domingo, 7 de abril de 2019

Enamorada del páramo: Wasteland, Baby! de Hozier

Hacía tiempo que no me sentaba a reseñar un disco, aunque ni siquiera sé si esto resultará en una reseña. Supongo que lo iremos viendo según salga.

Mi historia de amor con Andrew Hozier Byrne comienza en 2016, cuando por fin busco en Google el tema Take me to Church. Llevaba meses escuchándolo en tiendas, cafeterías y autobuses; y lo cierto es que me llamaba la atención, pero tuvo que pasar un tiempo hasta que la curiosidad se impuso.
El descubrimiento fue una sorpresa. Primero, porque no me esperaba que el poseedor de una voz tan grave y llena de matices fuera tan joven; segundo, porque no me había parado a entenderla y me fascinó su letra. Me enamoré perdidamente de Hozier, de su poesía y de una barbaridad de disco debut que me agarró el corazón y me lo estrujó. Me encontré a mí misma en sus canciones, y también me redefiní; es lo bonito de aquello que nos llega, que a veces no sólo es un espejo de nosotros mismos, sino que también nos da pautas nuevas para entendernos.

Es imposible ser objetiva con lo que nos marca, y yo no he venido aquí a serlo. He venido a dejar constancia de la gran sorpresa que me llevé hace unas cuantas semanas cuando pude por fin escuchar el nuevo disco en su totalidad.
Cuando un trabajo te ha apasionado tanto como en mi caso lo hizo el álbum Hozier, es natural aguardar lo que sigue con cierto miedo. Y es que llevaba tres años ansiosa por escuchar su nuevo material, pero a la vez temerosa de que no me gustara tanto o, peor, de que no me llenara. De que no me pusiera los pelos de punta.

A finales del año pasado, comenzó la puesta en libertad de las canciones de aperitivo. Primero fue el single Nina Cried Power, junto a la leyenda Mavis Staples, con otro par de canciones tan maravillosas como la que le daba título; tengo que reconocer que, salvo el tema principal, ninguno se distanciaba lo suficiente del sonido del disco debut como para sorprenderme. Es más, Shrike tiene una melodía que recuerda irremediablemente a viejos temas como Like Real People Do. Y me enamoré profundamente de todas estas canciones, pero asumí que era muy posible que el nuevo disco sonara exactamente como el anterior. Y no habría tenido ningún problema con ello mientras las letras fueran tan buenas como la de la propia Shrike (LOCURA), pero el caso es que me esperaban novedades.


Ya Almost (Sweet Music) y Movement empezaban a dar pistas de nuevos ritmos, nuevas temáticas (la del homenaje, siguiendo la estela de Nina Cried Power) y un nivel vocal impresionante; pero el verdadero shock llegó con Dinner & Diatribes, una canción cargada de humor irónico, donde la progresión de cuerdas y la percusión crean una atmósfera completamente distinta a aquello que Hozier había mostrado hasta la fecha, y con una forma juguetona de empastar la voz en la canción, como quien es perfecto dueño de su trabajo y ha venido a disfrutarlo y a elevarlo.

Dinner & Diatribes es una de mis grandes obsesiones actuales y tal vez mi canción favorita del nuevo disco. Escapa de los enfoques más oscuros de Hozier y, desde su mejor poesía, vuelve al sexo como motor de muchas acciones y frustraciones humanas. Es como una carcajada de las que esconden un poco de mala leche, pero deciden disfrutarla en lugar de sufrirla.


(El videoclip me FLIPA).

Y luego vino el disco. Y me encontró deseando nuevas sorpresas, como Dinner & Diatribes; pero también poco preparada para ellas. Iba de camino a Ourense, como muchos otros viernes, y estaba escuchando mi lista Drive de Spotify (una selección totalmente cambiante, ya que van entrando y saliendo temas a diario según me engancho o me canso de ellos) tan tranquila. Y no recuerdo exactamente en qué punto del trayecto dije: "¡EH! ¡UN MOMENTO! ¡QUE HOY SALÍA EL DISCO DE HOZIER!". Así que paré el coche y me puse el álbum como banda sonora de la hora y media que restaba para llegar a la casa de mis padres.

Y, si estuviera a favor de expresarme en el blog por medio de emoticonos, los siguientes párrafos los compondría de forma íntegra el que tiene cara de sorpresa, con la boca bien abierta y los ojos como platos. Esa fue precisamente la sensación que tuve, de absoluto asombro: de encontrar decenas de sonidos, temas y formas de cantar distintos en cada pista del disco. De, sin estar tan lejos del primer disco, haber llegado a un territorio muy distinto. Y maravilloso.

Mis canciones favoritas son todas y las voy a explicar en el orden que me venga en gana. (De los singles ya no digo nada, los he mencionado arriba por encima y queda claro que los amo).

Would That I fue una de las primeras en clavárseme en la cabeza y el corazón. La melodía es amable y muy similar a otras del primer trabajo, pero la fuerza de la voz de Andrew al pasar de las estrofas al estribillo me perfora. Es una canción bonita sobre pasar página y encontrar el amor en otro sitio, en otra persona. Sobre cómo el ser humano está siempre cambiando y moviéndose y consumiendo etapas. La sensibilidad con la que se despide de alguien a quien ha amado y el optimismo en la seguridad de un futuro son las claves de este tema.


No Plan rompe en mitad del álbum con una instrumentación más pesada y con ese uso de las palmas que inunda todo el disco. La voz casi susurrante de los primeros versos va tomando cuerpo, pero sin llegar a perder nunca el tono aterciopelado. No Plan es lo que indica su título: un carpe diem, un recordatorio de que el hoy es lo único real y los planes sólo son deseos

For starts,
what a waste to say the heart could feel apart
or feel complete, baby.
Why would you make out of words a cage for your own bird?

As It Was es la historia del deterioro de una relación de pareja, el deseo de volver atrás para recuperar lo que se ha perdido. Habla de aquellas cosas que nos alteran, nos hacen cambiar y dejar de reconocernos, de cómo el amor no siempre es el elemento clave para que algo se mantenga, de cómo el entendimiento mutuo es esencial. La frase final cierra un tema muy triste con una sonrisa, y es lo que me llevo yo cada vez que la escucho. Sin duda, mi parte favorita es el pre-estribillo, cuando Hozier alza la voz para expresar aquello que desea con todas sus fuerzas y sabe que posiblemente no pueda conseguir. Me recuerda un poco a las baladas de moda de los últimos años por parte de gente como Sam Smith o John Legend.

Además de dar título al álbum, Wasteland, Baby! lo cierra a la perfección. Habla también de finales, de la fortuna de que existan. De que sólo los finales pueden provocar nuevos comienzos. De que el amor también lo es cuando se está demoronando y nos está destrozando. La canción está susurrada y acompañada de guitarra y algún tipo de laminófono, y cierra con sencillez y esperanza un trabajo realizado desde lo pequeño, desde la perfección sin grandes alardes. Es una de esas canciones que calientan el corazón.

Wasteland, baby,
I'm in love,
I'm in love with you.
And I love too
that love soon might end
and be known in its aching,
shown in the shaking.

To Noise Making (Sing) es quizá el punto más animado del disco, una oda a todo aquello que hacemos porque queremos, porque nos sale de dentro, sin importar cómo ni por qué. Es alegría por el hecho de simplemente vivir y tomar todo aquello que nos toca y transformarlo en cosas más úitles, como la música. Es una declaración de amor a la canción que surge libre y despreocupada de perfecciones técnicas o de oídos ajenos. El punto más gospel del trabajo, una ventana abierta al amanecer. 


Sunlight es, efectivamente, un rayo de luz percutido por palmas y acunado por el sonido de un órgano y coros gospel. Es tan grandilocuente como Take Me To Church, es iluminación y catarsis. Es paz.

Talk era un enamoramiento seguro. Las metáforas que Hozier utiliza en sus canciones son siempre deliciosas, pero cuando decide meterse en la mitología clásica para aludir a Orfeo y Eurídice, a mí me tiene a sus pies a lo largo de estos tres minutos y medio y del resto de mi vida. Y, encima, cheeky, el tío.

I won't deny I've got in my mind now all the things I would do,
so I'll try to talk refined for fear that you find out how I'm imaginin' you.

Finalmente, Be es otro canto de esperanza, una buena mezcla de todos los sonidos del álbum y la tajante afirmación de que el mundo ya puede ser una completa mierda porque la única verdad está en aquellos que tenemos enfrente y en las relaciones personales que tejemos nosotros mismos. 


Este Wasteland, Baby! recoge el testigo de Hozier y nos lleva de la mano por todos esos temas traumáticos y difíciles, pero vistos desde una óptica nueva. Es un disco más animado, más optimista y atrevido, cargado de socarronería. La barbaridad vocal que Andrew demuestra no sólo en el trabajo de estudio, sino en todas las actuaciones que ha ido regalándonos en directo, está a años luz de la mayoría de vocalistas que he escuchado. Y la humildad con la que afronta su carrera y su talento se traduce incluso en los temas más ambiciosos. Cantar por el placer de cantar, olvidando el mundo y la expectativa. 

Ya se me hace difícil hablar de este hombre sin emocionarme, así que supongo que sólo me queda darle las gracias por ponerme siempre los pelos de punta

Ojalá me dure muchísimos, muchísimos años más.


And the cold was as sharp as my baby,
and the nights were as dark as my baby,
half as beautiful too.

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