sábado, 19 de marzo de 2016

De sobrevalorados: La Sombra del Viento

sábado, 19 de marzo de 2016

La primera vez que pisé Barcelona, corría el año 2014 y tenía veintiséis años. Lo sé, es un delito no haber ido antes, pero así es la vida, y el hecho de haber conocido por fin la ciudad condal se lo debo al patinaje artístico y a Javier Fernández.
En mi primera visita, decidí comprarme un libro en el aeropuerto, y Marina acudió enseguida a mi llamada. Al estar ambientado en Barcelona, me pareció perfecto, aunque quiso la ironía que me lo comprara en inglés y degustara el primer encuentro con el autor en una lengua diferente de la original.
De Marina me gustaron muchas cosas, pero como libro y al igual que me habría de suceder con La Sombra del Viento, me pareció desaprovechado. 

Lo que sí consiguió Ruiz Zafón con Marina es que me enamorara perdidamente de Barcelona. La ciudad me había gustado, pero cuando regresé un año más tarde ya la amaba. Veía en sus calles y en su arquitectura detalles en los que no había reparado, y al visitar el barrio de Sarriá y La Vallcarca quería imaginarme a Germán en una de aquellas casas que me iba encontrando cuesta arriba, de camino al Park Güell. 
Fue esta pasión que el autor me había transmitido por su ciudad la que me hizo decidir que cada vez que pasara por la capital catalana caería un nuevo viaje literario, y así llegué al aclamadísimo (y muy vendido) La Sombra del Viento.




Es curioso cómo con esta novela me ha pasado exactamente lo mismo que con Marina y he acabado de leerlo entre maravillada por todo lo genial que tiene, y decepcionada por cómo se va desinflando y no está a la altura de la expectativa que genera en el lector.

Me encanta la narrativa de Zafón, tan personal, plástica y hasta poética. Me encanta su Barcelona, gótica, oscura, romántica; en este caso, además, se suma todo lo tocante a la Guerra Civil y a los años posteriores, y realiza un gran trabajo de ambientación. Por último, me encantan también las premisas de las que parten sus historias: ideas quizá no demasiado originales, pero sí intrigantes y coquetas para alguien que ama como yo la literatura gótica.


¿Qué no me ha gustado, entonces? De nuevo, el protagonista es un tontaina que no se entera de qué va la vida, una especie de Mary Sue masculino que posiblemente no sea otro que el propio escritor. De nuevo, muchos de los personajes son meros estereotipos que no muestran tridimensionalidad. Y, para mí el gran fallo, otra vez me encuentro con que el protagonista no tiene nada que ver con el misterio que va desentrañando, quedándose solamente en espectador.
Otro gran fallo desde mi punto de vista es que los personajes, a excepción de Fermín, no tienen voz propia. Esto se ve de una forma especialmente clara en la parte narrada por Nuria, que se expresa de la misma manera que Daniel, con sus metáforas y hasta su ironía; pero ocurre con todos los personajes que aparecen, importantes o secundarios.
Ya por último, falta misterio. Se nos hace tener ganas de descubrir qué le ocurrió a Julián Carax, pero no hay dificultad en encontrar respuestas, siempre hay testimonios esperando a ser escuchados; el definitivo, una carta larguísima (y bastante densa; llegué a saltarme párrafos enteros porque la señora Monfort se dedica a contarle a Daniel intimidades que no tienen nada que ver con la historia de Julián y que dudo sea realista que confiase al chaval) de la que apenas sacamos nada que no hayamos intuido en los primeros capítulos de la novela. Estos testimonios incluyen toda suerte de detalles que la persona que los narra no podía saber, por cierto.

Es un libro ambicioso, y esta ambición se lo acaba merendando. Todo se soluciona de una manera tan fácil, tan lineal, que este desenlace se queda cojo, soso. El personaje principal es tan insulso y su relación con Bea tan aburrida, que no es demasiado creíble que Julián Carax los vea como una nueva versión de él y Penélope. 

¿Leeré más novelas de Zafón? Seguro que sí, porque las cosas buenas de su narrativa son verdaderamente maravillosas. Lo que ya dudo a estas alturas es que me vaya a conquistar hasta las trancas con alguno de sus libros, pues por lo que me comentan son todos iguales. 
Si la suerte provoca que el Grand Prix de patinaje de 2016 tenga su final de nuevo en España, podéis estar seguros de que en menos de un año estaré yendo a por la tercera entrega de esta relación con el escritor catalán.

¿Qué os pareció a vosotros este libro? 

4 comentarios:

Renaissance dijo...

A mi me pasó igual: un libro con mucho bombo detrás que, a los que tienen encima más literatura gótica, fantastica o novelas por entregas, se nos queda muy ligero. Y el protagonista (bueno, y su love interest remilgos), para darle de comer aparte.
Es verdad que sus argumentos son todos similares: el de Luces de septiembre recuerda bastante en estructura.

Kaoru dijo...

Una pena porque podría haber sido genial.

Abracalibro dijo...

Yo ya no lo recuerdo mucho, sólo sé que me gustó y me tuvo entretenida.
Besotes.

Nenita Naiara dijo...

Yo leí ese libro hace tiempo, a pesar que no recuerdo mucho de que iba, recuerdo una frase de ese libro, y, creo qué es lo que más me gustó de todo el libro. La historia me dejó que ni frío ni calor me pareció aburrido y demás, nunca entendí porqué me lo recomendaron, ni porqué tiene tanta fama, podría chafar este libro con muchos otros libros que he leído mejores que este.

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