lunes, 9 de enero de 2012

Un soplo de aire fresco

lunes, 9 de enero de 2012
Quien dijo que ya se ha hecho todo, mentía. Quien dijo que es imposible ser creativos en los tiempos que corren, simplemente tenía miedo a innovar.
Yokai ningen Bem empezó para mí siendo un nuevo dorama de Kame (Kamenashi Kazuya), uno en el que de entrada no tenía grandes esperanzas porque lo cierto es que ya he visto suficientes comedias japonesas que utilizan monstruitos y pelos de colores para crear situaciones disparatadas, con más o menos éxito. Sin embargo, basta un episodio para darse cuenta de que Yokai ningen Bem no es una comedia, ni una parodia, ni siquiera una mera serie de entretenimiento. 
La historia, basada en un anime de finales de los 60, nos presenta a tres personajes (Bem, Bela y Belo) que se desplazan de un lugar a otro ayudando a cuantos se encuentran en problemas, pero también ocultando de ellos un secreto que no deben descubrir: no son personas como nosotros, sino seres de naturaleza desconocida que buscan comprender sus orígenes y convertirse en humanos. 
La estética retro que envuelve todos los elementos de la serie (caracterización, banda sonora, los temperamentos simples y muy marcados de los personajes...) recuerda a las películas de los 80, sin los efectos especiales de los que disponemos ahora pero con una dosis de magia que ningún recurso técnico, por impresionante que sea, puede lograr. También hay muchísimos elementos propios del anime en general y en particular del de la década en que la historia base fue creada y siguientes, como por ejemplo el hecho de que los personajes principales siempre lleven la misma ropa. Las transformaciones, las reacciones muy marcadas, la diferencia tan clara entre el bien y el mal son más signos de que no sólo este dorama deriva de un anime, sino que además no intenta enmascararlo, sino que prefiere sacarle jugo para obtener más originalidad. 
Kame está bien en su papel, aunque, como siempre, no puedo evitar sonreírme ante sus movimientos coreografiados tan pronunciados (no tiene otra forma de moverse, es lo que hay); del resto, muy correcto y por supuesto guapísimo. Anne está maravillosa en el papel de Bella; cierto es que tuve grandes esperanzas en esta actriz desde que comenzó (es hija de quien es hija), pero me ha sorprendido esta nueva faceta y me han enamorado la fuerza, la belleza y la obstinación de Bella. En cuanto al pequeño Fuku Suzuki, es sencillamente uno de los niños más adorables que han visto mis ojos. 
Por último, se trata de una historia cargada de valores, de argumentos sencillos pero emotivos, de momentos entrañables que nos hacen apreciar la vida, la bondad y la amabilidad, la familia y la amistad, y que nos llevan a comprender que todos llevamos el mal en nuestro interior, pero no tenemos por qué sucumbir a él. 
Una serie que, en definitiva, es familiar, y ya hacía mucha falta algo de este tipo en las televisiones japonesas (y, por consiguiente, en nuestras pantallas), tan adecuado para los niños y tan apreciable por los adultos. En mi opinión e independientemente de lo acertado que haya sido el final (a mí me ha gustado), es un dorama exquisito.

Me gustaría dejaros el opening, que es fantástico, pero no lo encuentro online, así que aquí os queda un vídeo de Anne cantando una versión diferente de la misma canción:

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