domingo, 20 de noviembre de 2016

[Domingo de Poesía] Canto a mí mismo

domingo, 20 de noviembre de 2016
Hay muchos poetas a cuya obra todavía no he podido acercarme en profundidad y que, sin embargo, tienen poemas que ya me han calado hondo. Un eterno pendiente, y es que todavía no he leído ninguno de sus libros al completo, es este señor: Walt Whitman, uno de los grandes nombres de la poesía universal cuyos versos, los que os traigo hoy, han inspirado además al que es uno de los compositores y músicos que más quiero, Tuomas Holopainen.

Pese a que posiblemente ya todos lo conozcáis, voy a contaros algunas cosas de este autor antes de compartir con vosotros un fragmento (traducido) de su Canto a mí mismo.

CANTO A MÍ MISMO de Walt Whitman

Foto extraída de http://www.mundosophia.com.
Nacido en 1819 en West Hills (Nueva York), se lo considera el padre del verso libre y la poesía moderna estadounidense. Su obra se suele considerar como un puente entre el movimiento trascendentalista y el realismo filosófico.
Trabajó desde muy joven en oficinas, imprentas, escuelas y librerías, hasta que en 1838 fundó su propio periódico, el Long Islander, que sigue funcionando a día de hoy; lo vendió tras menos de un año al mando y siguió colaborando con otros diarios y trabajando como maestro aunque no lo disfrutaba.
Tuvo un cargo en el Departamento del Interior de los Estados Unidos durante la Guerra Civil al tiempo que su nombre como escritor se iba haciendo más conocido gracias al éxito de Hojas de hierba, obra magna donde se incluye el poema que os traigo, así como el popular ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!
Whitman falleció en 1892 tras varios años de enfermedad y no pocas revisiones de Hojas, además de otras colecciones menos sonadas como Democratic vistas, Drum-taps o Franklin Evans.
Su poesía huye de los cánones impuestos y sienta su propio estilo, el de la libertad de rima y métrica, siendo en ocasiones muy próxima a la prosa. Temas recurrentes en sus versos son la muerte, la libertad, la sexualidad, la democracia o la naturaleza; y, por supuesto, los Estados Unidos y su carácter particular. Como dijo Ezra Pound: Él es América.
El Yo de este poema, de su Canto a mí mismo, ya para cerrar la introducción, no es individual ni se trata el conjunto de un ensalzamiento personal, sino que es un nosotros, un la humanidad, un Yo colectivo que pretende incluirnos a todos cuantos pertenecemos a la misma especie.

Me celebro y me canto a mí mismo.
Y lo que yo diga ahora de mí, lo digo de ti,
porque lo que yo tengo lo tienes tú
y cada átomo de mi cuerpo es tuyo también.

Vago... e invito a vagar a mi alma.
Vago y me tumbo a mi antojo sobre la tierra
para ver cómo crece la hierba del estío.
Mi lengua y cada molécula de mi sangre nacieron aquí,
de esta tierra y de estos vientos.
Me engendraron padres que nacieron aquí,
de padres que engendraron otros padres que nacieron aquí,
de padres hijos de esta tierra y de estos vientos también.

Tengo treinta y siete años. Mi salud es perfecta.
Y con mi aliento puro
comienzo a cantar hoy
y no terminaré mi canto hasta que me muera.
Que se callen ahora las escuelas y los credos.
Atrás. A su sitio.
Se cuál es mi misión y no lo olvidaré;
que nadie lo olvide.
Pero ahora yo ofrezco mi pecho lo mismo al bien que al mal,
dejo hablar a todos sin restricción,
y abro de par en par las puertas a la energía original de la naturaleza desenfrenada. 

(...)

Estos son los pensamientos de los hombres de todas las edades y de todos los pueblos;
no son originales,
no son míos solamente,
si no son tuyos también, no son nada o casi nada;
si no son el misterio,
y la llave al mismo tiempo, que abre todos los misterios, no son nada;
si no son lo inmediato y lo distante, no son nada.
Son la hierba que crece donde hay agua y tierra,
son el aire corriente que envuelve nuestro globo. 

(...)

Yo soy el que camina por la noche que empieza y que se agrada,
y grito al mar y a la tierra perdidos en la noche como yo.
Noche, apriétame contra tu pecho desnudo,
apriétame contra tu pecho desnudo, noche nutricia y magnética.
Noche de vientos australes,
noche de grandes astros solitarios,
noche callada que me guiñas,
noche loca y desnuda que me buscas.

Tierra, sonríe:
sonríe con tu aliente fresco. Tierra voluptuosa de bosques adormilados y vaporosos,
Tierra de crepúsculos muertos.
Tierra de crestas hundidas en la niebla,
Tierra de bañada con la leche azulenca de la luna llena,
Tierra de luces y de sombras que jaspean la corriente del río,
Tierra de nubes límpidas y grises que mi amor abrillante y enciende,
Tierra de profundos barroncos y llena de flores de manzano...
Sonríe, sonríe porque tu amada llega.
Amor me diste generosa
y amor te devuelvo...

(...)

Y yo he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
y que el cuerpo no vale más que el alma,
y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo.
Y aquel que camina una sola legua sin amor, camina amortajado hacia su propio funeral.
Tú y yo, sin un céntimo, podemos comprar el pico más alto de la sierra;
y el fulgor de una pupila
y un guisante en su vaina
humillan toda la sabiduría del mundo.
No hay otro oficio ni empleo que aquel que enseña al mozo a ser un héroe.
Y por blando que sea un objeto, puede ser un día el eje en que descanse la rueda del universo.
Y digo a todos los hombres y mujeres: Serenad vuestro espíritu frente a los universos infinitos.
Y digo también: No os preocupéis de Dios.
A mí, que todo me preocupa, no me preocupa dios.
No me preocupan ni Dios ni la muerte.
Yo oigo y veo a Dios en todas las cosas, pero no lo comprendo,
como no comprendo que haya nada en el mundo más admirable que yo.
¿Por qué voy a empeñarme en que Dios sea otra cosa mejor que este día?
En cada hora hay algo de Dios
y en cada minuto también.
En el rostro de las mujeres
y en el rostro de los hombres está Dios,
y en mi propio rostro lo veo también cuando me miro al espejo.
Encuentro cartas de dios en la calle,
cartas firmadas con su nombre
y no las recojo porque sé que en cualquier sitio encontraré otras semejantes.
Miles y miles me saldrán al paso, puntuales, por dondequiera que camine. 
amor indescriptible y apasionado. 


Es imposible leer el Canto a mí mismo de Whitman y no encontrarnos entre sus versos. Como pretendía, como ambicionaba, consiguió recoger en un solo poema a toda la humanidad.

¡Feliz domingo!

2 comentarios:

Mi rincón de libros y yo dijo...

Holaa!
No había leído nada del autor aunque si lo conocía porque las Navidades pasadas le regalé un libro suyo a un amigo pero me ha gustado mucho :)
Por cierto, me gusta mucho como ha quedado el blog.
Un beso :)

Kaoru dijo...

Muchas gracias, ha quedado bien pero hay entradas que se me han descuadrado totalmente y no consigo ponerlas bien por más que lo he intentado. :S
A ver si pronto leemos las dos más de Whitman. :)

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