domingo, 10 de julio de 2016

Leyendo en gallego; el problema de las lecturas obligatorias

domingo, 10 de julio de 2016

Todos hemos sido "víctimas", más o menos felices, de las lecturas obligatorias en el colegio. Se ha escrito mucho sobre este tema y diversos autores se han posicionado a favor o en contra; se ha comparado nuestro sistema con los de otros países y se han intentado sacar conclusiones. No pocos expertos (entiéndase, docentes) consideran que las lecturas obligatorias deberían desaparecer, o bien que deberían ser mucho más ligeras, aparcando los clásicos en favor de libros más cercanos a la edad e intereses del alumnado. Con algunas de estas cosas, como maestra, estoy de acuerdo; con otras, no.
Como alumna que he sido, la historia cambia un poco. Recuerdo muchos de los libros que me tuve que leer para Lengua, especialmente en Secundaria: Eloísa está debajo de un almendro, El Quijote, Crónica de una muerte anunciada... En fin, muchos títulos de peso en la literatura en lengua española. Para Gallego, lo cierto es que no soy capaz de citar ningún nombre: precisamente, los profesores que tuve durante los años de la ESO y Bachillerato fueron de esos que prefieren no mandar leer A Esmorga, y sí alguna novelilla de temática adolescente para conectar con el lector.
Seré la rara, pero odiaba los libros que nos mandaban en Gallego. Yo era feliz con mi Quijote, con las Rimas de Bécquer, con las estrofas de Lorca (el único libro que recuerdo haber odiado de Lengua fue uno de los volúmenes de El capitán Alatriste, que sólo me conquistaría posteriormente, cuando le dio vida Viggo Mortensen); pero despreciaba, lo juro, el momento en que tocaba ponerse con las caralladas de Gallego, que hablaban de drogas, amor adolescente y demás tonterías que no me interesaban en lo más mínimo.
Ya he dicho que soy rara. El caso es que imaginadme a mí, con 16 años, leyéndome en casa La divina comedia al tiempo que en el colegio me tocaba merendarme relatos baratos dirigidos a aquellos que, precisamente, odian leer. No podía funcionar.
No sería correcto asegurar que estas lecturas me causaron un trauma, pero es verdad que me apartaron durante bastantes años de las letras gallegas. No tenía ganas de abrir libros en gallego porque mis recuerdos de las lecturas escolares eran bastante pobres. En cierto modo, esos profesores tan modernos que se decantaron por títulos novedosos y desecharon de plano los clásicos, los grandes hitos en nuestra literatura, me quitaron las ganas de leer en gallego. Consiguieron el efecto contrario al deseado. Y no seré yo la que le diga a ningún compañero docente lo que tiene que hacer ni creo en la rigidez de las lecturas obligatorias, pero tampoco soy ni seré la única niña que quiere libros de verdad. 
Este curso, hemos leído colectivamente en el aula de 4º de Primaria una adaptación de Noche de Reyes de Shakespeare, y a mis alumnos les encantó; una de estas niñas se lee libros enteros de poesía de Lorca. Se pueden incluir en el aula los clásicos, y se puede hacer que los alumnos los disfruten. El único ingrediente necesario es la pasión por parte del maestro.

En fin, con todo este rollo me estoy yendo del tema, que es tan simple como que hace ya un tiempo que me propuse leer, al menos, una obra en gallego al año. Os recuerdo que no he leído casi ningún clásico porque en el colegio e instituto pasaron de ellos (pero los había que estudiar igual, ¡qué bien!) y en los tiempos que les siguieron no me sentí inclinada a hacerlo. Estoy absolutamente abierta a clásicos y contemporáneos, así que os pido, si es que me lee algún gallego, que me recomendéis algún título para que sea el próximo que decida colocar en mi estantería.

Esta vez ha tocado Memorias dun neno labrego y no puedo dejar de recomendarlo: es una verdadera joya que captura a la perfección la idiosincrasia del rural gallego. 

¿Cuáles deberían ser los próximos?

4 comentarios:

Renaissance dijo...

Yo me propuse el año pasado recuperar alguna lectura en gallego porque me vi en su momento en el mismo problema: unas obras obligatorias que no me gustaban, y por desgracia, una profesora durante la primaria de esas que son un punto en contra de la docencia y la humanidad; y de las que por suerte; quedan pocos ejemplares (curiosamente; en secundaria tanto la calidad del profesorado como de las lecturas, mejoró ostensiblemente).
Como la engendra esa fue capaz de hacerme odiar incluso el género fantástico, te recomendaría Á lus do candil, de Anxel Fole, y Dos arquivos do trasgo, de Rafael Dieste. Son relatos cortos donde hay un poco de todo, desde almas en pena hasta retranca. Y Memorias de un esquelete. Porque a grandes rasgos, Castelao escribe un relato de vampiros. Y ahí es nada.
No me enrollo más porque esto de las lecturas obligatorias siempre es un tema que me parece muy mal enfocado. ..y que precisamente; al no ser del ramo del profesorado, las opiniones que puedo tener siempre serán mucho más personales y sesgadas.

Kaoru dijo...

¡Muchas gracias! De Fole me leí el año pasado Terra Brava y me gustó mucho, así que me parece perfecto continuar descubriendo su narrativa.
Me los apunto; ¡más vale llegar a ellos tarde que no hacerlo nunca!

Eva dijo...

¡Hola! Yo también soy un poco rara, me gustaban esas lecturas del insti. No tuve ningún profesor así, más moderno, que mandase libros de temática más adolescente... y no sé, pero a mí me parece bien que se intente inculcar amor a la lectura con clásicos y pesos pesados de la literatura. Claro que habrá alumnos que no sepan apreciar esas lecturas, pero también pasará con las lecturas "modernas".
Yo me estoy dando cuenta que al final, los libros que más me marcan son muy re-conocidos. Por algo será...
Me ha gustado leerte, un beso:)

Kaoru dijo...

Gracias por tu comentario, Eva.
Opino igual que tú. Los clásicos lo son por una razón y no deberían apartarse de las aulas sólo porque haya un porcentaje del alumnado al que no le gusta leer. Creo que se puede compaginar una cosa con la otra, dando más libertad al alumno y sin hacerlo odiar los clásicos.

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