domingo, 19 de junio de 2011

De solos, solitarios, libres y esclavos

domingo, 19 de junio de 2011
Me encanta cuando alguien lanza una estocada en algún conflicto más o menos bélico abierto en el frente de mi cerebro desde hace tiempo. Especialmente cuando esa persona se responde a sí misma y cuando estoy haciendo, al reproducir sus palabras, justo lo contrario de lo que dice en su cita; de todas formas, no puedo evitar coincidir y, en una paradoja sin precedentes, haré lo contrario de lo que dice porque, a fin de cuentas, ¿no se supone que debo escuchar mi propia voz y no hablar con la de otro?
Tranquilos, ahora mismo me explico. En primer lugar tengo que remitirme a esta entrada en la que reflejé mis pensamientos en boca (o pluma) de dos autores a los que respeto y admiro: el filósofo Arthur Schopenhauer y el poeta Charles Baudelaire. Escribía por ese entonces unas cuantas líneas acerca de la soledad, de lo fundamental que es para la persona separarse del colectivo a fin de no confundirse en la masa como ingredientes de un pastel que se mezclan y no pueden volver a extraerse en su pureza. Hablaba sobre conocerse a uno mismo, pensar, darle a la mente la oportunidad de encontrarse consigo misma y conversar. Pues bien, estaba leyendo Pensamiento, palabras y música del ya mencionado Schopenhauer, cuando me introdujo en un sendero que todavía no había transitado, o al menos no de esta manera: el de la importancia de pensar frente a leer, escuchar y repetir. Dice en esta obra el autor que existen dos tipos de pensadores: los sofistas, que apoyan sus teorías en lo que otros ya han dicho y buscan a cambio una recompensa; y los filósofos, que encuentran la felicidad en el mero (aunque en realidad tenga poco de banal) hecho de pensar. Unusquisque mavult credere, quam judicare, en palabras de Séneca: es más sencillo creer que juzgar por uno mismo. Y aún va más allá Schopenhauer: "Si, en efecto, la naturaleza hubiera destinado al hombre a pensar, no le hubiera dado orejas". Apartarse de la muchedumbre, crear un espacio y un tiempo dedicados a nosotros mismos implica también romper ataduras y pensar por nosotros mismos, aislarnos de las opiniones y teorías que vienen de fuera y dejar que la verdad llegue por sí sola. No basar la defensa de una opinión en la autoridad de quien ya la ha formulado antes. Más o menos lo contrario de lo que estoy haciendo.
Para Schopenhauer están las personas que leen y las que piensan; las que leen en exceso están en realidad huyendo de su propio pensamiento, olvidándose en la muchedumbre como Baudelaire decía, tapándose los oídos para no escuchar su propia voz. Mi opinión se distancia un poquito de ésta, pero tampoco demasiado: leamos, amigos, devoremos libros y encontremos en ellos fantasía, belleza, digresiones y pensamientos. Utilicemos esas experiencias como base para enfrentarnos al mundo y a nuestra cualidad de seres inteligentes. Pero no sustituyamos jamás nuestra voz por las de otros, por más que simpaticemos con ellos. Sólo podemos encontrar la verdad de forma autónoma e independiente, por nuestra cuenta: no nos escudemos en las de los demás. Leamos, amigos, pero no nos escondamos entre líneas que no nos pertenecen: salgamos al frente y empuñemos nuestra propia idea.

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