domingo, 18 de diciembre de 2016

[Domingo de Poesía] Primavera

domingo, 18 de diciembre de 2016
Que pensabais que me había olvidado... Estoy siendo más constante de lo que yo misma había imaginado y espero continuar de esta manera, ya que mi deuda con la poesía no es precisamente pequeña.
A pesar de que ya llevo unos cuantos episodios dedicados a esta temática, todavía no había tenido la ocasión de mencionar al autor cuyas letras os traigo hoy. Soy una ardiente admiradora y devoradora de todo lo relacionado con los poetas malditos o, más bien, con los simbolistas franceses. Ya sabréis, si me habéis leído antes, que Baudelaire es mi poeta por excelencia; pero Rimbaud, Mallarmé y Valéry también son nombres de los que no me canso. Paul Verlaine, que cierra mi 2016 en lo que a esta sección se refiere, supone una verdadera obsesión. 


PAUL VERLAINE

Imagen extraída de http://alchetron.com/
Nacido en Metz (Francia) en el seno de una familia burguesa, vivió entre 1844 y 1896. Se trasladó a París para estudiar en el Lycée Bonaparte y trabajar en el ayuntamiento. Con veintidós años publicó sus Poemas saturnianos, claramente influenciados por Baudelaire, y empezó a frecuentar los círculos literarios de moda.
En 1870, se casó con Mathilde Mauté, a la que llevaba diez años y con la cual tendría una relación tormentosa marcada por el maltrato y la presencia de Arthur Rimbaud. Este joven poeta, descubierto como el genio precoz que era por Verlaine, se trasladó a vivir con ellos y enseguida se convirtió en amante de su mentor, El muchacho Rimbaud llevaba una vida sórdida marcada por el consumo de drogas y la falta de modales.
Los amantes se trasladaron a Londres, abandonando a Mathilde y al hijo del matrimonio, y vivieron una temporada juntos en condiciones precarias. La relación era tóxica y enfermiza, con un Verlaine cegado por la pasión y completamente subyugado a su pareja, y un Rimbaud que disfrutaba humillándolo y despreciándolo. En 1873, en Bruselas, durante una discusión en la que el más joven manifestaba su deseo de abandonar la relación, Verlaine le disparó en la muñeca y fue condenado a dos años de prisión. 
Posteriormente, trabajaría como profesor de francés y se ganaría el epíteto de Príncipe de los Poetas; que, sin embargo, portaría sin mucho entusiasmo por haber llegado en un momento en que la poesía ya se le escapaba. 
Murió con cincuenta y un años en París y fue muy llorado por sus compatriotas, algunos de los cuales llegaron a contar que, al paso del coche fúnebre de Verlaine por la plaza de la Ópera, la estatua de la Poesía se resquebrajó y la mano que sostenía la lira se hizo pedazos
Paul Verlaine fue sin duda una personalidad compleja, atormentada y envejecida prematuramente; su genio, no obstante, es inolvidable. Algunas de sus mejores obras, además de la ya mencionada, son: Fiestas galantes (1869), Romanzas sin palabras (1874), Sabiduría (1881) y Amor (1888). Entre los temas tocados en sus versos, son recurrentes la depresión, el sexo, la religión, el amor o la decadencia.
Como recomendación personal y para quien esté interesado en la fascinante relación entre el poeta y Arthur Rimbaud, la película Vidas al límite (Total eclipse), con Leonardo DiCaprio y David Thewlis, se centra en ella con maestría.


PRIMAVERA (Traducción extraída de mundopoetico.es)

Tiernamente la joven mujer de cabello rojizo
Conmovida ante tanta inocencia
Le dijo a la rubia muchacha
Estas palabras en suave voz

"Savia que se eleva; flores que se abren
tu juventud es una glorieta
permite a mis dedos vagar por la hierba
donde se estremece el capullo de la rosa

Déjame por entre el herbaje puro
Beber las gotas del rocío
Que  humedece a  la tierna rosa,..

De modo que el placer, mi cariño
Avive tu rostro
Como el amanecer el azul del cielo
Su adorado cuerpo bello, armonioso

Perfumado, blanco como el blanco
Rosa, emblanquecido con pura leche, rosado
Como un lirio bajo un cielo púrpura
Bellos los muslos, enhiestos los pechos

Tu espalda, hombros, vientre, un banquete
Para los ojos y para las curiosas manos
Para los labios y todos los sentidos

"Pequeña niña, deja ver si tu lecho
tiene aún debajo de la roja cortina
la hermosa almohada que lleva
y las salvajes sábanas. Oh a tu lecho.



¡Que empecéis bien la semana y que las fiestas os traigan abrigo y alegría! 

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