miércoles, 3 de mayo de 2017

Favoritos de abril

miércoles, 3 de mayo de 2017
Viene una larga. Os aconsejo, si pensáis acompañarme, que os hagáis con una taza de café o té humeante; abril ha venido marcado por las vacaciones de Semana Santa y, por ende, mucho tiempo para adentrarme en historias de ficción. Ha sido el mes del cine y en concreto del cine clásico, y espero animaros a ver alguna de las obras que me fascinaron.

HE DECIDIDO DEJAR DE DAR PUNTUACIONES NUMÉRICAS PORQUE ME HE DADO CUENTA DE QUE NO SÉ HACERLO (SÍ, YO SOY PROFESORA). 


Series


-Black Sails. Qué os digo de Black Sails. Se ha acabado y se ha llevado una parte de mí, ya que durante cuatro años había sido la responsable de algunas de las mayores pasiones y corrientes de inspiración que me han marcado. No quiero hablar de Black Sails porque todavía me siento dolida y todavía me siento huérfana de ella. Me ha tocado, me ha hecho heridas y me ha demandado como el mar a sus cadáveres. Podéis leer algo un poco más extenso al respecto en esta entrada. Quizá más adelante me sienta con fuerzas para volver sobre el tema. 


Manga


No me he terminado ningún libro en abril, aunque sí que he estado leyendo varias cosas. Ahora bien, ha sido el mes de regresar al manga por la puerta grande, con una adicción de esas legendarias, y estoy muy contenta de haberme reencontrado con una serie que me gustaba mucho y haber conectado con ella como no lo había hecho antes:

-Saiyuki de Kazuya Minekura. Saiyuki lleva en mi vida por lo menos diez años, desde que una de mis amigas encontró por casualidad la película a la venta y nos la cepillamos juntas y entre carcajadas veinte veces en el período de unos pocos meses. La película en sí no es más que un refrito poco afortunado del manga, pero los personajes nos fascinaron y entre el villano y el doblaje, nos moríamos. Cuando Mangaline comenzó a editar el manga en España, me compré los tres primeros tomos y los devoré. Y se fueron quedando en la repisa y me olvidé de continuar con los demás, hasta que el año pasado me planté en eBay y los busqué (están descatalogados). Volver a Saiyuki ha sido una de las mejores cosas que me han pasado en mucho tiempo en materia de ficción: después de todo, no es más que una de esas historias de aventuras que me apasionan; además, cuenta con unos personajes protagonistas sólidos e inolvidables, todos con una carga dramática muy fuerte pero que sin embargo te hacen reír todo el tiempo. Me he enamorado completamente de los cuatro personajes, de su filosofía de vida, de su resolución y de su tosca manera de quererse. Es más, Saiyuki ha llegado en un momento en que necesitaba abrir los ojos, y me los ha abierto. Me ha hecho reencontrarme a mí misma y descubrir partes de mí que no conocía. Ha sido fundamental en mi desarrollo como persona este año. Tiene sus cosas; por ejemplo, los personajes femeninos me parecen muy flojos. Pero da igual. Sigo con Reload y aún me queda la tercera serie, pero me las estoy tomando con calma porque quiero que me duren. Una década más tarde, se ha convertido en uno de mis mangas favoritos. 


Películas


Llega el plato fuerte del mes, muy claramente condicionado por mi descubrimiento del actor británico James Mason y consecuente enamoramiento. Que estoy hasta las trancas, vaya, y no sé cómo no lo conocía de nada antes de este mes. Vivía una vida falsa.
Menciono de pasada algunas que tampoco estuvieron nada mal, aunque no hayan llegado a mi lista: Siempre estoy sola (Jack Clayton, 1964), Agua (Deepa Mehta, 2005) y Se interpone un hombre (Carol Reed, 1953).

-Larga es la noche (1947). No sé debajo de qué piedra había estado viviendo, que no había visto nunca una película de Carol Reed. Larga es la noche (Odd man out) llevaba en mi lista de pendientes desde que estuve a punto de irme a Belfast con una beca hace cuatro años; más que nada, porque transcurría en dicha ciudad. Me la vi en un viaje Madrid-Ourense a bordo de Renfe, e incluso volví atrás en varias ocasiones y revisioné escenas al terminarla. Me fascinó. Me hirió. Me encandiló. Desde los planos oblicuos, pasando por la forma en que Reed hace de Belfast el personaje principal de la película, hasta un final que me parece completamente redondo. Larga es la noche nos cuenta cómo un militante del IRA decide poner en marcha un plan para atracar un banco, pero acaba siendo buscado por asesinato mientras él mismo se queda herido y a su suerte en la que se convierte en una noche inacabable. Por el camino, se va encontrando con personajes que vienen a representar con cariño pero sinceridad la sociedad norirlandesa: desde las voluntarias de Protección Civil, al cura que busca a través del moribundo su propia salvación, pasando por diversos oportunistas y la única persona que realmente es capaz de darlo todo por ayudarle. James Mason es perfecto, no entiendo por qué su nombre no se encuentra entre los grandes, y la película ya es una joya para mí. De Reed he visto también este mes Se interpone un hombre y seguro que en mayo digeriré más porque me tiene embelesada su forma de hacer cine.

-Con la muerte en los talones (1959). De nuevo con Mason de por medio, en este caso el protagonista es Cary Grant y el director, no otro que Hitchcock. No sabía si incluir esta película en la lista porque me dejó bastante desconcertada y todavía no sé si tomármela como una genialidad o una basura. Pero supongo que ahí reside su grandeza. Es el McGuffin por definición, la trama sin ningún tipo de lógica que atrapa hasta que termina; y, además, parece una parodia a las posteriores cintas de James Bond, que sin duda encontraron inspiración en el personaje de Grant. Nos cuenta cómo, por equivocación, un exitoso publicista acaba siendo perseguido por la policía y por una banda de criminales. No tiene mucha más explicación ni sentido. Se trata de una serie de aventuras disparatadas que, además, incluyen algunas de las escenas más recordadas de la historia del cine, como la del avión persiguiendo al siempre peinado Cary o la de la persecución en los rostros de los presidentes en el monte Rushmore. Lo dicho: a veces hay una línea muy fina entre lo ridículo y lo grandioso. Lo que sí es, y mucho, es divertida.



-Ha nacido una estrella (1954). Es una lástima que algunas de las escenas de esta cinta se hayan perdido para siempre. Remake de una película de los años 30, volvió a ser reideada en los 80 con Barbra Streisand (no trago a esta señora), y en 2018 o 2019 va a salir una nueva versión con, ¡ojo!, Lady Gaga. No sé cómo serán las otras, pero la del 54 me parece una delicia. En primer lugar, por James Mason (¿he mencionado que me gusta?), que realiza una interpretación cargada de matices y convincente hasta el llanto. No menos importante, por la eterna Judy Garland, que desprende talento por cada poro y te hipnotiza en cada escena en la que sale. Ha nacido una estrella es la historia de un actor en decadencia y una actriz que, gracias al impulso de él, comienza su ascenso a la fama y el éxito; enamorados y unidos para siempre, una se eleva y el otro se hunde más y más. La forma en que los personajes se van desarrollando de acuerdo con todo lo que les envuelve es realista y fascinante, y la química entre los dos actores traspasa incluso esas escenas desaparecidas, cuyo audio se ha podido recuperar. Es un drama tremendo de los que te dejan llorando durante semanas. Grandísimos los dos protagonistas, y sólo me apena que nunca llegaran a rodar nada más juntos.

-Almas desnudas (1949). Dirigida por Max Ophüls, nos presenta a una madre que se ve en la desesperada situación de tener que proteger a su hija de las consecuencias de un crimen del que la podrían llegar a acusar; por el camino, se encuentra con un extorsionador que tiene en su poder la correspondencia que la hija intercambiaba con la víctima, y se ve atrapada en una situación que choca de frente con su rutinaria vida en casa. Joan Bennett está impecable en su papel, nuevamente James Mason borda el suyo; y juntos nos permiten asistir al encuentro de dos seres humanos, completamente desconocidos, que se ven cara a cara y se comprenden en una situación en la que son enemigos. Las sutilezas de la cinta, tales como el momento en que ella le pide cambio para hacer una llamada telefónica, la convierten en un producto grande, real, memorable, desnudo. El final está cargado de simbolismo y nos rompe. Una delicia, sin más. Bellísima película.


Música

Ha sido un mes de escuchar lo de siempre, lo de los meses pasados y lo que lleva años en mi vida. Mención especial a la cantidad de reproducciones que le he dado a Luna Sea, uno de los grupos más maravillosos de la música japonesa, y a sus temas inolvidables, que han hecho llevaderos varios viajes en bus. Qué de joyas han regalado al mundo estos señores. Os dejo Love song, y el que no se emocione profundamente con esto es que no tiene alma:



¡Ah! También me he ido de viaje. En un par de días, os cuento mi experiencia. De momento, os dejo con un abrazo y el deseo de que vuestro día termine sonriendo.

Ahoj!

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