miércoles, 7 de junio de 2017

#AdoptaUnaAutora: La memoria del agua, de Emmi Itäranta

miércoles, 7 de junio de 2017

Hace casi diez meses exactos, cumplí mi sueño. El día de mi cumpleaños amanecía en Helsinki y tomaba un tren a Turku, como si fuese lo más habitual en mi vida estar dedicando semana y media a conocer el país que había amado en la distancia desde los catorce; como si viajar sola fuera mi profesión (cada vez lo voy asumiendo más como una parte de mi vida: como una parte fundamental de mi vida).
Al siguiente, tras haber pasado una mañana muy especial en Naantali, encontraba por fin lo que llevaba días buscando: una sección de literatura finlandesa traducida al inglés. Había en la Akateeminen Kirjakauppa de Turku muchos clásicos de las letras del país de los mil lagos: las obras de Aleksis Kivi, Mika Waltari y Tove Jansson coloreaban las estanterías en sus versiones inglesas, francesas y, en algún caso, hasta española. Sin embargo, y aunque amo los clásicos, cuando viajo me gusta encontrar voces nuevas, de esas que no suelen estar en las librerías de España. Y The city of woven streets de Emmi Itäranta fue amor instantáneo sin saber muy bien por qué. De mi primer encuentro con la autora he hablado ya en la entrada introductoria de #AdoptaUnaAutora y una fugaz reseña de esta novela, su segunda publicada, la compartí en el blog el pasado septiembre. 
A pesar de haber hablado ya de The city of woven streets y venir hoy a centrarme en su libro debut, La memoria del agua (Memory of water en inglés, que es la lengua en que yo lo he degustado), me resulta imposible no establecer ciertos paralelismos entre ambas obras; por lo que, además de una breve sinopsis y apreciaciones específicas sobre la novela que me atañe, voy a analizar los puntos comunes entre ambas; tal vez de este modo pueda transmitir cuál es el alma de las obras de Emmi.


La memoria del agua (publicada en España por Ediciones B) nos ubica en un futuro hipotético donde los Polos se han derretido, ahogando la mayor parte de los territorios que hoy conocemos. Noria se cría en una sociedad que raciona el agua dulce debido a su escasez; sin embargo, su familia, que se encarga de una casa de té basada en tradiciones ancestrales, no parece tener mucho problema para mantener un florido jardín. La historia nos lleva de la mano de esta joven que va descubriendo, por una parte, la sociedad que la rodea, sujeta a normas muy estrictas y a la intervención militar para controlar los delitos relacionados con el agua; y, por otro lado, los secretos de su padre y el padre de éste y el padre de aquel otro. Lo que la hace distinta, lo que le da la opción de elegir. Y las elecciones no son un tema pequeño en este libro.

Somos hijos del agua, y el agua es la compañera más cercana de la muerte. Ninguna de las dos se puede separar de nosotros, pues estamos hechos de la versatilidad del agua y de la cercanía de la muerte. Siempre van juntas, en el mundo y en nosotros, y llegará la hora en que nuestra agua se seque.
El primer paralelismo al que inevitablemente debo aludir es el del sistema autoritario y represivo en el que suceden las dos historias. Emmi me confesaba en la entrevista que le realicé hace unos meses que plasma en su narrativa sus preocupaciones sobre la actualidad sociopolítica, y lo cierto es que en los dos casos consigue transmitir bien cómo esa falsa libertad se va sacando la máscara; en La memoria del agua, de una forma mucho más directa, ya que la historia comienza en un contexto y es éste el que se ve alterado cuando la escasez de agua hace que el ejército empiece a ejercer un control mayor sobre la población. Al principio son visitas casuales, pero enseguida salen a la luz la sospecha, la autoridad, la violencia. Creo que la madurez ha jugado a favor de la autora y, en este aspecto, The city of woven streets es más interesante y sutil; las conclusiones se sacan despacio, como quien teje. 

Las protagonistas de las dos novelas, Noria y Eliana, son mujeres jóvenes que no acaban de encajar en el contexto en el que las ha colocado la vida. Si Eliana tenía un futuro (y un presente) mucho más marcado, en el caso de Noria es interesante cómo, en varios momentos, tiene la capacidad de decidir qué es lo que desea. Son elecciones cerradas en el sentido de que hay pocos caminos posibles, pero están ahí y marcan su carácter y su historia. Las dos heroínas muestran una evolución clara y creíble, las dos tienen miedos pero conocen sus deberes hacia el mundo y hacia ellas mismas. Son mujeres valientes, determinadas y curiosas; capaces de arriesgar el todo por el todo.

En ambos libros se muestran relaciones personales entre mujeres. En el caso de The city of woven streets, Eliana y Valeria; aquí son Noria y Sanja. The city of woven streets planteaba una conexión extraña entre dos mujeres procedentes de mundos distintos que acababan por enamorarse. La memoria del agua es más misterioso, ya que en ningún momento se alude a sentimientos de naturaleza romántica o sexual, pero la amistad entre ambas jóvenes resulta bastante ambigua. En cualquier caso, en los dos libros hablamos de relaciones sólidas y sanas entre mujeres que se quieren, se respetan y se consideran aliadas. Lo bonito de la novela que da título a esta entrada es que no llegamos a conocer a Sanja tanto como nos gustaría, y es esto lo que nos hace en ciertos momentos no saber qué esperar de ella. Digo que es bonito porque lo deja todo en tierra de nadie, en una nueva elección: para Noria y para el lector.

Nuevamente, es un libro lento. Para mí no supone ningún problema porque disfruto muchísimo de la manera en que Emmi construye sus mundos, piedra a piedra. Su narrativa nos transmite sensaciones, pero también pensamientos que rayan lo filosófico; y, de una forma muy orgánica, la transformación interna de los personajes. Como sucede con las ceremonias del té, Le memoria del agua se toma su tiempo para colocarnos en el lugar adonde debemos llegar; y sólo cuando lo ha conseguido nos arrastra a otro sitio. Es verdad, y también ocurre en su segunda novela, que la acción podría dar más de sí y se queda un poco coja después de tanta preparación; sin embargo, creo que en este libro está más lograda porque vemos el mundo a través de los ojos de Noria e ignoramos todo lo que no conoce ella; de alguna manera, la falta de desarrollo de aspectos externos al personaje resulta comprensible porque estamos a solas en su interior y nada de eso puede tocarnos. Eliana pasaba por un duelo más complejo en tanto en cuanto había más piezas sobre el tablero; para Noria, al final, todo es muy sencillo.

La narrativa de Itäranta es la razón fundamental por la que sé que leeré cualquier cosa que escriba. Más allá del hecho de que sus personajes e ideas conecten conmigo (que lo hacen), su voz narrativa es un regalo para todos los que amamos la poesía. Ese lirismo que la caracteriza empapa todas las descripciones, reflexiones de los personajes e incluso diálogos. La memoria del agua es una novela cargada de metáforas: el agua representa la vida, la muerte, las mentiras, la razón, el amor. El agua es el eje fundamental del libro y no es casual que la familia Kaitio se dedique a la ceremonia del té; pues, en un mundo donde el agua es el bien más preciado, ¿resulta acaso extraño que se venere una tradición con tanto arraigo y que tanta importancia les da a los detalles y al tiempo de maduración?

He tratado de recordar cómo actuó mi madre, encontrar en su tono de voz o sus gestos una confirmación de que no sabía más de lo que entonces dijo. En otros momentos, he intentado darle la vuelta a esta idea, encontrar algo que me convenza de que lo sabía (...). No puedo hallar ninguna de las dos, ningún signo que verifique cuál es la correcta. Hay una distancia entre nosotras que nunca podré cruzar, la distancia del tiempo y el cambio y los finales irreversibles, el pasado que jamás cambia de forma. Como no puedo atravesar el desfiladero, debo recorrer su borde y hacerlo parte de mi vida, una de esas grietas ensombrecidas que no puedo negar y que no es posible iluminar.
Mi madre lo sabía. Mi madre no lo sabía.
El final puede disgustar a algunos, pero personalmente lo prefiero al de The city of woven streets. Tiene un epílogo que, he de admitir, me sobra; cierto es que mueve un par de piezas que habíamos dejado descuidadas sobre el tablero, pero nos quita la oportunidad que el cierre de la novela nos había brindado de decidir. Decidir, como lo hace Noria en ese último párrafo de existencia que tiene como personaje. Y es que, al haber vivido en su piel durante tanto tiempo, somos cómplices de sus pensamientos y responsables de cómo interpretar aquello que hemos experimentado a su lado. El epílogo da respuesta a ese dilema, y me habría gustado que no lo hiciera. Del final en sí, del cierre de la novela, aplaudo su realismo; por mucho que soñemos grandes aventuras, la vida es mucho más sencilla y las cosas cruciales que nos ocurren lo hacen sin aspavientos. 


Quiero animaros otra vez a dar el primer mordisco a la literatura de Finlandia, especialmente a esta ciencia-ficción y fantasía tan novedosas que nos trae el Finnish Weird. También, en la medida de lo posible, a leer a Emmi Itäranta en versión original, ya que en este caso tenemos la suerte de que ella misma escriba sus libros en finés e inglés. Por último, y con esto cierro la entrada, os agradezco las visitas y comentarios que he recibido en todas mis aportaciones al proyecto #AdoptaUnaAutora. Espero poder seguir contribuyendo y acercándoos a esta escritora que significa tanto para mí.

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