sábado, 16 de julio de 2011

Cuando tenía doce años...

sábado, 16 de julio de 2011
Cuando tenía doce años, llegó una niña nueva a clase. Mi historial de amigos y grupos de amigos en aquel momento era poco satisfactorio, no en cuestión de cantidad, sino de calidad. Había estado desde los cuatro años metida en el típico grupito de niñas (bueno, niñas y Rubén) que no se separan, pero en el cual existen unas jerarquías de las que nadie habla pero que pasan factura. El curso anterior, habían decidido que una alumna que repetía era mucho más guay para ellas que yo, de modo que hicieron todo lo que estuvo en su mano para que me sintiera herida y me alejara por mi propio pie. Puede que ahora lo vea con distancia y hasta me alegre cuando las encuentro, pero las cosas fueron así. Como decía, a los doce años estaba bastante sola. Había hecho un par de amigas nuevas y seguía contando con el ya citado muchacho, pero me faltaba alguien que viviera en el mismo mundo que yo.
Cuando Mai llegó a clase, algo me hizo pensar: "Bien, puede que nos hagamos amigas". Mis esperanzas se nublaron cuando empezó a hablarse con una de las niñas de aquella pandilla, pero por suerte lo estropeó todo antes de que Mai se encariñara con ella y yo estuve presente en el momento indicado y en el lugar oportuno: en el patio, hablando de la revista ¡Dibus!
Uno de los primeros días que volvimos a casa juntas, Mai me habló de Harry Potter. Yo no tenía ni idea de qué se trataba y sobra añadir que todavía no era demasiado famoso. Recuerdo el primer libro, en su versión del Círculo de lectores, con papel azul y dibujos más bonitos que los de la edición de Salamandra. En aquel libro, que poco tardé en devorar, había dos marcas: una para la página en que me había quedado y la otra, para la página donde iba mi padre. Pocas veces ha pasado que hayamos compartido libro, y me ponía muy contenta siempre que hacía alusión a él o me preguntaba alguna cosa. Él no continuó, pero yo me compré enseguida el segundo y el tercero y esperé pacientemente por cada uno de los siguientes. Crecí con ellos casi en el sentido literal, pues empecé más o menos con la misma edad que Harry y tampoco era mucho mayor cuando la saga literaria llegó a su, para mí, final perfecto.
Recuerdo también cuando fuimos a ver al cine Harry Potter y la piedra filosofal. No sé si había más gente, pero Mai y Rubén estaban conmigo y eso era lo único que me importaba. Era la primera vez que iba al cine. Sí, nos habían llevado en una ocasión a ver algo al Xesteira, pero aquello ya hacía años que de cine tenía poco. Y sí, de pequeña les había pedido a mis padres que me llevaran, pero, si lo hicieron, no lo recuerdo.
La primera película que vi en el cine, por propia voluntad, con mis mejores amigos, fue de la saga Harry Potter, y ¡es imposible: la alacena es exactamente igual que en mi cabeza!, ¡Hogwarts es precioso!, ¿por qué tiene el rayo a un lado y no en el centro de la frente?
Siempre he dicho que las películas de Harry Potter me dejan con un sabor agridulce porque, si bien me encanta la ambientación y adoro con todo mi corazón el reparto (Helena Bonham Carter, Gary Oldman, Alan Rickman...), lo cierto es que a nivel guión muchas veces las han llevado por un camino demasiado recto para mi gusto. En ese sentido me han fallado varias de ellas, como por ejemplo la primera parte de Las reliquias de la muerte, en la cual la comedia sobró por todas partes. Sin embargo, ¿quién puede separar ahora a Harry Potter de Daniel Radcliffe, o a Hermione de Emma Watson? Ellos mismos han crecido junto a sus personajes. Amaba a Sirius antes de que algún listillo decidiera proponerle el papel al gran Gary Oldman, ¿pero ahora? ¡Ahora lo adoro! Me parecía fascinante la chiflada Bellatrix antes de que se les ocurriera contratar a mi adorada Helena, ¿pero ahora? Pocos han sido los personajes que no me han gustado. La profesora Trelawney, quizá, porque yo me imaginaba a Arukenimon cuando pensaba en ella. O Mirtle la Llorona. O Lupin. Pero en cuanto a los demás, si alguna vez los visualicé de otra manera mejor, esa imagen se ha disuelto en el olvido.

Tengo casi veintitrés años aunque el número no me guste, y lo cierto es que Harry, Ron y Hermione llevan más de diez en mi vida. El hecho de haber ido a ver la última entrega significa una despedida ya insinuada cuando terminé los libros (y Los cuentos de Beedle el Bardo), pero más notoria ahora que no tengo nada que esperar. Para mí J.K. Rowling es un genio y he admirado y envidiado muchas veces cómo maneja los hilos de forma que al final todo encaje y tenga sentido. Ha sido capaz de crear un mundo totalmente nuevo apoyado en el real y ha cumplido muchos de mis objetivos. Me ha hecho reír y llorar muchas veces, y pasarlo fatal cuando esos tres se peleaban porque yo siempre me posicionaba del lado de Ron, incluso cuando sabía que no tenía razón. Al final, me ha enseñado un principio básico que, aunque todos sabemos, con frecuencia olvidamos: no hay en el mundo nada más importante que el amor.

4 comentarios:

Sandy-marie Blackwood dijo...

Too bad I don't understand nothing. :D You've been at the cinema watching the last one?? :DDDDD

Kaoru Himura-Takarai dijo...

Yes I have, and it was good! The entry is about my story with Harry Potter; it's been 11 years since I read the first book, so it's been quite a long relationship ;D

Sandy-marie Blackwood dijo...

Yeah it was good!! So sad. ;___;
aah! that's along time. :D I don't remember when I have read the first book. :ooo But i've read them all 7-8 times lol

Kaoru Himura-Takarai dijo...

Wow! I must have read them like three-four times.

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