lunes, 7 de mayo de 2012

10 definiciones de poesía

lunes, 7 de mayo de 2012

  1. La poesía es la pintura que se mueve y la música que piensa. (Émile Deschamps)
  2. Todas las cosas tienen su misterio y la poesía es el misterio que tienen todas las cosas. (Federico García Lorca)
  3. Ha de concebirse la poesía como un violento asalto contra las fuerzas desconocidas para obligarlas a arrodillarse ante el hombre. (Filippo Tommaso Marinetti)
  4. La poesía es el vino de los demonios. (San Agustín)
  5. La poesía es revelación, es vida en esencia, es el universo que se pone en pie. Si la verdadera poesía contiene siempre en su esencia un sentido de rebelión, es porque ella es protesta contra los límites impuestos al hombre por el hombre mismo y por la naturaleza. La poesía es la desesperación por nuestras limitaciones. (Vicente Huidobro)
  6. La poesía es una síntesis de jacintos y bizcochos. (Carl Sandburg)
  7. La poesía es perderse en lo infinito. (Giacomo Leopardi
  8. Lo que los hombres llaman amor es muy pequeño, muy restringido y muy débil, comparado con esa inefable orgía, con esa santa prostitución del alma que se da toda entera, poesía y caridad, al imprevisto que aparece, al desconocido que pasa. (Charles Baudelaire)
  9. Digo que hay que ser vidente, hacerse vidente. El poeta se hace vidente por un largo, inmenso y razonado desarreglo de todos los sentidos. (Arthur Rimbaud)
  10. La poesía, principio y fin de todo, es indefinible. Si se definiera, el definidor sería el dueño de su secreto, el dueño de ella, el verdadero, el único dios posible. Y el secreto de la poesía no lo ha sabido, no lo sabe, no lo sabrá nunca nadie, ni la poesía admite dios alguno: es diosa única de Dios, por fortuna para Él y para los poetas. (Juan Ramón Jiménez)

Tal vez pronto pueda daros una buena noticia. Por ahora me conformo si consigo sacar una pequeña sonrisa a todos los que respiráis, como yo, poesía. 

Pero, ¿lo ves?
Ya quizá ni tú me entiendes ni yo sé lo que me digo. 

Hablemos como se habla. 

Procedamos con orden. 
¡El orden! ¡Lo detesto,
y, sin embargo, es tan preciso para todo!... 

La poesía es el sentimiento; 
pero el sentimiento no es más que un efecto, 
y todos los efectos proceden de una causa
más o menos conocida. 
¿Cuál lo será? 
¿Cuál podrá serlo de este divino arranque de 
entusiasmo, de esta vaga y melancólica aspiración 
del alma, que se traduce al lenguaje de los hombres 
por medio de sus más suaves armonías sino el amor? 

Sí; el amor es el manantial perenne de toda poesía, 
el origen fecundo de todo lo grande, 
el principio eterno de todo lo bello; 
y digo el amor porque la religión, 
nuestra religión sobre todo,
es un amor también,
es el amor más puro, más hermoso,
el único infinito que se conoce, 
y sólo a estos dos astros 
de la inteligencia
puede volverse el hombre
cuando desea luz que alumbre en su camino,
inspiración que fecunde su vena estéril y fatigada.

El amor es la causa del sentimiento; 
pero... ¿qué es el amor? 
Ya lo ves: 
el espacio me falta, el asunto es grande, 
y... ¿te sonríes?... 
¿Crees que voy a darte una excusa fútil para 
interrumpir mi carta en este sitio? 

No; ya no recurriré a los fenómenos del mío para 
disculparme de no hablar del amor.
Te lo confesaré ingenuamente: tengo miedo. 

Algunos días, sólo algunos, y te lo juro, 
te hablaré del amor, 
a riesgo de escribir un millón de disparates. 

-¿Por qué tiemblas? -dirás sin duda-. 
¿No hablan de él a cada paso gentes 
que ni aún lo conocen? 
¿Por qué no has de hablar tú, tú que dices
que lo sientes? 

¡Ay! Acaso por lo mismo que ignoran lo que es,
se atreven a definirlo. 

¿Vuelves a sonreírte?... 
Créeme: la vida está llena de estos absurdos.

Cartas literarias a una mujer (Gustavo Adolfo Bécquer)

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