, con sus encuentros y sus desencuentros y su permanencia. 
Me pareció muy naif y muy linda.


Llegados a este punto y con el buen sabor de boca final, decidí que era el momento de darnos una pausa, que por otro lado será breve porque se vienen cositas.

Lo que sí puedo afirmar de esta maratón es que he aprendido muchas cosas sobre Kento, las más relevantes de las cuales vendrían a ser que lleva añísimos (y yo sin enterarme) siendo el heartthrob oficial de Japón y, como tal, desde hace una década ha hecho la ristra completa de series y películas romanticonas y tontacas que se esperan de un ídolo adolescente; y que, acabando la veintena, es ahora cuando comienza a aceptar una variedad más amplia de proyectos y con ello llegan títulos mejores o como mínimo menos anodinos.

Le conocí por Todome no kiss (insertar más corazones) y me fidelizó de inmediato con su belleza, su capacidad para convertirse en personajes radicalmente distintos (no lo considero un gran actor, pero sí que consigue dar una impresión general muy diferente de un papel a otro) y lo adorable que se muestra siempre allí donde aparece. Creo que tiene mucho por dar y espero que, ahora que Netflix media y él ha madurado, sepa elegir los proyectos que le lleven a dar lo mejor de sí y a evolucionar. 


Conclusiones: 

¿Me gusta este muchacho? ME GUSTA.

¿Ha hecho muchas pelis/series muy buenas? NO.

¿Me ha sentado genial entregarme al mundo doramil y encima tener buenas vistas? POS SÍ, y me hacía mucha falta, que estaba en horas muy bajas.

Pendiente se queda por ahora la versión de Death Note junto a Masataka Kubota (tengo la AUDACIA de no haberla visto pese a que salen ambos, pero es que me da pereza Death Note a estas alturas de la vida) y en la alacena permanecen aún algunos títulos que conservaré en salazón para cuando vengan malos tiempos y deba tirar de ellos.

Así que gracias, Kento. Nos vemos en Kingdom 2, en Alice (tampoco espero grandes cosas de la segunda temporada, pero a ver) y dentro de poco en Atom no Ko (de nuevo junto a Joe Odagiri), que está al caer y tengo muchísimo hype al respecto. Y en tu Instagram, que seguiré stalkeando a saco. 

ERES MU BONICO.

sábado, 8 de octubre de 2022

A tope y sin bragas con Kento Yamazaki - PARTE 1 (esta entrada ha de leerse en tono EXALTADO)


HOLA.

No es raro en mí que la tome con un actor y me ponga a ver toda su filmografía de una sentada. Es más, no es raro que la tome con un actor de doramas y me lo trague todo, todito; para luego venir aquí a dejar constancia de mi nivel enfermizo de obsesión. 

Con respecto a los doramas japoneses, mi visión sobre ellos ha cambiado desde hace unos años. Quizá consecuencia de llevar consumiendo series niponas desde los dieciséis años (bendita Summer Snow), a día de hoy me veo venir las tramas y me conozco a los personajes desde casi la escena 1. He descubierto que en la ficción japonesa (como en todas) existen muchísimos clichés que se repiten hasta la saciedad y que además su público parece preferir frente a lo inesperado; una especie de "si ya sé que eres un personaje dandere/tsundere/MarySue/loquesea, me siento más tranquilo porque no tengo que hacer el esfuerzo de conocerte" y "si ya presupongo que en la escena final el chico va a echarse una carrera de 27 kilómetros para solucionar en medio minuto lo que no fue capaz de expresar en doce episodios, llevo bien el angst". 

Total, que a día de hoy soy más exquisita, no me veo cualquier cosa. Los doramas japoneses siempre han formado parte de mi zona de confort y he acudido a ellos en innumerables ocasiones sólo para sentirme bien, pero ya no voy dando palos de ciego con ellos. 

Eso, y que en pleno 2022 y desde hace bastante tiempo, ver series que no sean mis ya archivadas como recurrentes me supone un esfuerzo importante. Me canso. Me aburro. Se me hacen largas. No me enganchan.

En síntesis: voy viendo doramas a) si me llama la atención la premisa Y/O b) si sale algún actor que me guste. Muy rara vez pasa que me ponga a ver uno que no cumpla la segunda condición; cuando me obsesiono, la primera me la puedo fumar sin grandes problemas.


29 de septiembre de 2022. Estoy en mi casa, tengo tiempo libre (el fin de semana pasado me la pegué y se me ha quedado un tobillo inútil). Me entran ganas de doramas. Quiero romance. Quiero veranito. Quiero Summer Nude (2013) sin volver a ver Summer Nude. Busco a Masataka Kubota, a quien idolatro desde aquella serie, y no me llama nada de lo que veo en su listado de trabajos.

Me pregunto cuándo sale Alice in Borderland 2 (¡ALERTA! ¡ALERTA! SALE EN DICIEMBRE). Me conformo con cualquier otra cosa que haya hecho en tiempos recientes Kento Yamazaki.

Y no me digáis que no me veíais venir. Todo el mundo sabe, y si no lo sabe es un necio, que mi cuarentena en 2020 me la pasé viendo una y otra vez Todome no kiss. Y todo el mundo debería tener claro también que estoy incondicionalmente enamorada de Kento Yamazaki. 

Pues bien, no llamándome nada de lo que aparecía en la lista, mi siguiente paso fue preguntarle a Google por "jdramas feelgood", a lo que el ya mencionado buscador me ofreció un listado hecho por una persona random, de cuyos 50 títulos sólo hice click en tres. Uno de ellos reunía estas dos características: prometía amor ligero de verano Y llevaba el nombre de Kento Yamazaki. ¿Casualidad? No lo creo.


Y así, entre ese mismo 29 y el 30 de septiembre, me zampé sin pausa los diez capítulos de Suki na hito ga iru koto (2016), que no es un gran dorama, que incluye todos los estereotipos ya mencionados y más, pero me me tuvo enganchada como una tonta por el buen hacer de sus actores protagonistas y porque KENTO ES UN CHEF TACITURNO (y muy borde, de pasarse a veces tres pueblos) QUE VA POR AHÍ ENSEÑANDO HOMBRO Y ME DIO LA SANTÍSIMA VIDA. La serie no sabe lo que quiere ni por dónde tirar, está mal pensada y va dando tumbos en tramas que no generan demasiado interés ni se resuelven bien; la protagonista es una chavala adulta que se comporta como si tuviera 9 años hasta que de pronto cambia de interés amoroso y de personalidad, y en general no es una serie que recomendaría de entrada. PERO hay un momento en que los personajes de Kento y de Mirei Kiritani empiezan a comportarse como un matrimonio viejo que está todo el día tirándose pullas pero luego se pone ojitos de corazón, y a mí esto me hizo generar endorfinas en cantidades ingentes. Me lo gocé, aunque el guion fuera un desastre y supiera perfectamente cómo iba a terminar todo. ¡Ah! Y hay un personaje de alivio cómico que se llama Himura (inevitable pensar en Kenshin) que también me dio la vida.

Consumido en dos días el dorama anhelado (que no resultó tan chachi como Summer Nude, que tampoco es que fuera una maravilla pero tenía alma), se me generó un problema GRAVE: llevaba un par de horas sin tener episodios nuevos que ver y ECHABA DE MENOS A KENTO. Dediqué algunos minutos a contemplar con añoranza su cuenta de Instagram, le dejé algún comentario SOLICITANDO que por fin se estrenara Alice y abrí en el ordenador la carpeta de Todome no kiss, dispuesta a darle el enésimo revisionado.

Y, entonces, saqué fuerzas de flaqueza para plantarme ante mí misma y decirme en voz alta y clara: NO. Un quincuagésimo revisionado NO. Saca agallas y ponte algo nuevo, algo distinto. No seas una maldita cobarde. 


Y aquí estamos. Estoy recorriendo un largo camino de visualización de ficciones inesperadas con el único factor común de que todas están protagonizadas por Kento Yamazaki. Qué piel tan bonita tiene. A ratos no me he acabado de enterar de las cosas porque estaba pasmada (ad)mirándole la piel. 

Total. Que he visto cosas y hacía tiempo que no traía reseñas de cosas, así que me he dicho: ¿por qué no? Ya que las ves, coméntalas. Hace mil siglos que no compartes tus Favoritos y en realidad ha habido varios momentos en que has tenido ganas de hacerlo, como cuando viste Tori y Lokita (2022) en el OUFF y te pareció una bestialidad; o cuando leíste en Alemania Cuando la luna era nuestra de Anna-Marie McLemore y te enamoraste de cada palabra. COMPARTE AL MENOS ESTO, CHIQUILLA. 

Así que al final me he convencido a mí misma de escribir una entrada. No sé por qué últimamente me cuesta tanto y tengo que convivir con la duda. Pero, ya que estamos, conviviré también con la presión autoinfligida y seguiré dejándome caer. No prometo nada más que el intento.

¿Tienes pensado al grano, o es para mañana?

Voy. Inspira, expira. 

He visto (estoy viendo) cosas. 

Además de Suki na, quiero decir. 

Esas cosas son:

-Wotaku ni koi wa muzukashii (2020)

A ver, búsqueda rapidita en Google y la media de las reseñas está en el suspenso. ¿Esperaba algo? No esperaba nada. Por no esperar, ni siquiera esperaba que fuese un musical y, cuando se sacaron de la manga el primer número, me meé de la risa. Como su título sugiere, habla de dos otakus que deciden empezar una relación de pareja; y arranca tan a las bravas, imponiéndonos el encuentro sin ni siquiera habérnoslos presentado, que dan ganas de dejar de verla a los diez minutos. Sin embargo, y no con ánimo de llevar la contraria a la crítica general, la primera parte de la cinta ME LA GOCÉ. Los personajes tienen algunos de los tópicos de los otakus y se ríen de sí mismos, pero al mismo tiempo son adultos, trabajan y se desenvuelven en la sociedad. Uno esperaría que entre ellos sea como más cómodos se sienten al poder compartir sus gustos y así es, salvo que el problema no son las aficiones tanto como el mantener una relación. Creo que nunca había visto en ningún dorama o película japonesa el proceso de establecer cómo va a ser la relación y eso me gustó mucho, además de que Narumi (Mitsuki Takahata) y Hirotaka (KENTO, QUÉ BIEN TE SIENTA UN TRAJE) son personajes divertidísimos, incómodos, diría que al borde del autismo y con mucha química entre ellos. Así que sí, el montaje es un desastre y nada cuaja del todo, pero ellos me encantaron. Los números musicales, quitado el impacto inicial, resultan bastante anodinos tanto en cuanto a las canciones como a las puestas en escena. Hay personajes que diría que sólo están para que luzcan palmito sus actores, como en el caso de Takumi Saito ¿parodiando? La La Land (esta película ha cambiado por completo mi visión de este actor, al que siempre había visto en papeles blanditos y sin sangre, y de repente aquí hace de un señor de esos que imponen muchísimo y te llevan a querer esconderte debajo de una mesa; jamás volveré a pensar que es blandito).

¿Recomendaría esta peli? Si te gusta Kento, sí; está guapísimo y enamora con la cara de póker que mantiene ante todas las vicisitudes de su vida. La película aporta entretenimiento sano y la pareja es entrañable, con lo que no la veo mala opción para esos momentos en que uno necesita algo ligero sin más.


-Atami no sousakan (2010)


Este dorama de 8 episodios fue la siguiente parada y seguramente no le habría dado nunca la oportunidad porque Kento era un bebé (16 añitos, su primera serie) y su papel es relativamente pequeño, PERO está protagonizado por Joe Odagiri y CHIAKI KURIYAMA. Que ya es raro que no lo hubiera visto antes, dado que siempre estoy pendiente de si Chiaki hace algo interesante. O a lo mejor no me llamó en aquel momento, pero me lo saldé cuando en 2011 me gocé Himitsu chouhouin Erika, también con ella en un papel principal. 

Pues, contra todo pronóstico, Atami es lo más interesante que he visto hasta ahora en esta maratón. También es lo más absurdo.
Y es que la sinopsis habla de un autobús desaparecido con cuatro chicas adolescentes en él, y una piensa en historias crudas, drama, suspense... y va, y se encuentra con una comedia que ridiculiza las series de investigación con los gags y recursos más tontos que se le han ocurrido al tiempo que FILOSOFA SOBRA LA VIDA Y LA MUERTE y, con todo, ¡funciona! Nunca había visto nada similar, y es que coge un hecho que se supone traumático para toda la comunidad en la que sucede (una pista: NO) y arranca una sátira disparatada pero que se toma en serio a sí misma, que no cae en exageraciones y se mueve muy bien entre el no dejar de ser una historia de suspense (que aguanta hasta el final), pero querer burlarse de cómo en las series de detectives se sacan hilos de los que tirar de la nada o se llega a conclusiones en base a un nivel de razonamiento que parece sobrepasar con mucho las capacidades humanas. 
Aquí, a nadie le importan una mierda las chavalas, todo el mundo está compinchado en un montón de cosas extrañas y los policías van vestidos de sheriffs del Oeste estadounidense.
Me encantó la química entre Odagiri y Chiaki y me perturbó un poco que sexualicen a Kento, que era un crío (muy bonico) por aquel entonces. La ambientación me resultó chula, es Japón a la vez que no lo es, como si Atami del Sur estuviera en otro continente (o en otro plano, guiño guiño); y la banda sonora trasnochada sumó mucho. No sé cómo tuvieron los santísimos coj**es de alargarla 8 episodios, pero lo hicieron y me lo pasé muy bien.


-Orange (2015). 


En medio del visionado de Atami, una mañana me animé a ponerme con Orange, que hasta hace una semana no sabía ni que existía. Me costó un poco darle al play por dos razones: la primera es que el manga (que leí en 2017) me gusta mucho y al mismo tiempo me da muchísima pena, por lo que sabía que, o iba a pasármela llorando, o me iba a parecer un destrozo, o ambas; el segundo motivo es que en general vi que las reseñas le daban una puntuación baja y me temía muy mucho el ya mencionado destrozo.

Decidí no leer ninguna crítica para no ir con ideas preconcebidas y simplemente me senté a dejarme sentir. La historia de Orange habla de un chico, Kakeru (mi Kento), sumido en una profunda depresión y cómo su grupo de amigos se vuelca para evitar un desenlace fatal. La película sigue casi al dedillo los sucesos del manga y, si bien yo misma pensé en su día que esta historia funcionaría como dorama, lo cierto es que como película llega a hacerse repetitiva y habría agradecido alguna modificación o un montaje más inteligente para que no perdiera el ritmo. 
Con todo, la cinta se deja ver y se nota está hecha con cariño. No tiene la fuerza del manga y encuentro muchas causas para esto: las actuaciones no siempre están a la altura, Naho (Tao Tsuchiya) no tiene sangre y sus interacciones con Kakeru se llegan a ver forzadas e incómodas, los personajes secundarios se quedan demasiado en segundo plano y no se llega a entender la profundidad de su amistad, Suwa no recibe el peso tan importante que tiene en el manga (o el actor no tiene ese carisma), falta rellenar huecos no de guión sino de cómo esas relaciones cobran tanto peso para todos ellos.
Aun así, es una película entrañable, que arranca lágrimas y que explica que una persona que sonríe y se muestra bien puede en realidad estar pasando por malos momentos, así como lo importante que es tener una red de personas que ayuden a uno a soportar ese peso. 
No la recomendaría, como si lo haría con el manga; pero, si habéis leído el original, podéis echarle un ojo por curiosidad y algo os va a remover, seguro.


-Obviamente, NECESITABA ALGO MÁS ANIMADO Y DONDE ALIMENTAR MI SED DE KENTO, Y NO OTRO DRAMA LACRIMÓGENO. También necesitaba algo UN POQUITO MÁS RECIENTE y no más cosas de cuando no llegaba a los 20 años. ¡Que es ahora cuando está mejor que nunca! ¡Denme carne fresca!

Así que el siguiente paso fue meditado. Descarté para algún día del futuro (JAJAJA. FUTURO, DICE LA TÍA) unas cuantas series de 2015-16 y me fui a los últimos años. ¿Y qué me encontré? The Door into Summer (2021). ¿Tiene más vidilla? Tiene más vidilla. ¿Es mejor? Uf.


En esencia, se trata de una historia sobre viajes en el tiempo bastante sencilla y que se habría podido llevar muy bien. La secuencia inicial me pareció preciosa, tanto la memoria de vida de un protagonista enfrentado continuamente al abandono, como la parte en que el gato Pete va abriendo todas las puertas de la casa en busca del verano; un arranque poético, calentito, nostálgico. Pintaba genial.
Luego entra un interludio de villanos Disney salidos de la nada con grandes dosis de dramatismo gratuito, y ya después arranca lo que sería el nudo de la película; sólo que, para cuando llega este nudo, ya nos encontramos por la mitad de su duración y todos los acontecimientos se suceden a la velocidad de la luz, con personajes con los que se supone que nos debemos encariñar en sus tres planos de aparición y un carrusel de sucesos que habrían necesitado, bien sencillez, bien minutos.
El ritmo y el tono desiguales son los grandes fallos de la película (¿qué narices le pasa a (casi) todo lo que he visto con el ritmo?), además de que su planteamiento futurista con el tema de los robots resulta casi anacrónico, como si fuera una película producida en 1986. 
Cosas buenas: el gato, el arranque, Kento (TAN PRECIOSO), un Naohito Fujiki al que por primera vez en la vida ¡he notado "envejecido" (envejecido = mejor piel que yo a los diez años, but still)! y que supieron gestionar el "romance" sin caer en todos los problemas morales que me había pasado la cinta entera temiendo que pusieran sobre la mesa (¡GRACIAS!).
Habría funcionado mejor como mini-serie de tres o cuatro episodios donde los personajes nos llegaran a interesar un mínimo.


¡ATENCIÓN! ¡ATENCIÓN!

DETENCIÓN INESPERADA EN ESTA ENTRADA.

No esperaba verme en la necesidad de partir el texto, pero en el momento presente me encuentro viendo más cosas de Kento PORQUE NO SÉ PARAR. De hecho, IBA A PARAR. Iba a ver cuatro o cinco pelis/series y luego sentarme a esperar por lo que se viene en breve, PERO la vida se me sigue complicando y Kento sigue siendo perfecto para lidiar. 

Así que esperad una segunda entrada en los próximos días y ESPERAD UNA TERCERA ENTRADA en los meses venideros porque hay etrenos al caer y también querré contaros cosas sobre ellos. 

Cierro con una recomendación vital de suma importancia: aquello que os dé momentos de alegría, de desconexión, de descanso de la vida, EXPLOTADLO. Es lo que vale la pena.


Chao.

domingo, 13 de marzo de 2022

Favoritos de enero y febrero


Venga, que yo puedo. Me está costando la vida sentarme a escribir esta entrada, y mira que un texto en formato "Favoritos" es lo más anodino y menos trabajoso que se puede redactar. Pero llevo una temporadita un poco desganada de "hacer", creo que consecuencia de la sobredosis de estrés que me genera la burocracia en el trabajo; y con necesidad de "estar", sin más.

Como siempre cuando llegan estos períodos, toca obligarse un poquito, aunque no sea a grandes cosas. Así que aquí vamos con la primera entrada de Favoritos de 2022, que no sé decir a priori si viene o no potente porque no recuerdo nada de los dos pasados meses, así que me toca ir a redes (Filmaffinity, Instagram, Lastfm...) e ir descubriéndolo junto con quien me lea.


Cine:

¡Ah, sí! Que he vuelto a las salas de cine. Sé que el año pasado ya fui un par de veces, pero este arranque de 2022 he ido otro par. Y espero continuar, aunque no haya demasiados títulos que me atraigan. Pero el mero hecho de estar en el cine con ningún otro estímulo que la cinta en gran pantalla me hace ilusión. Lo de ver cosas en casa está bien, pero como que me he acostumbrado a hacerlo mientras juego a Uno en el móvil o recorto materiales para el colegio. Y echo de menos lo que mola, simplemente, ver una película. Así que, aunque me han parecido bastante meh tanto Muerte en el Nilo como Belfast (ésta mucho mejor que la primera), pues la experiencia me la quedo.

Pelis que sí me han encantado:

-Carol (2015). Le tenía muchas ganas y por fin, durante las vacaciones de Navidad, me animé a ponérmela. Tiene algunos estereotipos e idealizaciones un pelín esquemáticos, pero si uno se deja llevar resulta maravillosa. Las interpretaciones de Rooney Mara y Cate Blanchett atrapan, su relación está retratada con delicadeza y las reflexiones sobre el machismo social y la maternidad me parecieron muy acertadas sin caer ni en moralejas ni en un excesivo melodrama. El final es un poco Disney, pero tampoco le pido otra cosa a una película navideña. La cinta es cálida, me emocionó y me dejó con ganas de volver a verla, y eso es una victoria.

-Wild Rose (2018). Una suerte de Frances Ha escocesa, esta película de Tom Harper nos cuenta el proceso por cual una joven con una vida muy desordenada hace las paces con el hecho de que tiene dos hijos de los que no quiere ser madre. Es un continuo tira y afloja entre lo que Rose, la protagonista, desea de su vida; y lo que el deber le impone como madre de esos niños. Una permanente dicotomía entre los sueños y las certezas. Es bastante realista y consigue que a ratos estemos a tope con el sueño de Rose y en otros momentos nos parezca una absoluta irresponsable.

-Belladonna of sadness (1973). ¿Veis como estoy desganada? La he dejado de última por evitar el momento de ponerme a escribir sobre ella. Siento que no sé cómo hacerlo y que cualquier cosa que diga va a resultar una miseria con respecto a lo que merece esta cinta que se cuente de ella.
El resumen: ES IMPRESIONANTE. Es una de esas películas que se van a quedar conmigo toda la vida, sin lugar a dudas. Es algo distinto a nada que haya visto antes, es innovadora y rompedora y es del 73. 
Otra cosa que debo decir de antemano: NO CREO QUE PUEDA VOLVER A VERLA. Me flipa, me fascina, me obsesiona, pero dudo que tuviera estómago de volver a pasar por ahí. Primero, porque el estilo de dibujo y la música del anime de estos años siempre me han generado agobio; segundo, porque la propia trama es absolutamente asfixiante de por sí.
Y funciona como un todo, también. No podría volver a consumir una escena aislada, porque es para verla toda junta y entera. Es el perfecto ejemplo de que también en casa se puede ver cine sin apartar la mirada ni estar capturando un Pokémon a la vez.
Vale, dejadme ir al lío: Belladonna of sadness es EXTRAORDINARIA. Es una película de animación que apenas contiene animación, que se basa mayormente en imágenes estáticas y que sin embargo resulta arrolladoramente expresiva e hipnótica, que nunca se hace lenta o pesada, ni siquiera a la luz del siglo XXI. Una película dirigida a comienzos de los 70 por un señor japonés, y que gira en torno a la liberación sexual y el empoderamiento de la mujer. Una obra sobresaliente en todos los sentidos: en el acierto de todas y cada una de sus imágenes, dibujadas con estilos diferentes en función de la escena y el mensaje (desde la acuarela a la psicodelia pop); en una banda sonora inseparable de la cinta, que no acompaña sino que narra, y que es puros años 60; en el viaje de la heroína, que arranca la narración en la más pura inocencia, sucedida del ultraje, y deberá ir descubriendo su propio poder por medio de la apropiación de su sexualidad, que no le pertenece a nadie más que a ella.
Una película que analiza el machismo estructural, así como los comportamientos del pueblo como masa a merced del poderoso. Una película que fascina a la par que agobia, que no se puede ir de la memoria por más que pase el tiempo. Una cinta totalmente atemporal y rompedora en el contexto en el que se gesta, provocadora, explícita de la forma menos explícita posible, como un viaje de LSD.
Hay un par de cosas que sí han envejecido: el retrato de la sexualidad exclusivamente por medio del pene (en una masculinización del placer que resulta paradójica dada la historia que estamos viendo), y cierta romantización de la violación. Sin embargo, son cosas que no le restan mérito alguno a esta película, sin duda de culto, que camina a pasos agigantados.
La secuencia final es, sencillamente, maravillosa. He visto pocos finales más apoteósicos.
Resumen: VEDLA. Aunque sea una vez en la vida. Obsesionaos para siempre.
Trigger warning: hay VARIAS violaciones.

Series:


(Creo que) no he visto ninguna aparte de mi revisionado de Love Shuffle (2009), dorama que hacía un tiempo que no caía pero al que le he pulsado play varias veces a lo largo de los años. Love Shuffle es un lugar feliz, y eso que a mis 33 ya le voy viendo los problemitas y las tontunitas que no le apreciaba cuando era más joven. Hay clichés, hay interpretaciones reguleras, hay tramas subdesarrolladas y en las que luego pasa todo de golpe (Jdrama style) y hay infinitos problemas de comunicación entre sus personajes. También aparece el típico tratamiento un poco problemático del único personaje no hetero de la historia, una banalización tremenda del suicidio (trigger warning de nuevo) y algunas relaciones con diferencias de edad y de posición de poder que dan para cuestionárselas. Con todo, es que me lo sigo pasando genial viéndolo. Me río mucho con sus historias y sus personajes, les tengo cariño a todos y aún me emociono con la historia de amor de Ojiro y Kairi, aunque sea todo un poco lol. Es muy fruto de su época e incluso contiene un punto feminista para su contexto (aunque hoy y aquí esta reivindicación resulte lo opuesto), y eso, que se hace querer. Lo voy a volver a ver muchas veces, fijo.
P.D.: Lo guapísimo que es Shota Matsuda y lo que pierde cada vez que lo quieren mostrar como tiarrón medio desnudo y es un tirillas. Y en esta ocasión también me ha parecido guapísimo Shosuke Tanihara, en plan guau.

(Creo que) no he visto nada más.


Libros:




Creo que Ah, pues he conseguido terminar un total de UN (1) título. Y era bueno. Y breve. Sintetiza muy bien mi estado estos meses. Pero es un fav incontestable:

-Rebelión en la granja, de George Orwell. ¿Es mi primer George Orwell? Es mi primer George Orwell. Así de incultos somos por aquí. Quería empezar con algo "ligero" y no lo ha sido, aunque sí lo ha sido. Es que es muy difícil explicar lo genuinamente BUENO que tiene que ser un escritor para en una novela de menos de 150 páginas y redactada con un estilo directo y sencillo, en forma de fábula de animales, pueda haber abarcado todos y cada uno de los aspectos que hacen de un totalitarismo (cualquiera de ellos) un arma tan peligrosa y fácil de colar en los estrados. Por medio de un cuento de animales de granja, nos habla del pueblo como masa vulnerable y manipulable, del tirano que se aprovecha de una causa justa para imponerse como un héroe, de las pequeñas cosas que se van alterando en la memoria colectiva hasta resultar indescifrable dónde se encontraba la verdad. Habla de la prensa, de la oposición y su precio, del aborregamiento, de la figura por norma pusilánime del dictador. En menos de 150 páginas, con una redacción carente de florituras y desnuda de reflexiones. Una mera exposición de los hechos, uno tras otro, sin más. Una novela absolutamente visionaria y candente en el hoy. Guau. Cómo de bueno tienes que ser para escribir esto...


Música:

Vale, gracias por existir, Lastfm; me facilitas mucho el trabajo. Maravillas de estos meses:

-Layin' Low de Hyolyn (con Jooyoung)


Cuando anunciaron que este nuevo single de mi diosa y musa era una colaboración con la maravilla de cantante que es Jooyoung, reconozco que estaba esperando un videoclip cargado de tensión sexual entre los dos como su antigua colaboración Erase, donde los shippeé mazo. No ha sido así y la única que desprende sexualidad por cada poro es ella, que se ha lucido en un regreso a por todas: baile dificilísimo, voz perfecta siempre, una presencia de diva total sobre el escenario. Adoro a esta mujer y me da pena lo infravalorada que está en una industria donde el éxito dura sólo tres años. 

-Terra y Averno de Tanxugueiras


Qué voy a decir, aparte de lo maravilloso que es tener a estas señoras haciendo que la cultura gallega se conozca en lugares donde de España sólo se identificaba el flamenco. Para mí, ha sido muy emocionante verlas a las puertas de Eurovisión (sin comentarios sobre el proceso de selección) y es fascinante cómo se superan a cada trabajo que sacan. De Averno, en concreto, aún no he superado el impacto de esa aparición mágica del peliqueiro, cómo en un par de segundos se ha plasmado a la perfección su naturaleza. Guau, de nuevo. Qué maravilla. Especialmente, teniendo en cuenta que los de Laza no se prestan a cualquier cosa y con estas chicas han colaborado sin dudarlo. Muy bien todo.

-All about you, de Birdy


Ay, qué bonita. No me gusta todo lo que saca esta chica; pero lo que me gusta, me encanta. Su voz tiene una calidez que me atrapa siempre. 

-Halo (DISCO) de Amorphis. 


Mis Amorphis han regresado con un nuevo álbum completo y reconozco no haberme puesto aún a escucharlo en la profundidad que merece, pero de primeras me ha parecido maravilloso cómo nunca sacan un trabajo vacío o mediocre. Todos sus discos son buenos, siempre. Es un trabajo que recoge muchos de los testigos auditivos de sus dos predecesores, pero que aun así se las ingenia para sonar diferente, con melodías que no habían aparecido en otros discos de Amorphis. Lo digo siempre, pero me enamoré de ellos en directo y me muero por verlos de nuevo en directo. Qué ganas.

-Superpop (DISCO) de Belén Aguilera


No soy muy de pop español y definitivamente no soy nada de la estética que esta chica lleva últimamente, pero el disco me ha sabido a gloria. Belén podría ser una cantante de tantas para mí, pero hay dos cosas que me enganchan a sus trabajos cada vez: la primera es una forma de cantar, con giros a lo negra del r'n'b, que no conocía en nuestro idioma; la segunda son las letras con las que me siento tremendamente identificada y que abordan la inseguridad, el miedo, los complejos... Es un disco casi catártico para mí.

-Stay alive, de Jungkook (y Suga) de BTS


Siempre va a haber algo de ellos, podéis resignaros ya. Jungkook ha sacado su primer canción oficial en solitario, tema de un webtoon, y es una balada preciosa. Digo lo mismo cada vez, pero es que saben dar en el clavo o quizá es que ya mi mente reacciona a los estados de ánimo que impone su música por el cariño infinito que les tengo. Es como si todas sus canciones llegaran en el momento justo. Pues con Stay alive he llorado lágrimas sanadoras y me he sentido muy arropada. Y ya está.


Viajecillos y experiencias:


¿Estoy descubriendo por fin mi provincia? Estoy descubriendo por fin mi provincia. No le oculto a nadie que Ourense es casi sin duda mi provincia menos explorada de Galicia. Y es que cuando estoy allí suelo ceñirme a mi casa y poco más, y me cuesta salir a explorar los alrededores.
Por eso, me siento orgullosa de haber arrancado el año dándole alguna que otra vueltecilla. Podéis culpar de ello al Entroido, que por fin ha vuelto y yo me reafirmo en que mi versión favorita de él es la rural, la que implica que el sonido del folión resuene entre las montañas como si se hubiera abierto la puerta del Averno. 
Este Carnaval lo he pasado entre Vilariño de Conso y Viana do Bolo y me he enamorado tanto de sus Entroidos que ya estoy pensando en volver a verme allí el año que viene. Hay algo en estas celebraciones tradicionales que a mí me agarra a mi tierra como no lo consigue ninguna otra. El Entroido es pura raíz, pura cultura, pura fiesta.


Además de estos lugares, también me dejé caer por la Boda da Pita de As Eiroás y por las calles disfrazadas de Ourense.

Estos meses, también he hecho algunas otras excursiones, tanto por mi ya pateadísima Costa da Morte, como a las Cíes en Vigo o a la zona de Ancares/Bierzo, a caballo entre Lugo y León (literal: dormí en una estación de servicio en la misma frontera). Esta última excursión me dejó con muchísima sed de volver por esa zona, bellísima a todos los niveles y culinariamente muy satisfactoria. Me enamoré de O Cebreiro, de Las Médulas, de Balboa y de todo a su alrededor.

Deseo poder seguir conociendo bien Galicia (y León, que me tiene engatusada) y viajar un poquito más lejos en cuanto me sea posible (¿adivináis quién pensaba hacer el Transiberiano este agosto?).


¡Sed felices!