viernes, 8 de junio de 2018

Voces para la vida: Ryo


Mi sensibilidad auditiva está muy desarrollada. Tantos años amando incondicionalmente la música me han hecho especialmente susceptible de alcanzar orgasmos emocionales ante ciertos sonidos. Es un impacto que también se traduce de forma física, pues el estómago se me contrae a modo de respuesta y mi mandíbula deja de obedecer órdenes.

El sonido del bajo eléctrico, por ejemplo, es una de mis cosas favoritas del mundo. Una canción me resulta infinitamente mejor si la línea de bajo es interesante y dinámica, en vez de usar el instrumento como mero apoyo rítmico; y un tema donde haya un solo de bajo ya tiene muchísimas papeletas para que lo ame. Quizá por esto me acercara, en su día, a la música japonesa como lo hice.

Bastante tiempo atrás, escribí una serie de entradas (1, 2 y 3) hablando de voces que me gustaban. No es que haya cambiado de opinión porque todas ellas siguen contándose entre mis favoritas, pero la vida me ha reafirmado en unas y me ha presentado otras nuevas. Hace ya tiempo que quería compartir algunas de las voces que me ponen la piel de gallina: ya no que me gusten mucho, sino que provoquen en mí efectos evidentes e inmediatos con sólo escucharlas. La mayoría son voces masculinas porque, en general, es más fácil que me atraigan (vuelvo al tema del bajo y las notas y timbres graves); pero hay algunas femeninas que también me arrancan directamente las bragas, de modo que esta serie indefinida de entradas va a ser un batiburrillo de sonidos vocales que me parecen sublimes y pagaría por escuchar todo el tiempo.

He decidido empezar por Ryo, cantante japonés cuya voz es sin duda una de las más reconocibles del rock de su país y cuyos proyectos musicales tienen ese sello propio de delicadeza que siempre me acaba enamorando.

La primera canción que escuché cantada por él ya me dejó sin aliento: se trataba de Sink, uno de los primeros temas del grupo 9GOATS BLACK OUT, allá por 2007. 


Lo que me fascinó de inmediato de la parte vocal del tema, más allá de los giros drásticos y su amplia tesitura, fue la capacidad de la voz de Ryo para acoplarse a ese tono atmosférico de la música de 9GOATS: desde el punto casi susurrado, a algunas partes de más dureza, en una canción sencilla pero desnuda. Me transmitió vulnerabilidad, honestidad, humanidad. En la versión de estudio, nos deja escuchar a momentos su respiración, casi el proceso de articular las notas.




De 9GOATS BLACK OUT me enamoré por todo: las letras profundamente poéticas de sus canciones, esas melodías cargadas de melancolía, lo increíble que era el sonido en directo, la sensibilidad con la que se entrelazaba la guitarra con la voz. Y fue un palo que se separaran tras una trayectoria tan breve porque daba la sensación de que quedaba mucho por ofrecer.

Lo bueno, lo único bueno de decir adiós a un grupo tan único, es que los siguientes grupos de Ryo  (en activo la mayoría) incorporaron parte de la esencia de 9GOATS y me dieron la oportunidad de seguir escuchando una de las voces que me hacen olvidarme de respirar. 

Algunos de estos proyectos: HOLLOWGRAM, KEEL y DALLE. Parecidos en algunas cosas, opuestos en otras aristas de su sonido, todos llenos de emoción y de desnudez. Y es que hay pocos cantantes que consigan transmitirme este grado de intimidad, como si me estuvieran cantando al oído.  

DALLE me fascina porque no deja de ser una banda liderada por Közi, conocidísimo por su etapa en Malice Mizer, y la huella del pedazo de músico que es ese hombre es muy evidente. Es experimental, atrevido, arrollador. Y la voz de Ryo parece hecha para deslizarse entre esa maraña única de sonidos. 


HOLLOWGRAM es mi grupo favorito de los activos en este momento, también porque es el más accesible desde fuera de Japón; pero realmente me recuerda en muchas cosas a 9GOATS y por tanto me emociona.


No he mencionado hasta ahora los falsetes de Ryo, pero son claramente una de sus señas de identidad y una de las claves de la emocionalidad de su voz. Tampoco creo que sea nada sencillo pasar de un gutural a un falsete afinado, o viceversa; y lo hace en directo como si fuera lo más normal del mundo. Otros rasgos que me fascinan del sonido de Ryo: ese lado metálico de su timbre, las partes más sencillas y lentas que canta desde la contención, las formas de su voz más gruesas y que envuelven.

En realidad, es muy difícil expresar con palabras la cantidad de matices que encuentro en ese timbre único y en una forma de cantar que me resulta tan sincera y, aun con artificios, en cueros. 


La primera vez que escuché a 9GOATS BLACK OUT, la voz me dejó sin aliento. Y cada vez que me reencuentro con cualquiera de las canciones de Ryo, me vuelve a suceder lo mismo. Y, al final, yo creo que la vida es maravillosa por estas pequeñas cosas que nos hacen inmensamente felices, como enamorarnos de una voz.

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