miércoles, 7 de febrero de 2018

Estar



Estar. ESTAR. 

Que las cosas no pasen superficialmente, que el diario no se antoje un eco mientras la cabeza se da al anhelo de algo distinto.

No voy a decir no soñar, no planear, no desear: el sueño, el plan y el deseo son mi esencia misma. Pero sí me atrevo a proponerme que lo hipotético no sustituya nunca lo presente. Que no sea el protagonista, sino un añadido. 

Estar. Ser partícipe de la vida. Sentirlo todo, sufrirlo todo. 

No voy a decir no llevar una segunda, tercera, quinta vida paralela porque esas historias son mi esencia misma. Pero sí me atrevo a proponerme que la ficción no dé sombra a las maravillas que la realidad me pone delante. Que no se cierre a ellas, porque esa realidad es lluvia que nutre la tierra de la escritura.

Estar. Escuchar a mi madre cuando se tira veinte minutos soltándome una charla que no me interesa. No meter la sexta cuando puedo ir en quinta. No adelantarme a los acontecimientos en un alarde de dramatismo innecesario. Observar, escuchar, absorber (quizá lo mejor de viajar sola). Participar, errar, chocar. 

Estar.

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