sábado, 4 de diciembre de 2010

Let the right one in

sábado, 4 de diciembre de 2010
Let the right one in.
Let the old dreams die,
let the wrong ones go.
They cannot,
they cannot,
they cannot do what you want them to do.

(Morrissey - Let the right one slip in)

Me anoté el nombre de esta novela desde que vi los dos primeros minutos de la película homónima, hace dos años aproximadamente, y ahora me encuentro en la obligación de tomar nota de su autor, porque, después del intenso viaje que emprendí el día que me compré el libro en Foyles, sé que habrá veces en que sienta la necesidad de regresar a los mundos helados, oscuros y torturados de John Ajvide Lindqvist.
Decían los críticos del Daily Express acerca de esta obra que los elevados niveles de gore y violencia que emana se ven templados por una inesperada ternura, y que su lectura resulta perturbadora. En efecto, perturbadora es la palabra justa, pues se trata de un relato contado con frialdad, describiendo todos los pensamientos de los personajes pero sin crear ningún tipo de complicidad con ellos, dejándonos elegir. Elegir ponernos del lado del niño eterno que asesina porque no quiere morir, o del borracho que decide dar un giro a su vida cuando ya es demasiado tarde, o del hombre que se convierte en el monstruo más aterrador a cambio de significar algo en la vida de otra persona. Nos traslada de un escenario a otro continuamente, del adolescente que esnifa pegamento mientras piensa cómo huir del futuro que le aguarda cuando su madre se case, al loco que vive con una treintena de gatos porque no cree en las personas. Nos hace ver a través de sus ojos, pasar las páginas del álbum de recortes de prensa que guarda Oskar y llevarnos las manos a la cara cuando un hombre muerto vuelve a la vida en un hospital.
Es una historia dura, sangrienta, a veces divertida y en algunos momentos aterradora. Saca a la luz lo peor del ser humano, los deseos e instintos más reprochables por la sociedad, la cobardía y el egoísmo que conlleva utilizar a otros para que cuiden de ti. Y también las características más puras, la amistad infinita, el valor, la generosidad que tiene que poseer alguien cuando lo tira todo a la basura por satisfacer tus deseos. Hay momentos en que se siente lástima, repulsión, terror, y otros en que sonreímos al comprobar que donde sale lo primitivo, sale también lo humano: el amor, la soledad, la nostalgia.
Es una muestra extraordinaria de literatura fantástica, un cuento de vampiros como pocos se han hecho, que nos lleva de vuelta al origen, al ser hambriento que necesita sangre con la misma intensidad con la que nosotros necesitamos respirar, y que hará cualquier cosa por ella. Herirse a sí mismo, intentar acabar con su vida para desligarse de su dependencia, enterrar por completo los vestigios de su humanidad para transformarse en el peor de los esperpentos. Y, sobre todo, es una maravillosa novela social, impregnada de inseguridad y miedo, que nos explica todo lo que conlleva la adolescencia en un primer mundo donde los niños se permiten la licencia de crear una transición hacia la adultez y donde, para encontrar su lugar, unos machacan y otros se defienden.
No hay una sola página en este libro que no merezca ser leída. Es una aventura asombrosa, y hay que ser muy valientes para emprenderla. Pero os recompensará muchísimo.

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