jueves, 17 de diciembre de 2009

Magic Kight Rayearth

jueves, 17 de diciembre de 2009
Supongo que resultará difícil entender la elevada estima en que, durante años, he tenido a este cómic, sin ni siquiera haber tenido la ocasión de leerlo, ni de visionar su adaptación al anime. Pero es que, por aquella época en que apenas estábamos comenzando a adentrarnos en el mundo del manga, cuando llegó a nuestras manos (el plural se refiere a Mai y a mí) aquel extenso artículo sobre esta obra, todo en él nos enamoró: el argumento, los personajes, el estilo. No sé cuántas veces leímos y releímos aquellas páginas, y eso bastó para embelesarnos.
Ahora, tras haber pasado por mis manos los tres volúmenes que conforman Magic Knight Rayearth, me encuentro en un estado que mezcla la decepción y el desconcierto. No es que no me haya gustado, no, ni que me parezca un manga malo, que tampoco, sino que me he quedado como si no hubiese leído nada. (Y, admirando como admiro a las CLAMP, eso es problemático).
Al igual que he dicho muchas veces que otras obras deberían haber durado menos, creo firmemente que Magic Knight Rayearth habría brillado de haberse extendido en cinco o seis tomos, como mínimo. Para plantear todas las situaciones que ocurren, para meter al lector de lleno en el mundo de Cefiro y convencerle de la versatilidad de las protagonistas, lo siento, pero tres tomos no son suficientes. Al menos no lo han sido para mí, aunque, y no debo obviarlo, mi opinión está en gran parte condicionada por todas las expectativas que me había formado.
Siendo clara, no me he sentido involucrada con las protagonistas desde el principio. Son infantiles (vale, son niñas) y aceptan felizmente todo lo que les sucede; creo que ya en el primer tomo se sonríen y se dicen que son amigas. Cuando en una historia te venden lazos tan deprisa, a mí me resulta, sencillamente, inverosímil.
En cuanto al resto de personajes, creo que son demasiados para la corta duración de la historia, y muy pocos en relación con todos los que venían en aquel viejo artículo que leímos de adolescentes. Muchos de ellos, como Clef, Ráfaga o Presea, podrían haber sido interesantes de haber tenido más páginas para desarrollarlos, pero se quedan en simples anécdotas y desaparecen enseguida.
Los sucesos son tan fugaces que no te da tiempo a engancharte, y todo el proceso de conseguir sus poderes y lidiar con los Mashin habría sido interesantísimo, si no hubiera ido a destajo, como para acabar pronto.
La parte más atractiva es la pequeña trama que gira en torno a Emeraude y a Zagato, y aún así apenas se le concede voz. Emeraude es un personaje muy propio de las CLAMP, me recuerda a Hinoto de X, y de hecho posee también ese absentismo de la realidad y esa dualidad bien-mal tan extrema. Y Zagato, bueno... cuando entintas a un personaje con tal cantidad de contraste negro-blanco, va a gustarme, por regla general. La historia de ambos es muy bonita y habría podido estar mucho mejor narrada.
Y, claro, una de las cosas que me llamaban de esta historia era toda esa cantidad de personajes que ni siquiera aparecen: Lantis, Eagle, Aska...
Es más o menos entretenido y está bien para leer, pero, en comparación con la gran cantidad de trabajo que las autoras han presentado a lo largo de los años, la veo una obra inmadura y, aunque tiene puntos buenos (démosle gracias por la existencia de Mokona) y cantidad de ilustraciones preciosas (me encantaba el viejo estilo de dibujo), podrían haber creado algo mucho más interesante basándose en el mismo planteamiento.

Quizá ahora opte por probar suerte con el anime; quién sabe...




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