lunes, 5 de marzo de 2012

Noches con Woody

lunes, 5 de marzo de 2012
Voy a reconocer algo que quizá no me deje en muy buena posición: hasta hace muy poco tiempo, nunca me había dado por ver una película de Woody Allen. No es que tuviera nada en su contra, sino más bien que tenía una imagen preconcebida de sus obras que no me interesaba demasiado. Al ver los anuncios de sus películas, pensaba en adulterio, conflictos romántico-sexuales, ménages à trois y otras situaciones similares; bien, es cierto que algo de todo eso hay en sus cintas, pero, ahora que he visto unas cuantas, no puedo estar más avergonzada de haberme dejado llevar por una de las cosas que más critico y detesto: los prejuicios.
Ya lo habréis notado, pues, pero esta entrada está escrita desde el más profundo desconocimiento de Woody Allen como director y como persona. No puedo hacer una comparativa con sus filmes más clásicos ni juzgar si las películas que he visto se corresponden con una etapa más o menos lúcida de su carrera. Lo único que voy a hacer es comentar brevemente lo que me han parecido las cuatro que he visto hasta ahora, que son, por cierto, bastante recientes y suelen incluirse en la fase de Allen "homenajeando a Europa".
La primera de todas, la que hizo que comenzara este camino por su filmografía, es Match Point. Hace mil años que la tenía pendiente. Como seguidora del tenis, me he tenido que tragar durante las emisiones de los partidos en Teledeporte muchísimas referencias hechas por los comentaristas a esta película, y lo cierto es que la tenía anotada en mi lista de to-watch, hasta que una señorita preguntó en Twitter por nuestro papel favorito de Scarlett Johansson y dejó caer que a ella la conquistó en Match Point. Así pues, decidí fiarme del criterio de esta cinéfila empedernida y me puse a verla. Gratísima sorpresa y un golpe letal al muro que me apartaba del cine de este director. Una historia acerca de la pasión, el engaño, los escrúpulos y, en última instancia, el azar y el peso que tiene en nuestras vidas. Fantástico guión, fotografía, música y recorrido por algunas de mis zonas favoritas de Londres.
La segunda película que me decidí a visualizar, animada por el éxito primero, fue Vicky Cristina Barcelona, una cinta que, cuando estaba en los cines hace unos años, no esperaba en absoluto ver. ¿Razones? De nuevo los prejuicios, sumados a la presencia de Penélope Cruz y Javier Bardem, a los que no les tengo demasiado cariño (pese a que Bardem ha hecho muy buenos trabajos). A día de hoy es la que menos me ha gustado de Allen, si bien no es en absoluto mala. Le achacan la mayoría de las críticas que sea más un documental turístico que una película y, si bien hay muchos minutos dedicados a la Casa Milá y otras zonas archiconocidas de Barcelona, creo que tiene para ofrecer bastante más que eso. Habla sobre las relaciones, las medias naranjas y la compatibilidad. Y es extraño reconocerlo, pero lo mejor de todo es Penélope Cruz.
Y al llegar a Midnight in Paris se hace necesario que aclare que, pese a que las dos anteriores me habían resultado sobradamente interesantes, no esperaba que una película de este director me cautivara hasta el punto en que lo hizo la nominada a cuatro premios Oscar. Quizá influya el hecho de que adoro París, o mi carácter soñador, o mi amor incondicional por Marion Cotillard; o todo lo anterior. El caso es que lo respetuoso, nostálgico, imaginativo y escapista de este filme me han enamorado completamente. No es únicamente un homenaje maravilloso a una ciudad y a toda una generación de genios inolvidables, sino que es además un pulso entre el ideal y lo factible, entre lo soñado y lo real, entre lo inalcanzable y lo mediocre. Finalmente, es un empujón que nos invita a seguir lo que el corazón nos dicte, lo que el cuerpo nos pida, lo que los sueños nos señalen. Yo, como Dalí, veo rinocerontes. Mi película favorita de Woody Allen hasta la fecha y sin duda una de esas que volveré a ver mil veces y seguirán ilusionándome. Perfecta, preciosa y mágica, con una banda sonora adorable y un guión correctísimo.
Por último, anoche decidí probar con una cinta con críticas no demasiado buenas por parte de los expertos, y otras fantásticas escritas por los usuarios de webs como Filmaffinity: Scoop. Desternillante comedia protagonizada nuevamente por Scarlett Johansson, que hace una pareja encantadora no con el guapísimo Hugh Jackman, sino con un tronchante Woody Allen, que es la esencia misma de la película, una fuente inagotable de frases épicas que me han hecho reír a carcajadas. Hay que añadirle a una trama que nunca decae elementos fantásticos, intriga, unas interpretaciones muy correctas y un recorrido ya no tan pretencioso por Londres, menos centrado en los atractivos de la ciudad y más en los de algunas casas particulares. Hay un montón de guiños a películas de Hitchcock y van Dyke y miles de perlas del calibre de: "Ese tío no es un asesino en serie. Me extrañaría que matara a más de una persona o dos" o "Tenía una mujer, pero me plantó, aunque no puedas creerlo. Dijo que yo era infantil y que nunca maduraría. Y yo tenía un buen argumento, podría haberla machacado, pero levanté la mano y no me dio la palabra".

Ahora me toca volver un poquito más atrás en el tiempo para comprobar lo buenas que son las predecesoras tan alabadas por quienes rechazan éstas que he mencionado. La próxima vez que escriba sobre Woody espero tener más conocimiento de causa.

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