sábado, 3 de septiembre de 2011

Takki time

sábado, 3 de septiembre de 2011
Por alguna razón, siempre que paso una temporada sola en casa aprovecho mucho mejor el tiempo a la hora de leer, ver películas o engancharme a series. Supongo que el hecho de que nadie me esté encima ayuda.
Pues bien, ando últimamente ávida de doramas y esta vez le ha tocado pagar el pato a mi querido hermano Takki (Hideaki Takizawa), al que adoro por encima de todo. Ha sido una semana que me ha permitido contemplarlo en diferentes papeles y también desear que me lo pongan de malo más a menudo. 


 Mi recorrido personal por la filmografía de Takki (recorrido que aún está lejos de haber terminado, pero Yoshitsune me tira para atrás por la cantidad de episodios de que consta) empezó cuando decidí retomar Orthros no inu, dorama cuyo primer episodio proyectamos en una edición anterior de las Jornadas Kamakura y que por aquel entonces me llamó bastante la atención. Fue una sabia decisión, ya que, además de ser una historia diferente de las habituales y reunir a varias personas a las que quiero, trata temas que me interesan muchísimo y tiene, digamos, un personaje de esos que me vuelven loca: Ryuzaki (el propio Takki). De buenas a primeras y conociéndolos, es muy extraño ver un dorama en que Ryo Nishikido sea el bueno y Takki, el malo. Después profundizas en la historia y te das cuenta de que nada es jamás blanco o negro. Adoro a Ryuzaki, hacía tiempo que un personaje no me enganchaba tanto y, aunque la serie en sí no es perfecta y tiene altibajos (y casi me cargo a los guionistas por los giros del capítulo final), qué le vamos a hacer, siento debilidad por los juguetes rotos. En cualquier caso, es un dorama muy recomendable y volvería a verlo mil veces. (Por cierto, mi hermana predijo el final antes de ver el primer episodio XD).
Después de terminar una serie en que me enamoré tanto de su personaje, no pude evitar continuar observando su trabajo y el siguiente dorama que me llamó la atención fue Romeo and Juliet. Es un especial de un único capítulo y, aunque entretiene y tiene algunos momentos interesantes, lo cierto es que no me gustó mucho. Los continuos paralelismos con la obra de Shakespeare habrían estado mucho mejor si hubiese un poquito de chispa entre los actores, o tal vez si el guión se lo exigiese, pero en general es bastante soso.
Así que, frustrada por la falta de romanticismo en una serie que lo anunciaba desde su título, me interesé por Boku dake no Madonna, con Hasegawa Kyoko, que, por aquel entonces -ahora menos-, estaba preciosa. Buscaba una historia divertida, ligera, que no se metiera en grandes berenjenales y aún así resultara interesante. La verdad es que la encontré y el dorama me gustó mucho y me tuvo muy enganchada. Me quedé un par de noches hasta las 4 de la mañana (teniendo que madrugar) para ver lo que le ocurría al pobre Kyon (Takki), a quien manejaban como querían. Fue un buen dorama, si bien el final me pareció un poco flojito y me habría gustado que se centraran un poco más en el personaje de Surumi, en su pasado y los motivos por los que huye.

Finalmente, ayer estuve viendo Kimi ga kureta natsu, especial que se emitió durante el 24 horas de hace dos o tres años. Los 24 horas de los que hablo son programas especiales que cada año presenta un grupo diferente de la Johnny's Entertainment y a los cuales se llevan invitados que tienen enfermedades degenerativas o terminales y se muestran diferentes casos. Siempre se hace un dorama que trata algo relacionado; en este caso, la historia de unos padres jóvenes (Takki y Kyoko Fukada) que se enfrentan al cáncer de su hijo de cinco años. Me hizo ilusión ver que el niño en cuestión era Takei, el mismo que es hijo de Hiroki Narimiya en Ima ai ni yukimasu. Fue una historia interesante y emotiva, con una Kyoko que parece cada vez más joven a medida que pasan los años y un mensaje claro: aprovechar cada instante. No llega a ser un dramón (vamos, que no me lo pasé llorando), pero sí bastante triste.

Hasta ahí mi Takki-adicción por el momento, pero es muy posible que en breve haga una segunda parte para esta entrada. Quizá me meta en los históricos. Siempre cuesta por su extensión, pero la temática me apasiona, de modo que... Yoshitsune, tarde o temprano caeré y lo sabes.
No tengo remedio.

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