miércoles, 7 de marzo de 2012

Series imprescindibles

miércoles, 7 de marzo de 2012
Últimamente he visto varios doramas. Quiero decir que he terminado unos cuantos en pocos días, lo cual es alarmante teniendo en cuenta que debería estar empollando 24/7... pero siempre hago lo mismo.
La cuestión es que estaba esperando a terminar de ver Pride, el alabadísimo Pride, para escribir una entrada donde agrupara unos cuantos y los reseñara brevemente. Ahora creo que no tiene mucho sentido meterlos en el mismo saco, ya que hay abismos de diferencia entre la calidad de unos, y la del otro, de este que voy a comentar ahora y que considero que todo el mundo debería ver.
Había leído muchísimo sobre esta serie antes de ponerme a verla. Todo el mundo decía que era de lo mejorcito, que era obligatoria, que irradiaba solidez. Y, pese a que adoro a Takuya Kimura, lo cierto es que el hecho de girar en torno al mundo del hockey sobre hielo me echaba para atrás. No me gusta mucho el deporte (o más bien no me gustan muchos deportes) y, por tanto, no me llaman los doramas de deportes (y hay cientos). Recientemente he visto Buzzer beat, pero claro, el baloncesto me resulta más soportable y los uniformes eran rosas (sí, tengo un argumento irrebatible). Así que, aunque el primer capítulo de Pride me resultó interesante, los minutos pasados sobre la pista de hielo me paralizaron un poco a la hora de continuar. Craso error.
Pride no es un dorama sobre hockey, pese a que juega un papel muy importante en las vidas de los protagonistas. Es un dorama sobre lo que el propio título reza: orgullo. No orgullo como sinónimo de arrogancia y soberbia, sino orgullo en el sentido de autorrealización, de saber que uno está cumpliendo sus propias expectativas y no se está defraudando a sí mismo. El orgullo mueve la vida de Halu, el principal personaje masculino de la historia, que considera deshonroso no darlo absolutamente todo en el rink. El orgullo es también el motor que impulsa a Aki hacia delante y la lleva a esperar día tras día, durante dos años, a su novio en el puente donde se dijeron adiós.
Haru significa en japonés "primavera" y Aki, "otoño". La primavera y el otoño son dos estaciones que nunca se encuentran, ya que en medio de ellas van otras. Jamás la primavera puede suceder al otoño o viceversa. Por eso, la relación de Halu y Aki es un juego que terminará el día que el novio de Aki regrese. Sin ningún tipo de implicación ni atadura, sin que ninguno de los dos se lo tome en serio. Salvo que lo hacen, porque conectan desde el primer momento y comprenden al instante dónde reside el orgullo del otro, y cuál es la pieza que le falta. 
Halu no puede amar a alguien sin recurrir a un juego, dice Aki, y necesita que alguien lo espere como él ha esperado durante toda su vida. Aki no se perdona ser humana y desarrollar sentimientos hacia otra persona, calla Halu, pues nunca se lo dirá pese a que en el fondo lo piense.

Lo que marca la diferencia entre Pride y otros doramas, para mí, es la humanidad de los personajes, la naturalidad con la que actúan, la profundidad de la historia. Si bien adoro las series niponas y esa ingenuidad que se respira en ellas, es verdad que muchas veces se quedan a un par de pasos de conseguir convencernos de que esas personas pueden ser reales. Tal vez porque se centran en pocos rasgos de su carácter, en los que les interesan. Pride muestra un abanico tal de emociones y situaciones, conversaciones tan naturales y complejas, miedos, remordimientos, debilidades y redenciones, que es sencillo meterse dentro del rink y buscar a la diosa del hielo. Halu es un pedazo de personaje tremendísimo, y es innegable que Takuya Kimura es uno de los actores más grandes de su generación. El compañerismo, la amistad incondicional, el perdón, los valores equivocados, el amor y la comprensión son los ingredientes que crean esta receta tan maravillosa. Por no mencionar una banda sonora absolutamente épica, empezando por el tema de apertura (I was born to love you, de Queen) y continuando por todas las otras canciones de la banda inglesa que suenan: Bohemian rhapsody, Too much love will kill you, We will rock you, Fat bottomed girls... 
Aunque no he visto muchos doramas de deportes, creo que la mayoría se basa en uno de estos dos patrones: a) se centran en el deporte como núcleo de la trama; b) el deporte es un mero trasfondo, pero la historia que se quiere contar es otra. En el caso de Pride, el deporte es fundamental, ya que une a los personajes, hace que se esfuercen al máximo, saca lo mejor de ellos y crea lazos indestructibles. Es su meta y su punto de partida. Y que yo haya acabado simpatizando con el hockey no es poca cosa.

Es una serie de tragedia y avance, de superación, de unión, de compromiso y aceptación de las circunstancias. De las que no se olvidan. Muy, muy recomendable, de verdad.

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