domingo, 18 de febrero de 2018

Domingo de mierda

“If it’s too fucking hard, then it’s not fucking worth it”.


“Toying somewhere between love and abuse”.


“The only unbearable thing is that nothing is unbearable”.



Estas tres frases definen mi día. Un día de reflexión, de volver sobre un episodio que viví recientemente y me salpicó, porque era inevitable que me salpicara, y del que me siento en parte responsable pero sabiendo que tampoco lo soy en la medida que se me quiere hacer creer.

Soy un desastre con las personas. Lo digo yo, la primera. No me cuido bien a mí misma, como para cuidar a otros. He estropeado relaciones porque no siempre se me da bien mantener el contacto; otras, por un victimismo crónico que he ido superando pero que me acompañó durante años; alguna, por pasividad o porque no era sincera, porque sólo esperaba obtener un beneficio y no estaba implicada con la otra persona. No me gusta darme a medias y lo he hecho alguna vez, no me gustan las relaciones en las que no quieres y respetas profundamente a la otra persona y he estado en un par. De todo se aprende, claro, y me perdono por ello.

Soy culpable de varias cosas en el caso de la persona que me ocupa ahora mismo. De haber contribuido a que adoptara ciertos roles horribles en el entorno que compartimos. De no demostrar mis sentimientos casi nunca porque me cuesta muchísimo hacerlo. De no haber estado a su lado cuando más me necesitaba.
También sé que NO soy culpable de otras cosas: de existir, de que haya renunciado a su propia vida por mí (ojalá no lo hubiera hecho), de que no se encuentre y no sepa quién es porque se ha diluido en otros y ya no es de forma independiente, de que no sea feliz.

¿Que no quiera sufrirte cuando tu sufrimiento es autoinfligido y no haces, ni tienes intención de hacer, nada por evitarlo implica que no te quiero?

Es duro cuando esa persona es una víctima. Porque lo es, de varias cosas. Pero yo creo que el poder lo tiene que tomar uno mismo. Yo también sé victimizarme, lo he hecho muchas veces. Y luego maduré. Que a alguien no le guste una conducta mía no implica que no le guste yo (ni siquiera en esta actualidad tan rara de ideales comunes al 100% o defenestración pública). Que a alguien no le guste yo no implica que yo esté mal. No soy en función de las opiniones ajenas. No va sobre mí. El mundo no va sobre mí. Y, si tú no puedes ver eso, si tú no puedes analizarte y ayudarte, entonces yo tampoco puedo hacerlo.
Te quiero. Lo que no quiero es tu mierda, que salpica a todo el que te rodea. Límpiate, y luego vuelve. Estaré aquí. Lo que no puedo hacer es hundirme en el fango contigo.

¿Que dé un paso atrás cuando me envenenas la mente implica que no te he querido?

Tengo derecho a estar bien. Tengo derecho a ver la vida con optimismo, a mantener el nivel de calma que he conseguido, a defender lo que defiendo desde el punto de vista desde el cual lo hago. Tengo derecho a estar bien incluso si tú no lo estás. Tengo derecho a tener mis pensamientos limpios.
Te quiero. Lo que no quiero es la forma en que lo tergiversas todo para hacerme sentir responsable de cosas que no son mi responsabilidad. Búscate, hazte cargo de la situación, y luego vuelve. Estaré aquí. Lo que no puedo hacer es culpabilizarme de aquello de lo que no soy culpable.


La primera frase es de Kerli. Ni siquiera recuerdo en qué vídeo o en qué texto la dijo, pero es de hace como mucho un par de años, cuando atravesó un período de crisis bastante duro y se fue a aislar al bosque durante unos meses. Salió más fuerte y lanzó al mundo varias reflexiones, entre las que decía que la vida es esto, es ahora, y no vale la pena ser terriblemente infeliz. Por bonita que sea la meta, por gratificante que parezca que será el objetivo, no merece la pena sufrir tanto por llegar. No merece la pena destrozarnos la vida por llegar. “If it’s too fucking hard, then it’s not fucking worth it”. De verdad, que no. Si nos va a dinamitar por dentro, si nos va a dejar hechos añicos, no vale la pena. Los caminos que valen la pena son aquellos que exigen esfuerzo, pero recompensan por sí mismos. No se puede luchar siempre contracorriente, no se puede renunciar a uno mismo por llegar.

La segunda frase es de una canción de Hozier: “Toying somewhere between love and abuse”. Los modelos de relaciones con los que crecí estaban justo ahí, en el medio. Posiblemente no exista relación libre de toxicidad, pero hay niveles que resultan problemáticos porque hacen daño del duradero. No sé dónde está el límite y no sé en qué momento se ha pasado de uno al otro lado. Pero se ha pasado (¿yo también lo he hecho?) y no merece la pena estar aquí más tiempo. Hay que trazar marcas que indiquen que se ha acabado la vía por la que el otro podía circular, y hay que hacerlo desde el respeto. Aún no he hallado la forma.

La tercera frase es de la película Total Eclipse y la pronuncia Leonardo DiCaprio en el papel de Arthur Rimbaud: “The only unbearable thing is that nothing is unbearable”. Todo lo podemos soportar, tras todo podemos seguir viviendo. Como si estuviéramos aquí para sostener una carga de mierda en aumento y no pudiéramos decir nada al respecto. Como si hubiésemos nacido para sufrir. ¡Qué ideal tan cristiano! Está volviendo a mí con fuerza últimamente porque los gallegos de cierta edad lo tienen muy interiorizado (espero no derivar en esa mentalidad nunca) y lo repiten en forma de sentencias del tipo: “Nacemos para sufrir/morir”, “La vida es sufrimiento” o “Hay que tragar”.
Hay muchas cosas maravillosas de volver a estar aquí, pero esta amargura colectiva no es una de ellas. No sé si tiene la culpa la Biblia, o la cantidad de sucursales que la religión católica colocó en nuestra región, o el hecho de haber pasado mucha hambre durante generaciones. No sé. Pero yo no estoy aquí para sufrir, ni oriento mi vida hacia la tragedia, ni pienso vivir preparada para acumular lamentos. Las desgracias vendrán, vienen siempre; cómo te las tomes es un trabajo tuyo. Y Galicia, ¡eres maravillosa!, pero en esto envenenas.

Me hace gracia que he hecho a Galicia soportar la carga de una situación concreta y de una persona específica. En realidad, creo que muchas cosas vienen de ahí: del cura del pueblo, del padre que sacaba el cinturón y no dudaba en usarlo, de la creencia de que no valemos nada por nosotros mismos.


Es un día de mierda y no se puede decir de ninguna otra manera. Cuando se produjo la situación de la cual hablo, reaccioné como yo lo hago: bajando la cabeza, concediendo al otro el derecho a salpicarme, asumiendo parte de la responsabilidad. Y hoy me he dado cuenta de que no es justo, de que sólo soy culpable de lo que soy culpable, de que no me tiene que salpicar aquello que depende de tu propio trabajo personal y no de mí.

No puedo hacer feliz a nadie. Lo siento. Bastante tengo con hacerme feliz a mí. No puedo ser responsable de tus decisiones, por agresivas que sean; en realidad, tú eres responsable de que esas decisiones agresivas me salpiquen a mí. Y sé que me seguiré sintiendo injustamente culpable porque he aprendido a sentir así pese a lo que me diga objetivamente mi cabeza. Y sé que seguiré teniendo domingos de mierda por cuestiones que no dependen de mí y que en ningún caso yo he ocasionado. Soy culpable de lo que soy culpable: de no haber mantenido el contacto, de haber sido hipócrita, de no haber estado ahí. NO soy culpable de que te odies, de que no te conozcas, de que tengas problemas mentales. Y me seguiré sintiendo culpable, pero también seguiré respirando hondo y entendiendo que no es así, que esos sentimientos son aprendidos e inducidos pero no se corresponden con la situación real.


No me importa pasar un domingo de mierda por alguien a quien quiero: estoy a tu lado para acompañarte también en lo malo. Pero sí me importan las repercusiones de mierda, y a largo plazo, que tus actos tienen en mi vida y en mi forma de relacionarme. Así que me remito a la cita de Kerli y me comprometo a seguir trabajando en lo mío, que bastante tengo. 

En lo tuyo trabaja tú, si es que quieres.  

3 comentarios:

sandra dijo...

Hola Beatriz!
Tienes toda la razón: no podemos hacer a nadie responsable de nuestra felicidad y nadie puede hacernos responsable de la suya.
Creo que el día que dejemos de tirar balones fuera y analicemos nuestra responsabilidad y el poder que tenemos para solucionar las cosas, seremos más felices y mejoraremos como personas.

Animo y espero que todo se arregle!
Un beso :)

Benedetta Leoni dijo...


Hola, nueva seguidora; felicitaciones por blogs y publicaciones; aquí el último publicado por mí: https://ioamoilibrieleserietv.blogspot.it/2018/02/5-cose-che-19-5-letture-che-mi-hanno.html

si quieres, te espero como lector fijo (encuentra el blog también en Facebook y Instagram como: ioamoilibrieleserietv)

Gracias

Kaoru dijo...

@Sandra Gracias, me vino genial expresarlo (me hice un Word bonito, bonito analizando la situación, porque se me estaba comiendo las tripas). Y estoy totalmente de acuerdo con lo que dices: sólo nosotros podemos trabajar en nosotros. Los demás nos pueden guiar, dar herramientas... pero el trabajo es nuestro. Y me da pena por personas que ya no lo van a entender o que ya consideran que es demasiado tarde para cambiar.

@Benedetta No hago te sigo/me sigues. Si te interesa lo que publico, eres bienvenida.